miércoles, 8 de mayo de 2013

Refranes y dichos de La Codosera.

 
 
 
 
Paisaje de La Raya
 
 
 



 
 
Refranes y dichos populares en el término municipal de La Codosera:
 
 
 
A Bacoco, van muchos y vienen pocos
- Al cochino gordo, úntale el rabo
- Bicho bravo siempre tira al monte (La Burranchona)
- Cielo empedrao, a los tres días mojao (Los Toriles)
- Cuando veas la sierra con capa, no dejes la tuya en casa (Del Caserío La Breña)
- Del cerezo al castaño, qué bueno va el año, del castaño al cerezo qué malo va eso (La Rabaza)
- Donde no hay fariña, todo son riñas (La Tojera)
- El que a mí no me lo dé y a ti te lo cate, ganas tiene de chocolate (Valles del Abril)
- El que no trabuca no manduca (El Marco)
- En La Codosera, las cosas son de otra manera
- En los años bisiestos, cabe la paja en un cesto, pero si le da por dar, no cabe en el pajar (La Mina)
- En viernes y en martes, ni te cases, ni te apartes, ni eches tu gallinita, ni tu cochinito mates
 
 
 
 
 
 
- Entre más rico, más roñico
- Eres como la fuente Jordana, que cuando llueve mana


 
- Hombre cobarde no goza de mujer bonita
- Lo visto y lo traspuesto, es nuestro
- Luna con troná, treinta días de inverná
- Mi mejor cuero, para mayo lo quiero (Pan de Trigo)
- ¡ Mira que he corrío tierra. He estao en Valdescargá y en un baile en La Tojera ! (La Changarrilla)
- Ni por joven te apresures ni por viejo te asegures (El Brezo)
- Oveja gruñona, no peleona
- Parientes y burros viejos, de lejos
- Perro que roe coyunda (perro atado con una correa y comida abundante, juega con la coyunda)
- Si a tu hija quieres casar, del sol de marzo la debes librar (Valles de Abril)
- Si el Sol sale colorao y la Luna encarná, puede llover mucho, puede llover poco o no puede llover ná (Valles de Abril)
 



- Si quieres ver tu cuerpo, mata un puerco (La Tojera)
- Tripa vacía, corazón sin alegría (La Tojera)
- Una vieja y un candil no se pueden tener en casa, la vieja por lo que gruñe y el candil por lo que gasta (Caserío
   La Tojera)
 
 
(Escrito por Pedro Cordero Alvarado, en su libro "Historia Viva de La Codosera"
 
Con relación al de la fuente Jordana, inserto dos fotografías de la misma, y tengo que deciros que, debido a la sequia de todos estos años atrás, llevaba tiempo sin manar y por fin, por la cantidad de agua caída en los últimos meses, todos aquellos que hemos hecho el camino hasta Chandavila, hemos podido ver y disfrutar del chorro de agua que alguien con buen criterio lo ha desplazado hasta la misma carretera, utilizando tejas seguidas formando un canal,  haciendo bueno el refrán popular que la Jordana, cuando llueve mana.  
 
 

lunes, 6 de mayo de 2013

Los mayos




 
 
 
Como cada año,  el día primero de este mes, acabamos de celebrar en el pueblo la que tradicionalmente es conocida como  la Fiesta de los Mayos, una tradición que, por suerte,  no se ha perdido pero que en los últimos años ha sufrido algunas modificaciones en su carácter orgiástico.



Así hemos pasado de representar escenas donde el fin principal era festejar la llegada de la primavera y la germinación de los campos, utilizando a la mujer en edad de procrear junto a su pareja, a exponer otro tipo de muñecos representando acontecimientos  de nuestra sociedad actual.  

 

 

La festividad de los Mayos, también conocida por Festa dos Maios en los pueblos situados de la Raya para allá, es una fiesta popular. Sus orígenes son tan arcaicos como paganos, y se remontan a antiguas civilizaciones, dándonos una idea de la cantidad de años  que tiene nuestro pueblo. Los fenicios y los griegos fueron los primeros que manifestaron su adoración a los dioses y lo que esto significaba de exaltación para acontecimientos que para ellos tenían importancia. La fiesta mayumea fenicia exaltaba la primavera. Esta tradición fue asimilada por los romanos  en su adoración y culto a multitud de dioses. Todo poblado romano tenía además de sus dioses oficiales los propios autóctonos.


