martes, 10 de marzo de 2020

MELCHOR, UN CODOSERANO CENTENARIO.


                                  


                                 MELCHOR PARRÒN, “Melchor


Al haber sido bautizado con un nombre poco común en el pueblo, Melchor, nuestro personaje de hoy, es un hombre muy querido y conocido por sus vecinos y paisanos.



                                                         Melchor. 

Acaba de cumplir los cien años y eso si es un logro al que no llegamos muchos de los humanos. Cien años son muchos años y por eso la vida de Melchor es apasionante, al haber sido testigo de un largo periodo de tiempo de nuestra historia reciente. A su nacimiento un 6 de enero de 1920, sus padres le pusieron el nombre más apropiado para tal efeméride, por haber nacido en uno de los días más felices para los niños, la noche de la festividad de los REYES MAGOS.  Debe de ser por ello que la estrella de Navidad que guiaba a los Magos, en su vida, también ha brillado durante tantos años.


En el mundo, los años veinte fueron locos de verdad. Recién terminada la I Guerra Mundial, la gente buscaba diversión para olvidar las calamidades de tal catástrofe humana, aunque en nuestro país las cosas no estaban para fiestas y por ello el pueblo no lo pasaba nada de bien. El final del siglo XIX fue nefasto para España, al haber perdido el resto de sus colonias en ultramar, Puerto Rico, Cuba y Filipinas, que se independizaron para siempre, después de una larga guerra que marco a la juventud de la época.

                                  Melchor y sus cuatro hermanos varones. 

Pues, en esos años nada halagüeños, nació nuestro amigo Melchor.

Sus padres tuvieron tantos hijos que sumaron doce, Ovidio, Joselín, Nicanor, Florencio, Laura, Felisa, Encarna, Pepa, Julia, Ramona, Marisol y Melchor. Todos se criaron bien a pesar de las limitaciones con que contaban. La mayoría se quedaron a vivir en el pueblo, otros emigraron a la capital y una de las hermanas cruzó el charco y Argentina fue su destino, donde contaban con familiares.


Melchor fue uno de los que se quedó a vivir en el pueblo para trabajar en lo que fuera. Principalmente en el campo de hortelano y después ir a vender la verdura con un burro a los mercados de San Vicente y Valencia de Alcántara.  La huerta en el paraje de Valdelorenzo, muy cerca del río Gévora,  era propiedad de su padre, Ovidio, donde además de las verduras, cultivaban todo tipo de criaderos de plantas, una especialidad con la tuvo bastante éxito, siendo sus clientes no solo de la población, si no de los pueblos limítrofes. 


Ruta de contrabandistas. 

Terminada la Guerra Civil española, en el año 39, Melchor tenía 19 años. Ya había crecido y, como muchos de los hombres de su edad, comenzó a pasar la frontera portuguesa, unas veces solo y otras en compañía de amigos o conocidos del pueblo. Su objetivo era comprar alimentos en Portugal y venderlos en España, donde en aquel periodo de pos guerra, no había casi nada para comer. Los campos durante los tres años de contienda no se sembraron y volver a ponerlos en condiciones de producir era ardua tarea.

Así que, la despensa era Portugal, pero había que pasarlo de contrabando, al no existir firmado un tratado comercial entre los dos países, pues, ni para acá ni para allá. Nada. Estaba totalmente prohibido y al que cogían pasando la frontera con artículos de lo que fuese, a la cárcel derecho.  Para evitarlo, el pueblo se llenó de carabineros y guardias civiles que fueron los encargados de impermeabilizar la frontera en la parte española y los guardiñas en la portuguesa. Pero como nos comentaba nuestro amigo Melchor, había que comer y los estómagos estaban medio lleno por lo que muchos fueron los hombres que, arriesgándose, se lanzaron al monte y se dedicaron a pasar alimentos y lo que fuese menester. El caso era ganar dinero y poder cenar en familia. El café fue uno de los más rentables, ya que Portugal, que aún mantenía sus colonias africanas, era un gran productor.


                                                  El río Gevora crecido.


Para Melchor, al vivir a las afueras del pueblo, a un kilómetro y medio aproximadamente, este oficio de contrabandista tenía sus ventajas. Salir de casa, atrochar por los montes y coger la senda río arriba hasta llegar a los torrefactos portugueses, era fácil. El regreso a España, con la mochila a cuestas, solían hacerlo en cuadrilla todos juntos. Lo peor que nos cuenta, era al tener que cruzar un par de ríos, uno portugués y otro español que, al no conocer su profundidad para poder vadearlos, tenían que aprovechar la noche para no ser visto por las autoridades, y averiguar el lugar adecuado donde no cubriese, por lo menos que le llegase hasta la cintura para que los paquetes de café no se mojaran. Lo hacían en fila india, unos detrás de otros y, el más bajito del grupo, iba el primero. Cuando a éste, le llegaba el agua al cuello, rectificaban y elegían otro lugar. Era un trabajo duro, pues con una carga a las espaldas de unos veintitantos kilos, habrían de recorrer unos cuarenta kilómetros de distancia hasta llegar al destino, ya en la provincia de Cáceres.

De su infancia aún recuerda el nombre de su maestro, don Telesforo, que llegó a ser alcalde del pueblo. En la escuela aprendió las primeras letras, que fueron pocas, toda vez que él, como la mayoría de los chavales de su época, desde bien pequeños, los padres los ponían a trabajar en cualquier cosa de provecho. Toda ayuda era buena para llenar el plato de comida cada día, como solía decirse.

