domingo, 28 de febrero de 2021

LA CODOSERA Y LOS CAMIONES DE TRANSPORTE.


LA CODOSERA Y LOS CAMIONES DE TRANSPORTE. 


Despacho de pan con cupones de racionamiento. 


 LA CODOSERA Y LOS CAMIONES.

                    Terminada la Guerra Civil, en los años cuarent los productos alimenticios procedentes de La Codosera fueron muy demandados. Las cartillas del Racionamiento estuvieron vigentes hasta el año 1952., por lo tanto, en esos años, al publico no se podían vender directamente, pues estaba prohibido; era el Estado el único recector, encargado de recoger todo y después distribuirlo a las tiendas donde posteriormente irian los clientes con sus cupones de racionamiento a comprarlo. Que el 90% de las veces no tenían existencias.

          Sobre el racionamiento, en el pueblo hubo un problema muy importante con la distribución del pan. Eran los años cuarenta y por entonces la fabrica estubo arrendada. El proble surgio porque previaente, para hacer algún negocio, venderían el trigo que le habían asignado para los habitantes del pueblo o la harina para donde fuese, esperando que las espigas pudiesen segarse en el mes de mayo. Pero no fue así. La primavera vino lluviosa y, al fabricante no se le ocurrió otra cosa que mandar segar el trigo, secarlo en el horno, molerlo y hacer los panes. Los panes se hicieron y tuvieron el valor de llevarlos al pueblo y comenzar a repartirlo a los clientes. Aquello no era pan, eran perrunas. El escandalo que se armó en la cola fue mayúsculo, no se como lo hicieron, pero una comisión, aquel mismo dia, con los panes en la mano, marcharon hasta Badajoz y presentaron la denuncia. Se supone que al joven empresario le caeria una buena. Al poco tiempo, hizo una casa nueva en el centro del casco urbano que fue conocida como "La Casa del Pueblo", por el tema que hubo con el pan. 



Colas a las puertas de los comercios esperando que lleguen las existencias. 


    A partir del año 1952 se volvió al mercado libre aunque la carencia de víveres continuaba, sobre todo en las grandes ciudades, como Badajoz o Madrid.




la gente en la calle buscando comida. 

         Uno de los industriales locales que, desde siempre, se había dedicado al transporte, fue el empresario Adolfo Fernández. Primero con carros al servicio público y posteriormente con camiones.



Colas. En el pueblo el único despacho de pan que estuvo en la casa que, hace poco, han tirado en el Lutero. 


             Como el negocio iban bien, las empresas de transportes que operaban en las grandes urbes, como Transportes Abajo, colocaron a La Codosera en su hoja de ruta y, dos días a la semana, cargaban en el pueblo, en las dependencias del empresario Carlos Rabazo, situadas en  unas naves que había en la Carretera, donde después estuvo el Bar Apolo. De aquí salian jaulas muy grandes con aves vivas. Gallinas, gallos, pavos, patos y cajas de huevos. Estas últimas eran de madera y en el interior, varias docenas de huevos entra paja, mucha paja,  para que no se rompiesen. Dicen que con este negocio, el contrabando del café, oculto entre la paja,  se complementaban perfectamente para no ser descubierto. 




Cartilla de racionamiento con cupones


               El negocio de la recova iba viento en popa. Por nuestra cercanía con Portugal y por lo fácil que era pasar la frontera, por la cantidad de casas y cortijos que había por los caminos, pues los huevos, al pagarse a mas precio en España, fue uno de los artículos mas demandados. Para ocultarlos, muchas señoras portuguesas se había confeccionado unos depósitos de tela aparentes, especie de vestidos interiores, donde los transportaban, un lugar donde los carabineros no tenían autorización para acceder a registrarlas interiormente, en caso de que las detuviesen por el camino. No podian cachearlas. 

Antigua pensión de Millán García. 

                          

                      Como el negocio iba bien, se correria la voz y de fuera  llegó un empresario  procedente de Cataluña. Conocido como "el Catalán" y mutilado de guerra, pues le faltaba una pierna, el cual comenzó a comercializar los huevos facturándolos por ff.cc. con destino a los mercados madrileños. Otro empresario, Millán García, procedente de San Vicente pero que los huevos los compraba aquí, por lo que  terminó por trasladarse; aquí  abrió una pensión en la plaza de la Iglesia, lo que ahora es la Casa de Beni, y además siguió con el negocio de los huevos. Con menos volumen, hubo negocios locales pero que no exportaron, fueron Telesforo Alvez, Alonso Santos y Ángel del Solar, este último vivía en la casa que  ahora es propiedad de Teresa Caballero. 