Seguramente esta tradición sufrió variación con la llegada de los árabes a nuestra región y posteriormente el Cristianismo ha asimilado multitud de fiestas paganas que se profesaban con anterioridad a su implantación en fiestas religiosas. En años anteriores, al ser una fiesta pagana, recibió las críticas por parte de la Iglesia católica  en no pocas ocasiones.

 

En los años posteriores a nuestra Guerra Civil, el poder civil fue incapaz de impedir que en los barrios más humildes del pueblo se colocaran junto a los portales de sus viviendas parejas de muñecos de trapos con sus viejas ropas rellenas de paja, representando a parejas de jóvenes enamorados en edad de procrear.

 

Lo cierto es que, con anterioridad, el carácter trascendental de tales rituales, que siempre acusaban algo de orgiástico, por lo que implicaban de celebración la llegada de la primavera, el rejuvenecimiento de los campos, el renacimiento de la vegetación y en la incitación tácita o ambiental a la fertilidad de la mujer, ha propiciado su implantación universal al par que la supervivencia a los largo de los tiempos.

 
 


La pareja de muñecos, a las que se les llama “Mayos”, en cada ocasión, eran elaborados manualmente y, desde primeras horas de la mañana,  expuestos sentados  en los soportales de las viviendas que se sumaban a la fiesta.  Mujeres y hombres representados, ellas y ellos con caras pintadas sobre un trapo blanco. Labios provocativos y miradas atrevidas en las féminas, madurez y sonrisas en los varones incitaban a los visitantes a muchos y variados comentarios. En esta época de nuestra historia,  en la que a las mujeres no les era permitido enseñar sus partes íntimas, a las “mayas” se les veía con el vestido arremangado enseñando todos sus encantos, mientras que el hombre se presentaba como un ser varonil con sus atributos al descubierto en forma de una mazorca de maíz sin descamisar.

jueves, 18 de abril de 2013

ROMERIA DEL REY SANTO


   


              Con la llegada del buen tiempo, en pueblos y aldeas, comienzan las romerías, una sucesión de fiestas que no terminarán hasta finales del verano.

               En La Codosera y sus proximidades son conocidas la de Chandavila, Lavarse, San Isidro y Carrión.  Antiguamente se tenían noticias de las que se celebraban en territorio portugués siendo pocos los vecinos que se atrevían a cruzar la raya.

             Una de estas romerías, o romaría, como le llaman los portugueses, desde tiempos antiguos se celebra próxima a La Codosera, cerca de la freguesía de La Esperanza, a la que llaman del Rei Santo. En esta ocasión, el pasado día 14 de Abril,  tuvo lugar el evento a la cual han asistido cantidad de españoles codoseranos, y romeros venidos de los pueblos próximos portugueses, Arronches, Mosteiros y la misma Esperanza.

               En las fotos que os muestro veréis que la ruta discurre por un paisaje frondoso y bellísimo, dentro del Parque Natural de la Sierra de San Mamede, con las que espero disfruten




Salida de romeros de La Codosera




Inicieando las cuestas de la Sierra




Sorteando baches








Caminando por laderas





Romeros de Arronches llegan por carretera




Bellas estampas de primavera






Hubo quienes prepararon los carros



Los grupos van llegando




Hubo quienes llevaron sus sillas 



Hay que reponer fuerzas

Y no regresar sin haber bailado



Después de visitar al  Rey Santo para que nos protega.

jueves, 11 de abril de 2013

LAS CAMPANAS




           


LAS CAMPANAS
               
El campanario de la iglesia parroquial. 