Aunque nacido en La Codosera, su familia procedía del caserío en las Huertas de Valencia de Alcántara y todavía recuerda las historias de su abuelo paterno, el abuelo Parrón, un gran patriarca, empresario y amante de viajar por el mundo. En uno de estos viajes, cuando su padre era un mozalbete, conoció en Lisboa a un personaje francés con el que hizo buena amistad. Antes de regresar a Extremadura le preguntó por cuál era su profesión y éste le contestó que era pintor y además maestro de música. Entonces le dijo que, si quería, lo invitaba para que se viniese a España, a su casa, donde le daría posada y comida, con la condición que enseñase música a sus dos hijas. Al llegar a Las Huertas montó una academia donde iban algunos de los chavales locales y, en sus ratos libres, además de enseñar música, fueron muchos los lienzos que pintó con escenas costumbristas locales. La mayoría de los cuadros, con el tiempo, viajaron hasta Buenos Aires, aunque aún quedan algunos en el pueblo, propiedad de sus familiares.


                 A demás de lienzos, era un experto en pintar murales. Este que os muestro aún se conserva en las paredes de la vieja casa, cuando ésta era una taberna, también propiedad del abuelo. Representa una tradición de los mozos en las fiestas o festejos.  El reto consistía en que, si los jóvenes conseguían entrar en el bar  y llegar hasta el mostrador con una moza, normalmente entre dos, a la que previamente habían  sentado en una silla, el tabernero los invitaba a una copa. El mural es de grandes dimensiones y ocupa toda una pared. 













                                                           Mural.     

               

       

                   "Escena de caza". Óleo sobre lienzo. 


 La otra pintura que os muestro, es un lienzo y representa, como veis, una escena de caza. En el centro, aparece el abuelo Parrón  cazando en el monte con su perrita y, a la derecha, la pareja de guardias dándole el alto, toda vez que era temporada de veda y, por tanto, estaba prohibida la caza. A la izquierda, una de sus hijas con el brazo en alto avisándole que los guardias estaban por allí. 

             La mañana que estuvimos en casa de Melchor llovía, una lluvia muy de agradecer por la falta de agua que le hace al campo. A nosotros se nos pasó el tiempo volando. Melchor nos habló de lo orgulloso que se siente de sus nietos, ya con las carreras universitarias terminada y con la suerte de poder estar trabajando. Lo encontramos muy bien de salud y esperamos poder felicitarlo el año próximo y muchos años más, así que, para él y toda su familia, muchas felicidades y nos vemos.





                                                                         La Codosera



Ya estamos en el 2021 y acabamos de celebrar la Festividad de los Reyes Magos, un año más. Un año mas que acaba de cumplir nuestro amigo Melchor. Con tal motivo, Extremeños Centenarios acaba de publicar la reseña que a continuación podreis leer.

""Hoy me gustaría felicitar a este gran señor, nacido en el día más querido del año, un día mágico... se trata, de Don Melchor Parrón Carrión nacido en La Codosera provincia de Badajoz el día 6 de enero de 1920 actualmente se encuentra viviendo en su casa de La Codosera provincia de Badajoz dónde ha cumplido ¡¡¡¡¡101 años!!!! Se encuentra estupendo con una gran salud y fortaleza que le caracteriza. Nos brinda el año con una copa, y con esa mirada pícara que le representa como buen extremeño... tiene un gran sentido del humor está siempre riendo y dando cariño a todos los que le rodean... le tocó vivir uno de los años más duros de España eran doce hermanos y no había nada para comer y mucho menos trabajo... debido a la cercanía con Portugal tuvieron que lanzarse a lo que se lanzaban todos los extremeños... al contrabando... en aquella época uno de los productos más cotizados era el Café... Melchor aún recuerda esas noches frías... tenía que quitarse la ropa para poder cruzar el río que separaba las dos regiones... siempre despistando a los cuerpos de seguridad... desde luego algo que nunca olvidará. Esto es algo que no se debería olvidar, pues ellos saben que es tener que arriesgar su vida por un poco de pan para comer.... con esto digo una cosa... ninguna comida está mala, ninguna comida se rechaza y por supuesto todos debemos comer... si tú no quieres habrá gente que sí... todos merecemos un pan y un plato de comida diarios... para no volver a esos horribles años 40' y 50.. qye es mejor olvidar.
¡FELICIDADES Melchor Parrón Carrión a por los 102 años!!



lunes, 2 de marzo de 2020

LA CODOSERA Y SUS TRADICIONES.


LA CODOSERA Y SUS TRADICIONES.