Camión igual que el que compraron. 

             El negocio de los huevos no era complicado, pero se necesitaba ser constante, pues las gallinas los ponen diariamente y el primero comprador que llegaba al caserío o,  allí donde los habia,  se los llevaba. Los empresarios comenzaron a manejar dinero, fueron gente importante y tenían sus empleados. Estos, para desplazarse por el campo,  la mayoria utilizaban mulos de carga, colocándoles enciman unas angarillas con paja y, tal como se los entragan , allí los iban depositanto. Tenían sus  rutas establecidas por  los contornos  y además tambien  los compraban en el pueblo a particulares, señoras que tenían las gallinas en sus corrales, que se los vendían Se compraban todos los que llegaban. Dos hermanos, Agustin y Modesto Gómez, dieron un paso adelante y se lanzaron a la aventura del transporte, tan ligada al negocio de la recova, del que ambos eran expertos. Sin dinero suficiente para su proyecto, buscaron socios y, a ellos, se sumaron dos mas.  Entre los cuatros, compraron un camión y lo destinaron al servicio público. Ambos hermanos, juntos con Agustin Barroso Blanco y Francisco Sanchez, conocido como Paco el de la Fábrica, comenzaron su andadura como Transportes FAMA, las iniciales de los cuatro socios.  Instalaron un despacho en Madrid y a llevar a llevar cajas de  huevos a Madrid, donde tenían una persona de confianza. 

             Puesto que ninguno de los cuatro socios tenían carné de conducir, contrataron a aun chofer, a Ramón Macias, un madrileño asentado en el pueblo pero, como era muy lento conduciendo, pues tardaba doce horas en el trayecto hasta Madrid, al poco tiempo contrataron a Benigno, que hacía la ruta en ocho horas. 

               Bueno, ademas de los huevos, el camión tambien estaba autorizado a llevar viajeros, en asientos o bancos corridos,  sentados dentro de la caja del camión. Como todavia no estaba funcionando La Estellesa, eran muchos los viajeros que lo utilizaban. En uno de los trayecto, llevando pasajeros, tuvieron un accidente en el Alto Talabán al chocar con un camión cargado de corderos. Al ir mas personas que las permitidas, ante la llegada de la patrulla de los guardias civiles, algunos se ocultaron, sin darse cuenta que una señora, la suegra de Canuto, había fallecido. Posteriormente cuando fueron a reclamar a la compañía seguradora, ésta no se hizo cargo de la indennización a los familiares de la victima, al no haber hecho constar en el atestado el fallecimiento de la misma, por lo que tuvieron que pagar los socios del camión. 

                 Al cabo de un tiempo, la sociedad se disolvió, pasando a quedarse con las acciones unicamente Agustín Barroso, que continuo con su comercio y además como transportista. Para entonces ya habia varios camiones más en el pueblo y furgones grandes tambien. Los hermanos Agustín y Modesto no dejaron sus negocios de la recova, aunque cada uno con su propia empresa. 



Corral con gallos y gallinas.


jueves, 25 de febrero de 2021

LA SIERRA DE LA "LAMPARONA"

 


Rocas en La Lamparona. 

Antigua caseta del Faro. 


LA CODOSERA y “La Sierra de la Lamparona”.

    En comentarios anteriores hemos tocado el tema de los topónimos en el pueblo, muchos de ellos nominados por palabras deformadas del portugués, como Chandavila por Chao da Vila, La Varse por a Varzea, Bacoco por Baocovo o Hijuela por Ouguela. Hoy y, gracias a la información que nos ha facilitado el Doctor Jorge de Oliveira, además por haber tenido la gentiliza de facilitarnos un mapa militar de esta parte fronteriza con el Alentejo, podemos aclarar algunos conceptos sobre “La Sierra de La Lamparona”.   


Mapa de la zona de la Lamparona


    En los mapas topográficos españoles, se indica que “Lamparona” , con 596 metros de altitud es el pico más alto de la Sierra de Bastos, compartida con nuestros vecinos portugueses.



Ermita de la Virgen de La Lapa





Interior de la Gruta de La Lapa. 

    En los escritos españoles que, hasta la fecha, a nuestras manos han llegado, se indica que el nombre de Lamparona proviene por ser el lugar donde el Ministerio del Aire español instaló en el año 1945 el Faro para orientar a las líneas aéreas, tiempo atrás, cuando todavía no se había inventado el piloto automático para los aviones.