           
         Recientemente, en un comité oficial reunido en Rabat, la Unesco ha declarado el toque manual de campanas en territorio español como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

        La campana es uno de los instrumentos musicales que perdura en el tiempo. Su uso procede de Oriente y  fueron los primeros cristianos quienes las introdujeron en España.  Su popularidad y tamaño aumentó a medida que se construían nuevas iglesias y monumentales catedrales con grandes torres y bonitos campanarios .

              Dentro del organigrama de templos rurales, el toque de campana fue considerado desde siempre casi un arte. En principio fueron los sacristanes los encargados y cuando éstos desaparecieron, los monaguillos.

              En la España de Posguerra, el peso que tuvo la iglesia católica en la población española fue muy importante y por ello a los actos religiosos se les daba un trato preferencial. Esta deferencia hacia las actividades eclesiásticas, el pueblo llano lo apreciaba por la cantidad de veces al día que las campanas sonaban.



Las campanas de la iglesia. 


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              Cualquier día de la semana, desde siempre, con el toque de campanas se convocaba a los fieles para asistir a  la Santa Misa. A las doce el Ángelus, que solía rezarlo cada cual allá donde estuviere y por la tarde la llamada era para asistir al Santo Rosario. Eran toques fijos pero había otros circunstanciales. por ejemplo,  sonaban cuando el sacerdote abandonaba la iglesia para asistir a un enfermo y no dejaba de hacerlo hasta que regresaba con los Santos Óleos. Éste toque, hoy ya desaparecido, es uno de los sonidos  tristes por cuanto el vecindario intuye que alguien de sus conocidos se encontraba grave de salud y próximo a fallecer.  En este caso los monaguillos que acompañaban al clérigo no paraban de tocar la esquila por las calle mientras que los transeúntes, al paso de  los Santos Sacramentos, adoptaban la posición de rodilla en tierra, descubriéndose los hombres y santiguándose las mujeres. 

              En caso de algún fallecimiento, se le comunicaba a la parroquia y ésta a los vecinos a través del toque, doblando las campanas.






           Ermita de la Vgen de la Luz. (Cementerio), con su campanario.

           Aparte de la Misa diaria obligatoria para cualquier sacerdote, domingos y festivos celebraban algunas más, a la que, por su espectacularidad, a una, se le llamó Misa Mayor. La forma de anunciar a los fieles que era festivo y por tanto obligación de asistir al culto, se realizaba con un sonoro repique de campanas.

              Asistir a Misa de Doce en los pueblos rurales era, en la España llamada del nacional catolicismo, además de un precepto, un acto social muy importante a la que asistían sin excepción, las autoridades locales, los maestros, los niños a partir de haber hecho la primera comunión, algunas señoras casadas, la mayoría de jóvenes y casaderas y un nutrido número de hombres y jóvenes. Autónomos, obreros y jornaleros de cualquier actividad solían trabajar todos los días de la semana, incluidos domingos y festivos por lo que difícilmente podían cumplir con este precepto religioso.  Durante la liturgia, las mujeres ocupaban los bancos delanteros y un par de ellos, en la parte de atrás, reservados para los hombres. Con tan poco espacio, estos últimos, la mayoría, se quedaban de pie. 

Ermita de San Miguel, con su campanilla.
 


                Además de los bancos normales, se podían ver los llamados reclinatorios propiedad de señoras del pueblo que, costeados con su dinero, los habían encargado al carpintero. Para no entorpecieran el paso, se colocaron en lugares donde no dificultar el paso. Fueron lo que se llamó un mueble de rezo,  un asiento pequeño y bajo, construido de madera ornamental, equipado con un pasamanos para apoyarse y, además con una pieza acolchada sobre la que se arrodillaban. Solían ser diferentes los unos de los otros para ser identificados fácilmente por sus dueñas. La propiedad se respetaba y nadie que no fuere el suyo, lo utilizaba.

              Según corrían los días del calendario, como una excepción, en Semana Santa, las campanas quedaban mudas por el sentimiento de  la muerte de Cristo, donde,  hasta los cencerros que portaban reses, cabras y ovejas, sus dueños se los despojaban. La matraca fue su sustituto. Los monaguillos delante y la chiquillería detrás, recorrían calles y plazas gritando a coro, --¡El primer toque para la procesión!,  entre el tronar de los hierros retumbando sobre las tablas.