                               Bueno, vamos a ver por donde comienzo. El otro día comentaba en Facebook, que el tema del Aleluya en La Codosera se parece a las procesiones de la Semana Santa, que cada año por estas fechas se repite y recorremos el mismo camino. En el comentario publicado hace unos dias, aprovechando que nos encontramos en tiempos de Cuaresma, indico que es un buen momento, como hizo Jesucristo, para meditar y pedir al Padre la paz y el perdón, y por ello así lo manifiesto. Pero como en esta historia, sabida por la mayoria de los vecinos, sobre la suspensión de la Vigilia Pascual la noche del Sábado Santo, existen varios protagonistas, y así lo menciono y, en lo referente a Francisco Barroso Silva, natural de La Codosera, (le nombre tal cual, como él firma el escrito que más abajo les incluyo), y  no escribo ni más ni menos que las acusaciones que él mismo publica ante la opinión pública de los codoseranos, para que todos se enteren y las cosas, según él, queden bien claras. Supongo que mi modesto trabajo lo habrán leído ya la mayoría de vosotros, a los cuales se lo agradezco mucho pero, parece ser que algunos de los miembros de su familia, no les ha gustado.  Cuando se escribe suele pasar. Podían pedir disculpas, digo yo, si entienden que el proceder en aquella publicación insultando a una parte del vecindario, no era la correcta. En fin. El caso es que, al final la fiesta del Aleluya ha quedado coja y hay vecinos que entienden que es como un castigo que reciben injustamente ya que, como leerán en el citado escrito, se les acusa de robar, cuando ni se han presentado denuncias en todos estos años, ni tampoco hay sentencias judiciales que lo atestigüen. Así que, no se puede ser denunciante ni juez sentenciador a la vez.


               
                  Campanillero. 

                     Y digo que la fiesta de “Correr el Aleluya”, es una tradición que viene desde nuestros ancestros, cuando los cabreros bajaban del monte cargados con los cencerros que, previamente le habían quitado al ganado y, con ellos celebraban la noche del Sábado Santo, la Resurrección de Cristo. Esta tradición en Extremadura no se conoce otra igual pero, en algunos de los pueblos del Alentejo portugués, próximos a La Codosera, con más o menos diferencia, como en Castelo de Vide, se sigue celebrando. Con el paso de los años, a los cabreros se unió la juventud y chiquillería del pueblo y, todos juntos recorrían, en la madrugada del Domingo de Resurrección, cada rincón de la población a la que, en las últimas décadas se han sumado las chicas y mayores de toda clase y condición social donde, además de recorrer las calles, entran en las casas que mantenían y aun lo hacen,  sus puertas abiertas, tambien en bares y cualquier local que permanezca abierto de cara al público. Yo recuerdo que, en la panadería de mi familia, con un pasillo muy largo y la panificadora en el centro, los panaderos les esperaban con los sacos de harina vacíos, pero que blanqueaban todavía, y al paso del tropel, se los sacudían, con lo cual algunos salían con la cara blanca. Pero nadie se enfadaba. Esta tradición hacia que, la casa de todos, la Iglesia, motor de la fiesta, ya que hasta que el celebrante no cantaba el “grito aleluyático”, las campanas de la torre que, durante toda la Semana Santa habían permanecido insonoras, comenzaban a repicar, contagiando el momentos de júbilo, de alegría y de euforia por la Resurrección de Cristo. Pues bien, la muchedumbre de aleluyeros, que esperaban el momento culminante a las puertas de la iglesia, ocupando la explanada de la plaza, se unían al teñir y repique de campanas, siendo invitados por el oficiante de turno para que, una representación minoritaria, ya que todos no cabían dentro del templo, se uniesen a los fieles que asistían en el interior, repicaran los campanillos. Este momento solía ser breve, regresando todos a la calle donde comenzaba la fiesta y no pasaba nada. Durante estos últimos años, las cadenas de TV se hacían eco de esta tradición y la población salía en todos los telediarios hasta que llegó el tal don Antonio y todo cambió. Y ahí estamos.


Los aleluyeros, como cada año, esperando que las campanas repiquen, que las puertas de la iglesia se abran y que la normalidad y la cordura se normalicen. 


                      


                       Castillo "Juana la Beltraneja".

sábado, 29 de junio de 2019

"Yo estuve allí, el dia de las apariciones de la Virgen en Chandavila".




Devotos de la Virgen en Chandavila. 

APARICIÓN MARIANA en chandavila . LA CODOSERA

    En el paraje denominado Chandavila, dentro del término municipal de La Codosera, en el año  1945 se produjeron unas apariciones milagrosas que acapararon la atención de los vecinos de la época y el interés de los medios de comunicación. Los testigos de estas apariciones marianas fueron dos niñas, Marcelina y Afra.

    Sucedió a las tres de la tarde del 27 de mayo de 1945, cuando la niña Marcelina Barroso, de diez años de edad, se dirigía al caserío de El Marco en compañía de su prima, Agustina González, para cumplimentar un encargo solicitado por su madre. No habían recorrido algo más de dos kilómetros, cuando, al pasar por la zona conocida como Chandavila, Marcelina reparó en un extraño y oscuro bulto que se divisaba a unos sesenta metros a la derecha, sobre un castaño. No haciéndole demasiado caso pensó que a la vuelta repararía si aquel extraño objeto continuaba allí. Al regresar, la pequeña Marcelina muerta de curiosidad volvió la mirada sobre el mismo castaño y cual fue su asombro al distinguir claramente la imagen de la Virgen María, vestida con manto negro y envuelta en rayos luminosos, elevada hacia la mitad del tronco aproximadamente. posicionada de perfil y mirando hacia el pueblo con las manos juntas. Su rostro bellísimo reflejaba una divina tristeza. Desaparecida la visión, que duró apenas unos segundos, la pequeña echó a correr sin parar hasta llegar a las primeras casas del pueblo, junto a su prima Agustina, la cual no había visto nada de nada. Al llegar a casa, pensó guardar silencio, pero no pudiendo tenérselo callado se lo contó a su madre y el hecho se extendió como la pólvora por todo el vecindario.