Procesion de la Virgen de La Lapa


    A pocos metros de pico indicado, se encuentra la ermita de Ntra. Sra. de La Lapa, a la que portugueses y españoles veneran, enclavada más cerca de los caserios españoles que de las aldeas portuguesas; una construcción de paredes blancas, visible desde  kms. de distancia en suelo español.



Santa Misa en la explanada de la ermita


    El faro se instaló en el año 1945, pero la gruta de La Lapa sus orígenes se remontan a tiempos prehistóricos, por ello, el nombre de la citada Sierra  de Lamparona no pudo ser posible, al no haber nacido con posterioridad al año 45, del pasado siglo, que fue cuando se la hizo la instalación del faro del que hablamos,  por lo que su verdadera designación es el de “Laparona”, derivado de la Lapa, el lugar, como así se indica en el mapa adjunto editado en Portugal en el año 1797.


Mapa topográfico español.



martes, 19 de enero de 2021

Melchor Parrón Carrión, el adiós de un amigo.

 


Con su hija y su nieta


LA CODOSERA y sus hijos centenarios. Melchor Parrón Carrión.

“Algo se muere en el alma, cuando un buen amigo se va”. Si, cuando a partir de ahora, pasemos por la carretera y miremos a su puerta, notaremos un vacío muy grande por algo nuestro que se nos ha ido. Los Magos de Oriente, igual que un 6 de enero de 1920, nos lo trajeron, han decido la hora de su destino final, pero, seguro que algo suyo se queda con nosotros, con su familia, con sus vecinos, sus amigos y su pueblo, al que nunca abandonó. Aquí nació y aquí vivió los 101 años que la vida le dio.


Con su cañita de cerveza.

 Vino al mundo en el seno de una familia numerosa, como pocas había en el pueblo, rodeado de sus once hermanos, de una madre maravillosa, Soledad y de un padre inteligente y trabajador Ovidio. No eran tiempos fáciles los que a lo largo de su vida le tocó sortear. Con dieciséis años, la Guerra Civil con casi tres de penurias y zozobras, después, los tiempos del racionamiento, del salvoconducto y del sí señor, lo que usted diga. Conoció, porque no le quedó otra, cuando tenía veinte años, el estraperlo y el contrabando. Aprendió a caminar por las trochas y veredas que le conducían a Portugal, con un regreso nocturno, difícil y peligroso, a veces caminando solo y otras en grupo, vadeando ríos y en ocasiones, con el agua por la cintura cargando con la mochila a cuesta. Fue contrabandista cuando no le quedó otra, como lo hicieron mucha gente del pueblo, una forma de subsistir porque otra cosa no había.


Con sus nietos. 

Por su carácter bonachón, trabajador y buena persona, fue muy querido por cuantos le conocieron. Un hombre muy familiar. Su hija y su yerno, sus hermanas, sus sobrinos, sus nietos, a los que adoraba, su pueblo, todos lo han querido muchísimo. Melchor se ha ido, nos ha dejado, pero seguro que va a estar por aquí con todos nosotros, porque no lo vamos a olvidar ya que, a las personas que se las quieren, no se marchan. Siempre lo vamos a recordar y, a partir de ahora, cuando pasemos por su puerta, miraremos al cielo desde donde, seguramente, nos estará contemplando. Amigo Melchor, allá donde estés, un abrazo muy fuerte.



Con su nieto. 

viernes, 6 de noviembre de 2020

LA CODOSERA TIENE UN CASTILLO.

 





LA CODOSERA TIENE UN CASTILLO


Hace de esto unos ochenta años, llegó al pueblo un importante personaje que, posteriormente, fue muy conocido tambien por aquí, se llamaba don Genaro y se enamoró del lugar, sobre todo de Chandavila y de su Virgen y como era un gran escultor y uno de los mejores imagineros del país, se  ofreció a realizar la imagen de la Virgen y a contribuir económicamente en la construcción del Santuario.

Tenía su estudio en Madrid y durante el tiempo que duraron las obras, periódicamente pasaba largas temporadas en el pueblo. Era un vecino más, por ello y por su generosidad, fue nombrado hijo adoptivo.

La imagen le quedó preciosa y del Santuario ya ni os digo. En su interior todo lo que allí relumbra, de su fina mano ha salido y sin cobrar ni un duro.




En el pueblo estaba lo que más quería y un día decidió cambiar su residencia y venirse a vivir aquí, donde montó el taller de trabajo como escultor. Por ello, se compró los terrenos donde estaban las ruinas del Castillo medieval, por lo menos nueve huertos de olivos, y lo acondicionó para vivir, reconstruyó la torre principal y en lo más alto ubicó una colosal imagen del Corazón de Jesús.