            Y así fue como antaño comenzaron a construirse estos instrumentos musicales, hechos con tablas de maderas con bisagras y herrajes superpuestos, para armar la mayor de la bulla posible.  Dicen que fueron los árabes quienes las introdujeron en España, pero las que hemos visto en otros lugares no se parecen en nada a las que en el pueblo se usaron. La matraca foránea es una especie de carraca con un martillo que va golpeando la tabla cada vez que da vueltas. Las de aquí eran más sencillas, construida con materiales asequibles, una tabla lisa con una abertura como asa, y en el centro piezas de hiero basculantes que, dependiendo de la pericia del niño, sonaban con más o menos intensidad. En cada casa, como mínimo, había una para cada hijo pequeño que se guardaban en el desván y se heredaban de los mayores mayores a los pequeños cuando estos tomaban el relevo.


La torre del reloj y su campanario. 


          Cada campana expresa un mensaje, buenos a veces y en raras ocasiones malas noticias, poniendo en pie al vecindario, tal como ocurrió en La Codosera a finales de los años cincuenta, cuando a media mañana con su repiqueteo sobresaltaban a los vecinos que algo trágico estaba ocurriendo. Efectivamente en pocos minutos todo el vecindario se enteró que la fábrica de harinas, situada a un kilómetro del casco urbano, ardía por sus cuatro costados.

             
              --!! La fábrica está ardiendo!!. , y todo el que pudo salió de casa dispuesto a ayudar. La carretera era un tropel  de personas portando cubos y recipientes dispuestos a terminar con aquella fogarata enorme que devoraban las paredes del complejo industrial. Gracias al canal de agua cercano, la guardia civil pudo organizar una cadena humana, la cual, en ná de tiempo apagaron el fuego La techumbre se quemó junto a todo cuanto en el interior había. La maquinaria había desaparecido y la tragedia se había consumado. 

             Pasaron años y, con el tiempo se inventaron los relojes y los vecinos dejaron de mirar en el horizonte las posiciones del Sol por las cuales se regían sus jornadas de trabajo. La célebre frase de “trabajar de sol a sol”, aún se suele escuchar a pesar del tiempo transcurrido pero, con la precisión que el mundo actual vive, el reloj es un elemento indispensable. 

        Al principio los relojes eran muy caros, casi un lujo tenerlos, así que, en los pueblos, para regular los turnos laborales, los alcaldes no dudaron en ordenar instalar un reloj en las fachadas de cada ayuntamiento. Un gran reloj circular y una torre con su campana que se escuchase en todos y cada uno de los rincones de la población. Y así fue como la campana del reloj alcanzó gran popularidad marcando las horas, los cuartos y las medias, quitándole protagonismo a la campana de la iglesia.

           Con la incorporación de los relojes municipales, el cambio en las vidas de los vecinos fue importante. La comunicación entre el vecindario aumentó, pues había que estar atento cada vez que sonaban las horas, para contarlas, de ahí que muchos refranes populares tengan algo que ver con ellas, como por ejemplo: “echar las campanas al vuelo”,  refiriéndose a dar publicidad de una cosa y que todo el mundo se entere, o “dio la campanada”, en alusión a alguien que hizo una cosa poco corriente y se enteró todo el mundo. También se suele comentar:   “Has oído campanas y no sabes donde”, cuando el que habla no tiene la información completa del tema del que se está tratando. También uno de los juegos de niños que se practicaba y con el que más se divertían era dar la “vuelta de campana”,  aunque en el pueblo también se decía, pegar la gambellota.  Su nombre, como bien indica, es todo un homenaje a aquellas viejas  campanas que giran al aire como un juego entretenido, pero prestando un servicio a los vecinos.

    Tocar las campanas es un arte y así lo ha expresado la Unexco. En La Codosera, antes de mecanizarlas electrónicamente, siempre hubo buenos campaneros. Es un legado que nos han dejado nuestros ancestros y sería bueno fomentar su cultura de una forma más activa.