    A la pequeña Marcelina, lejos de olvidársele aquel extraordinario acontecimiento, ocho días después, el dia 4 de junio por la mañana, sin poder contener las ganas de regresar al mismo paraje, y esta vez,   acompañada por varias vecinas,  volvió a aparecérsele la Virgen, con la que  pudo entablar una conversación. La Virgen le pidió  que volviese otra vez por la tarde que le iba a solicitar a que hiciese un sacrificio en presencia de los vecinos. Habiéndose corrido la voz de estos hechos, tras esta segunda aparición, más de un millar de personas procedentes de La Codosera y sus alrededores, se congregaron en Chandavila. Y lo que  ocurrió fue que, estando esperando Marcelina, situada a unos cuantos metros del castaño, de pronto la Virgen se manifestó con un resplandor  en el cielo, descendiendo muy despacio hasta quedarse fija delante del árbol, como lo hiciera la primera vez.

    La Virgen le habló e invitó a Marcelina a que caminase de rodillas hasta llegar donde estaba Ella, pero la niña, al ver el mal estado del terreno pedregoso lleno de erizos secos de los castaños y demás malezas, puso reparos, por lo que la Virgen le dijo que no temiera y le aseguró que por el camino, a la vez que avanzara, le iría colocando una alfombra de juncos y de hierbitas. Entre la multitud desplazada al lugar, la expectación ante los hechos que estaban acaeciendo, era enorme. Su madre, presente entre el público, al verla avanzar de rodillas por el terreno abrupto, repleto de maleza entre los pedruscos, se desmayó, a la vez que la pequeña se acercaba al castaño, donde permaneció unos diez minutos arrodillada en éxtasis. Posteriormente, al volver en si,  contó que durante este espacio de tiempo, pudo ver como se entreabrió el castaño y apareció detrás de él, adornada de lámparas preciosas, una hermosa iglesia, y que en el altar se hallaba la Virgen, la cual  le indicó que mojase sus dedos en la pila del agua bendita y se santiguase. Tras esto, la Señora bajó del retablo y le preguntó si quería irse con ella. Al contestarle: "Sí, Señora, ahora mismo". La Santísima Virgen la sonrió, la abrazó y la besó en la frente, sintiendo la niña sobre su cara el roce del manto de la Madre de Dios. Además, le expresó su deseo de que en el mismo lugar se levantase en su honor una capilla. Al volver del éxtasis, Marcelina, no tenían señales ni rasguños alguno en sus rodillas a pesar de haber caminado sesenta metros por un terreno lleno de espinos. De entre los presentes, esta visión nadie la pudo ver. Marcelina, posteriormente tuvo más encuentros con la Virgen. En  ocasiones acompañada de su maestra, doña Josefa Martín Cotano y en otras de su amiga Afra.

    Paralelamente a estos hechos narrados, se produjeron las visiones de Afra Brígido Blanco. Afra era una joven muy alegre de diecisiete años que, a las tres de la tarde del día 30 de Mayo de 1945 (festividad del Corpus Cristi) se acercó con sus amigas al paraje de Chandavila. Era la misma hora durante la cual Marcelina vio la aparición. Nada más llegar al lugar le pareció ver, entre unas nubes, algo que parecía una capilla y una silueta con la forma de una cruz. No dándole demasiada importancia, volvió al día siguiente y a esa misma hora sentándose frente al castaño de las apariciones, desde donde vió salir de entre las nubes un objeto oscuro, que al irse acercando, dejó perfilada la imagen de la Virgen Dolorosa, con el rostro vuelto hacia la derecha. A causa de la fuerte impresión, Afra, se desmayó y al volver en sí, muy asustada corrió hasta su casa. A los pocos días de sucederse este hecho falleció su abuela paterna, Afra se vistió de luto y durante unos días apenas salio a la calle. Pero la insistencia de sus amigas la convencieron para volver a Chandavila Era el día 17 de Junio y,  sentada junto a uno de los castaños volvió a ver la aparición de forma idéntica a la vez anterior. Esta vez entró en éxtasis y comenzó a deslizarse de rodillas en dirección a la Virgen por el regato pedregoso. La Virgen le pidió que se levantase y que se dirigiese  hacia Ella. Al llegar se arrodilló y entablaron una conversación. Ésta le dijo que siempre estaría a su lado, le comunicó un secreto, le predijo grandes sufrimientos y al final le envió un beso para Marcelina ( presente y junto a ella), y le pidió que se persignase. En otras apariciones posteriores, la Virgen le pidió el rezo del Santo Rosario y la construcción de una ermita en aquel lugar, así como que cantando participase en la misa solemne del día 4 de Septiembre, fecha en la cual estaba anunciada la celebración de la primera Misa en el  pequeño altar construido bajo las ramas del castaño de la primera aparición.