Pasó el tiempo y, como era un hombre soltero y sin familia cercana, pensó que lo mejor era dejar solucionado su patrimonio y quienes serían sus herederos. Por ello decidió que lo mejor era hacer un Fundación y que sus beneficiarios herederos fuesen los vecios  del pueblo de La Codosera y así lo hizo constar  ante un Notario Madrid, cuyo documento tenemos por ahí. Su repentina muerte dejó a todos sorprendidos. Le hicieron el entierro y posteriormente sus restos fueron trasalados para que reposaran en el interior del Santuario de Chandavila, tal como fue su voluntad.




En los últimos años de vida, uno de sus amigos intimos, sacerdote salesiano secularizado, llamado don Victor, pasaba largas temporadas en el pueblo, ganándose la confianza del escultor y este le dio poderes para realizar las obras que se habían programado en el Castillo, un Centro de Formación de Artes Popularas que nunca vieron la luz.




Un dia, de repente, de un infarto, el escultor falleció y nadie preguntó ni se informaron de cómo estaba su patrimonio o su herencia. Esto sucedió, como cuando se derrumbó el arco central del Puente Medieval, que los gobernantes locales miraron para otro lado. Igual. Cuantos menos lios mejor, pensarian. Al tal don Victor, este no proceder le vino de perilla y, por ello, el dinero de don Genaro, en vez de invertirlo en La Codosera, se lo gastó en construir una residencia para que regresasen los represaliados españoles, de nuestra Guerra Civil, que quedaban en Méjico, un país donde, en su época de sacerdote, había vivido como cura.





El tiempo transcurría y don Víctor continuaba como el señor del Castillo donde, la antigua asistenta de don Genaro, la tenía contratada para las tareas del hogar. Fatalidades de la vida, lo que mal anda mal acaba, y el buen hombre, don Víctor, al cabo de unos años murió.  Los gobernantes locales no movieron ni un papel, mientras que, la señora asistenta se quedó viviendo en el castillo, pues ningún responsable le pidió información para ver en qué situación se encontraba, ni cualquier cosa por el estilo.

 Por lo que me han dicho, cuando ocurren estos desaguisados, la justicia es quien marca el rumbo a seguir.

Aquí tenemos el caso de un señor que ha fallecido y que ha dejado un patrimonio, el cual hay que repartir para quien o quienes le corresponda. La Fundación ya no existe Hace años se dieron de baja y en el registro de la Propiedad las posesiones siguen figurando a nombre de la misma.  Nosotros tenemos un documento notarial donde el testador lega sus bienes a los habitantes del pueblo de La Codosera, luego no creo que haya muchas dudas al respecto. Aquí parece que hay miedo a pedirle las llaves a la persona que allí viva o ir al Juzgado y presentar la demanda para que el juez decida.

Esto lo escribo porque me he acordado de la cantidad de pueblos en Extremadura que celebran sus “Acontecimientos históricos” y es que, nosotros, en relación con el Castillo, tenemos un evento muy importante y además está documentado por el grabado que nos dejaron los portugueses en el año 1642. “Codiçeira sitiada por el ejército portugués” en la Guerra de su Independencia.




Estamos de acuerdo que la guerra la ganaron ellos, pero eso ahora no es obstáculo. Somos hermanos, nos llevamos muy bien entre nosostros y ya no importa quién ganó o perdió la contienda, el caso es recordar la historia, lo nuestro, y que la gente venga al pueblo, que haya mucha fiesta y se lo pasen bien.





Rescatar el Castillo no creo que sea muy difícil. Limpiarlo adecentarlo e iluminarlo y prepararlo a una función que muy bien podrían ensayar la Compañía de Teatro local, los cuales estarían encantados. La indumentaria, seguro que nuestros vecinos de Marvao, expertos en estos tinglados, nos las prestarían y seguro que también accederían a contribuir con lo que fuera menester.  Y, nada más. Que haya suerte.




 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

LA CODOSERA y Manolo "Estrella", el último mochilero.

                  Manolo "Estrella", el último mochilero.
                    

                 
                     Así es la vida. Llegó el mes de septiembre y el pasado día ocho, fallecía un buen amigo, MANOLO MARGULLÓN, conocido por todos como “ESTRELLA”, un gran personaje popular. Nuestras condolencias a Anita, su viuda y al resto de familiares. Descanse en Paz.

                    Su larga vida no le fue nada fácil, pues ha fallecido a la edad de ochenta y siete años, caracterizándose por haber sido un buen hombre, muy trabajador y amante de su familia.
                     Nació en una época llena de turbulencias populares, dos años antes de comenzar una de las tragedias más terrible que le tocó vivir al pueblo español, La Guerra Civil.  Por tanto, fue uno de los niños llamados popularmente como “los niños de la guerra”. Años muy duros, durísimos, para los habitantes del pueblo y también para el resto de españoles.