    En las fechas posteriores al domingo 21 de Julio, hasta el día 24, vísperas de la festividad de Santiago Apóstol, Afra con sus amigas, entre las que se encontraba la niña Marcelina, visitaron en peregrinación para permanecer unos días en convivencia, la ermita de Nuestra señora de la Encarnación en el pueblo de Villar del Rey. En este tiempo fueron varias veces las que visitaron la ermita, por la mañana y también por tarde y, en una de sus visitas, concretamente  la que se produjo el lunes día 22, realizando el Vía Crucis, entró en éxtasis en la XI estación, delante de un cuadro de la Santísima Trinidad, colocado al lado de la Epístola, casi en el centro de la ermita, donde vio el calvario de Nuestro Señor Jesucristo y su crucifixión, sintiendo un dolor muy agudo en las palmas de las manos. A raíz de este hecho le salieron unas llagas en las manos, con incisión en el centro, después otras llagas en el costado, que chorreaban sangre, produciéndole un dolor insoportable, y finalmente llagas en los pies. Las llagas de manos y pies con el tiempo fueron haciéndose más grandes. La sangre le brotaba principalmente los viernes. Como consecuencia de estas heridas, Afra fue sometida a exámenes médicos y a diversas curas por parte del personal sanitario sin conseguir que las heridas cicatrizasen. Las personas que han estado a su lado, manifiestan que las llagas desprendían un olor perfumado y agradable.


Interior del Santuario. 

    A pesar de y,  tal como hemos leído, las apariciones en Chandavila comenzaron a "oficializarse" en 1945, ya setenta y cinco años antes se había producido una posible aparición. En aquella época, concretamente en junio de 1870, una niña aseguró ver a la Virgen en "Valleseco", cerca de Chandavila. Con tal motivo, los vecinos del pueblo acudieron al lugar, muy cerca de donde ahora se levanta el Santuario de Chandavila y el párroco de entonces, don Agustín Rubio Mero, ofició una misa de campaña en el lugar de la presunta aparición.

    Trascurridos estos acontecimientos, la niña Marcelina, con 10 años de edad,  estuvo interna durante varios años en el colegio de las religiosas carmelitas, Ntra. Sra. del Carmen,  de Villafranca de Los Barros para posteriormente ingresar como monja en la Congregación de Hermanitas de la Cruz, el día 2 de Agosto de 1.975, en Sevilla, dedicándose al cuidado de enfermos, huérfanos, pobres y ancianos, tomando como nombre Sor María de la Misericordia de la Cruz. Por otro lado, Afra vivió y trabajó en un hospital, en Madrid, dedicándose a obras de caridad, hasta su muerte el 23 de Agosto del 2008, a la edad de 80 años, tras una larga y penosa enfermedad.

    La Iglesia católica permitió la construcción del Santuario, obras que comenzaron el 27 de Mayo de 1.947. El complejo religioso está compuesto por una pequeña capilla que cubre y encierra el castaño donde se manifestó la Virgen, otra capilla, llamada de la Reconciliación, ya que la Virgen, entre otras cosas, también pidió Paz y Perdón  y un Santuario de carácter sagrado, de  mayores proporciones, presidida por una imagen de  Nuestra Señora de los Dolores.

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    El santuario de Chandavila durante estos años no ha dejado de recibir devotos de la Virgen. Son muchísimos los testimonios que existen en las redes. De su blog hemos elegido el que a continuación os inserto, uno mas de tantos que han hecho que el nombre de Chandavila haya traspasado frontera y hoy día sea el Santuario mariano extremeño, después del de Guadalupe, que recibe mayor número de personas que llegan para rezarle a la Virgen . 

CHANDAVILA, YO ESTUVE ALLI AQUEL DIA. 


                           Joaquina. 


Decía Juan Pablo II que la fe, además de conocerla, hay que vivirla. Esto es precisamente lo que hizo la protagonista de nuestra historia, ¡vivirla!


    Las apariciones marianas han acontecido a lo largo y a lo ancho de la historia, llegando algunas a alcanzar renombre mundial, como son los casos de Fátima en Portugal o Lourdes en Francia.

    Estas poblaciones se han convertido en destino de peregrinación de miles de fieles procedentes de todos los rincones del mundo. Unos buscan esperanza, otros iluminación y muchos su salud o la de sus seres más queridos.

    Chandavila es un paraje del oeste de la provincia de Badajoz, perteneciente a La Codosera, muy cerquita de Portugal, localidad que años atrás llegó a formar parte de su reino, hasta que en el año 1297 y por medio del Tratado de Alcañices entre la Corona de Castilla y el reino de Portugal, que establecían sus fronteras, pasó a formar parte de Castilla. 


    En este lugar, uno de los rincones más bellos de Extremadura, en el año 1945 dos niñas, Marcelina Barroso Expósito y Afra Brígido Blanco afirmaron haber presenciado en varias ocasiones la milagrosa aparición de la Bienaventurada Virgen María bajo la advocación de Virgen Dolorosa, según los dones y atributos que presentaba esta visión. No sé cuál fue el motivo que movió a la protagonista de este relato a peregrinar en los difíciles años de la posguerra española, tiempos de hambre y miseria, hasta Chandavila y ser testigo presencial de los hechos, aunque espero que a lo largo de estas líneas y guiados de su propia mano, logremos revelar los verdaderos motivos de este viaje. La protagonista de esta historia, vivió en Don Benito, pero nació por circunstancias de la guerra, en la capital de la provincia, Badajoz, aunque sus orígenes están en Alburquerque. 




    En aquel tiempo, el de las apariciones, vivía en Valencia de Alcántara, provincia de Cáceres, con una tía, hermana de su padre, llamada Dionisia.

    En el año 1942, Joaquina seguía viviendo en una casita de la calle Polvillo en Don Benito, donde un día recibieron la visita de su tía, una mujer viuda, férreamente enlutada como tantas mujeres de aquella época, que había quedado devastada por una gran pérdida y sumida en una profunda melancolía, lo que hoy llamamos depresión. 

Valencia de Alcantara. 

    Dionisia vivía sola en Valencia de Alcántara (Cáceres) pues no tuvo descendencia. Propuso a su hermano, que por qué Joaquina no se iba a vivir con ella, prometiéndole que la cuidaría como a una hija y que no le faltaría de nada y así llenaría el vacío que le dejó la vida. La familia se lo comentó a Joaquina que, sin pensárselo dos veces y compadecida por la pobre de su tía, accedió de buen grado, pese a la gran pena que le suponía tener que abandonar a sus padres y hermanos. Marcharon las dos en un viejo tren de madera rumbo hacia una nueva vida, pero su sacrificio valdría la pena pues el destino del resto de su vida quedó escrito a raíz de este viaje. Dionisia le dio a su sobrina un pañuelo para que secara sus lágrimas mientras se alejaban por la ventanilla su hogar y su familia, que la despedía desde el andén.

    Llegaron a Valencia de Alcántara donde Joaquina se quedó asombrada cuando vio ese pueblo tan blanco, las casas blancas con los balcones y las ventanas llenas de flores. Era el 3 de Mayo la fiesta de “La Cruz”, por lo que las calles estaban engalanadas. Había mantones de Manila…colchas… y una gran cruz adornada con flores en una plazuela. Entre las vecinas hacían competiciones para ver cuál era la más bonita. En el medio de la plaza también había una mesita de madera con un cesto de mimbre, donde los vecinos echaban dinero con el que pagar a un músico que tocaba el acordeón para que sus hijas bailaran. Dionisia echó una peseta, que en aquellos tiempos era mucho dinero, para que Joaquina bailara y conociera amigas. Joaquina no había visto nunca nada igual, tenía 14 años, no había ido nunca al “baile” por su corta edad y aquello la fascinó. 

                                                      Joaquina en el puesto de melones. 

    Hizo un montón de amigas y todos los domingos acudían a un local al que llamaban “Chimenea” desde las 4 de la tarde hasta las 8, donde bailaban, reían y olvidaban, sobre todo olvidaban la terrible época pasada, eso sí, siempre bajo la atenta mirada de los mayores, en su caso era su tía quien la acompañaba. Había un señor mayor que, si las parejas se arrimaban más de lo convenido, les tocaba el hombro con una varita para llamarles al orden. El local era todo de madera, lleno de espejos y en el centro había un organillo de manivela, que era el que amenizaba el baile.

    Joaquina ya no se acordaba de su Don Benito, que era un pueblo más triste, recuerda de esa época el polverío que se formaba por las tardes cuando regresaban los agricultores y ganaderos al final de su jornada de trabajo y a un señor mayor, sordo para más señas, que se comunicaba con una trompeta. Este señor llevaba un rebaño de cabras, ovejas, cerdos… era una especie de guardería animal. Cada mañana los llevaba al campo a pastorear y, a la tarde cuando regresaba tocaba la trompeta y cada animalito, sin que nadie se lo indicara, salía corriendo hasta entrando en su casa sin equivocarse.

    Este pueblo era completamente distinto al suyo. Entre las tareas que realizaban los hombres, le llamaba la atención cuando  sacaban los estiércoles de las cuadras o el trasiego que armaban cuando entraban la paja. Como dice ella, fue un cambio como de la noche al día, eso sí de su familia no se olvidaba, los tenia presentes todos los días en sus oraciones y siempre que podía les mandaba alguna que otra pesetilla que conseguía ahorrar. Iba pasando el tiempo y Joaquina era feliz en su Valencia.Vivían de un puesto de verduras y de un poco de contrabando ya que era ciudad fronteriza con el vecino Portugal. Pese a todo,  muchas veces discutían debido al fuerte carácter de su tía, pero siempre acababan haciendo las paces, hasta el día en que la relación llegó a ser insostenible. 

  Chandavila en la actualidad durante la celebración de una Misa, en la esplanada del Santuario

    Más o menos, esta es su Historia- 

    En el año 45, hasta su oídos llegó la noticia de que la Santísima Virgen se había aparecido muy cerca de allí, concretamente a unos 30 kilómetros de distancia en un paraje conocido como Chandavila, perteneciente al municipio de La Codosera.

Joaquina le dijo a su tía: 

---- Yo de buena gana iría a La Codosera, a ver las apariciones, que va todo el mundo----.

    Pero en aquella época no había autobuses ,ni taxis, solamente el viejo coche de la estación para llevar y traer viajeros, pero con ese coche no se podía contar. La gente iba en burros, en carros o como podía. ---Si quieres, nos podemos ir andando con las contrabandistas, que conocen bien todos los caminos---, le dijo su tía. Y se fueron con ellas, una se llamaba Rosenda y otra Eusebia, ambas hermanas, Cándida, una amiga de Joaquina y Dionisia formaban el grupo de peregrinas. Para llegar de día, tuvieron que salir de Valencia a las 12 de la noche. Toda la noche andando y al clarear el día llegaron a un bosque muy tupido, muy espeso, al que llamaban “El Pinar de Jane” y lo primero que vieron fue una cruz de alguien al que habían matado allí.

    Muertas de miedo atravesaron rápidamente el pinar, comieron por el camino unos bocadillos de tortilla y algo de fruta sin detenerse. A eso de las doce de la mañana llegaron por fin a La Codosera y subieron por las cuestas de la sierra camino de Chandavila. Al llegar, se encontraron con un gentío enorme además había puestos de venta de melones, sandías, bocadillos, bebidas… la mayoría de la gente estaba sentada en el suelo esperando la llegada de la Virgen. A las dos en punto de la tarde llegó Marcelina toda vestida de negro. A su alrededor se armó un barullo enorme. Se arrodilló y fue así hasta el castaño donde tenían lugar las apariciones, inexplicablemente sus rodillas no sufrieron daño alguno, pese a lo abrupto del terreno.

- ¡Ya viene, ya viene!-- se oían voces clamando. Después se hizo el silencio, solo se escuchaba el murmullo del viento. 

    Por el horizonte se acercaba una extraña nube, la cual se iba acercando muy despacito… hasta que se posicionó sobre el castaño. Marcelina comenzó a hablar, se suponía que con la Virgen, Joaquina no veía nada, solo la nube, otra mujer que estaba a su lado llamada Dolores, afirmaba gritando  que también la veía. El revuelo que se armó era enorme. La gente se santiguaba, se arrodillaban, mientras que el sol perdía intensidad y giraba sin parar. 

     Muchas personas afirmaban ver escenas de la Pasión, en forma de nubes, Joaquina pudo contemplar dos escenas en otra nube, la primera fue alguien que le resultaba familiar, era un Niño Jesús que sostenía en su mano izquierda una bola del mundo y con la otra bendecía. La segunda era una impresiónate imagen de Cristo crucificado que helaba los sentidos,

-----Yo no veo eso---, le dijo su tía.

    Poco después, se armaron corrillo y todo el mundo quería enterarse, por boca de la vidente, que había sucedido. Aunque Joaquina no logró ver a la Virgen, sí tuvo ocasión de hablar con Marcelina. Le preguntó y esta le contestó  que la Virgen, con lágrimas en los ojos le había dicho que se encontraba abrumada por el dolor y el sufrimiento que estaba asolando  al mundo.

Fachada del Santuario


     Apenas habían asimilado todo lo vivido en la jornada, cuando tuvieron que ponerse camino de regreso a casa, pues el grupo de mujeres que le acompañaron, no querían que les cogiera la noche en “el Pinar”. Al llegar a casa, de madrugada, tuvieron que sumergir los pies en baños de agua y sal para aliviar el dolor, dolor que les duraría varios días. Lo bueno fue que, lo vivido en aquel tiempo jamás lo olvidaron, paradójicamente sería un reflejo de lo que fueron sus vidas, cosas buenas para unas y cosas malas para otras.

    La II Guerra Mundial había terminado unos meses antes, en el año 1944 y, lo mismo que la España de entonces y la mayoría de los piases europeos,  se encontraban completamente en la miseria. 


martes, 16 de abril de 2019

LA CODOSERA en primavera






                    LA CODOSERA en primavera.

               Después de un marzo pardo, en abril, es el mejor momento de salir al campo, pasear por la campiña codoserana y disfrutar del paisaje. 


                Llanura y montaña conjugan un abanico de colores cuando dirigimos nuestra mirada hacia el este, allá, en el lugar donde se pierde nuestra visión por encima de las crestas del castillo de Alburquerque. Por encima de dicha atalaya, bordeando sus murallas se puede contemplar al amanecer el mayor espectáculo de color que nos proporciona la salida del Sol. Este dato solo es el comienzo sorprendente que nos encontraremos cuando realicemos cualquier recorrido por sus alrededores. Si elegimos acercarnos a las cercanias de los ríos Gévora o algunos de  sus afluentes,  observaremos como alisos y chopos se suman al espectáculo primaveral, vistiendo  sus troncos y ramas emergentes con sus mejores galas de un verde intenso.  





                  El rio Gèvora será el norte de las mejores rutas que elijamos, sin olvidar  las dos cadenas de montañas formadas por, a la izquierda rio abajo, las que emergen de la Sierra de San Pedro y a la derecha, a las espaldas de la población, la Sierra del Lugar, continuación de la de Sao Mamede, considerado Parque Natural por nuestros vecinos, al otro lado de la frontera donde,  monte bajo y arboleda junto a tomillos jaras y codesos, crean los matices del violeta, verde con flores blancas y amarillos intensos, que aparecen ante nosotros como el mejor regalo de la Naturaleza.



                 Carreteras, caminos y veredas que, con salida desde el casco urbano, nos brindan la posibilidad de elegir cualquiera de ellas para iniciar nuevos recorridos, rutas por donde nos sumergiremos en ese paraíso natural cuya visión, nuestra madre naturaleza nos obsequia en cada estación primaveral.



            El agua es otro de sus atractivos naturales. Sin ella aquí hubiese sido imposible crear tal belleza. No solo ríos atravesaremos por cualquier camino que elijamos, también el fluir del agua desde la tierra en decenas de manantiales la encontraremos.



                 Río arriba hasta llegar a la frontera, en el pego de La Rabaza, se encuentran las tierras fértiles de este pueblo, son parcelas creadas, desde tiempos remotos, por la mano del hombre, aprovechando las avenidas de sus ríos en cada invernada y sabiendo construir lo que aquí se llaman tapadas, paredes permeables construidas con piedras de pizarra, que han logrado retener las mejores tierras donde, hoy día, se cosechan las mejores hortalizas de esta parte de Extremadura.



                El verde en toda su gama no nos abandonará por cualquier dirección que elijamos. Si nos acercamos al rio, junto a la desembocadura del Gevorete, allá en Las Juntas, por donde el Gévora circula, encontraremos a los obreros preparando las instalaciones de lo que son Piscinas Naturales, construidas en el mismo lecho fluvial, una maravilla para el disfrute de paisanos y forasteros para cuando llega el calor a las puertas de cada verano  



                 El paisaje natural que encontramos por los alrededores de la población, también se observa salpicado por el color blanco que forman las fachadas de algunas de las casas de los propietarios del terreno, viejas viviendas que aquí, son adornadas, la mayoría de ellas por jardines rústicos que engrandecen el panorama del lugar.


             Disfrutar de bellos paisajes, sin olvidar en el recorrido, el cántico de las aves, que aquí forman una colonia completísima, además de poder degustar en los restaurantes locales una gastronomía singular, donde se mezclan los guisos y sabores tradicionales con la herencia de la cocina portuguesa, mereciendo para cualquier viajero realizar una visita a este lugar.



             El refrán popular dice que “todo el que viene a este pueblo se queda”. Yo no creo que todos se queden para siempre, pero, para pasar unas jornadas de placer, les aseguró que sí. No lo duden.


domingo, 2 de septiembre de 2018

LA CODOSERA Y EL FESTIVAL






Los organizadores del festival hipi ... han negociado este año con las autoridades locales que su festival anual se celebre en LA CODOSERA, en el espacio natural de las Piscinas Naturales del Río Gévora. Para los habitantes de la población, este evento es toda una novedad y muchos de los vecinos, están deseosos de conocer como se va a desarrollar el macro acontecimiento. En estos primeros días de septiembre, el movimiento de personal trabajando en las inmediación del complejo, es constante y las expectativas por parte de los industriales hosteleros de la población, son optimistas. Son varios miles de personas los que se esperan lleguen al festival y convivan en este espacio natural durante seis días, y todo eso es novedosos en estos parajes. Para conocer un poco el perfil del ambiente que se espera durante el festival, os inserto un enlace, al final de esta página, donde podéis entrar. Aparte y, justificando el cambio de ubicación por el de años anteriores, traducido del inglés, tal como aparece en su página web, leyéndolo, se puede adquirir un mayor conocimiento del público que durante estos días convivirán en entre nosotros. 


(traducción al español con el traductor de Google)

CONEXIÓN FESTIVAL vuelve más fuerte que nunca, renace de su esencia !!  Después de dos años difíciles tratando de mantener la comodidad de nuestra audiencia, decidimos cambiar de ubicación: hemos buscado mantener la magia de nuestro venerado "Batán de las Monjas" y mejorar todo lo que no podíamos ofrecer allí en términos de comodidad para nuestros conectores. Después de estos dos últimos años en los que hemos tenido un acceso cada vez más difícil con automóviles y caravanas, el estacionamiento de caravanas y automóviles en el festival ... Con nuestros conectores en una situación cada vez más incómoda ... Para la supervivencia de su festival cambiamos de lugar . No sin agradecer el apoyo incondicional de la gente de San Nicolás del Puerto y el "Batán de las Monjas" al Festival Connection estos 5 años. Ellos siempre estarán en nuestro corazón. Como dato importante: cambiamos la fecha para estar más cerca en el calendario de festivales y en el verano español, para poder aprovechar este lugar y poder disfrutar de los baños en las Piscinas Naturales de La Codosera, donde el baño ¡esta permitido!  ¡Llegan nuevos tiempos y llegan los tiempos de La Codosera y el bendito río Gévora! ¡Algunas piscinas naturales mágicas en un entorno de bosque mágico completamente plano! Con espacio más que suficiente para acampar, estacione su auto o caravana, ¡acceda a caminos de hasta 50 metros desde el escenario principal! ¡Y todas las comodidades que buscamos! Agua potable, sombra y una gran ubicación geográfica a solo 3 horas de Madrid, 2 de Lisboa o 3 de Sevilla. Se encuentra ubicado en la provincia de Badajoz, España. ¡Tenemos capacidad para hasta 5000 personas! ¡El escenario principal tendrá el doble de tamaño para saltar y bailar todo mucho más cómodo en nuestro amado "Templo Oldschool"! Y, sobre todo, recuerde que este equipo de trabajo está más entusiasmado que nunca por demostrar que nuestros errores del pasado se pueden mejorar en un espacio como el que vamos a trabajar solo para usted.  Este año tendremos tres espacios: Templo de Oldschool Etapa de Chillout Escenario de polvo negro Al estar en una situación tan privilegiada, tendremos un servicio de autobús desde Lisboa, Madrid y Sevilla, para que pueda llegar cómodamente desde cualquiera de estos aeropuertos al festival. Nuestro sitio web estará disponible el 1 de diciembre con toda la información relacionada con el festival y la venta de las primeras entradas anticipadas por solo 75 €. Connection Festival 2018 te espera ... ¡El renacimiento de Oldschool Goatrance!