                                                   Plaza de la Fuente

                      Vino al mundo en el seno de una familia humilde, Manuel se llamaba su padre, de quien heredó su apodo de Estrella o Estrellina, y su madre Cesárea, de profesión sastra, una especialidad reservada a los hombres sastres, pero que había mujeres capaces de igualarlos profesionalmente.


Plaza de la Iglesia


                       Cuando le llegó la edad, contrajo matrimonio con Anita, su novia de siempre y los casó don José Martín, un cura sevillano que estuvo de párroco en el pueblo varios años. Una boda muy humilde donde al agasajo y al convite no faltaron los invitados. De la iglesia, junto con el acompañamiento, todos marcharon a celebrarlo, como era normal por entonces, a su propia casa, una vivienda alquilada en la calle Rica, donde el aguardiente y los dulces estuvieron sobre la mesa.

                     De esta unión nacieron cuatro niñas, Manoli, desde hace años, emigrante en Palma de Mallorca, Nieves, lo mismo, vive en el Móstoles de Madrid, Toñi, igual, reside en Seseña (Toledo) y Anabel, emigrante también, en Palma de Mallorca.

                      Después llegaron los nietos, seis, Jorge, Noelia, Manuel, Carlos, Eva y Lucía y, lo más hermoso de todo, la suerte de conocer a sus cinco bisnietos: Hugo, Nora, Enma, Zoe y Estrella.

                      Entre sus familiares gente del pueblo muy conocida. Sus hermanas Julia, Antonia y el varón, Federico, los tres ya fallecidos. Federico se dio a conocer en los años sesenta por lo bien que imitaba la voz del cantante Antonio Molina. Y por parte de sus tíos, destacar a la señora, Angelita la Godoa, la cual, con cuatro niños pequeños, durante la Guerra Civil, un 27 de agosto del 36, el día siguiente a la entrada en el pueblo de las fuerzas nacionales, fusilaron a su marido, un obrero del pueblo llamado Modesto Martínez Carballo, en las tapias del cementerio local, junto con otros más de veinte compañeros, por el hecho de ser un hombre con ideas de izquierda.

                       A Manuel, como a muchos críos de su edad, le robaron la niñez y no le quedó más remedio que, desde muy corta edad, ponerse a trabajar. A la escuela no fue y por tanto solo sabía escribir su nombre, que aprendió por su cuenta, A leer y a escribir, nunca le enseñaron. Tampoco un oficio determinado y por ello, tuvo que hacer todo tipo de faenas, siempre, allí donde la situación era propicia. Se colocó, o lo acomodaron, como se decía en aquellos años, en la casa del señor Alonso Mero, al que llamaban “Vega”, una casa de labor de una de las familias importantes de labradores del pueblo, donde la mano de obra necesaria era muy amplia. Allí le mandaban a realizar tareas de todo tipo, a labrar, a segar, a trillar, a sachar, a darle de beber a las bestias, a conducir carros, a trabajar en la huerta, coger aceitunas, etc. etc. incluso aprendió a capar los cochinos. Todo lo que realizaba era del agrado de su patrón, por ello, cada año, en la festividad de San Isidro, la Hermandad de Labradores y Ganaderos de la población, entre sus actos programados, incluían el concurso consistente en echar el surco sobre un terreno baldío, donde se daban cita los mejores labradores del pueblo. La competición consistía en hacer el trabajo con una yunta de bestias, y trazar el surco en un espacio acordado. El ganador era aquel que lograba realizarlo más derecho. Pues bien fueron varios años los que Manuel ganó este galardón.

                   Después de vivir unos años con su mujer, en la calle Ventosa, se cambiaron a otra vivienda, más cerca de sus padres, en la calle del “Teniente de Regulares Gerardo Gómez”, el nombre de esta calle, era la de un militar del pueblo que murió en Cáceres en plena Guerra Civil, víctima del bombardeo de la aviación de la República sobre  las instalaciones del Gobierno Militar, el lugar donde este señor estaba destinado como administrativo.  

                   Y así iban pasando los años en uno de los pueblos donde la vida era de lo más tranquila, pero no por eso aburrida. Como ya hemos indicado, mucho antes de casarse, Manuel trabajaba en una casa situada en la Plaza de la Fuente, el lugar donde, diariamente, desde por el mañana temprano, a por el agua a la fuente, acudían las mozas cargando con los cántaros de barro a la cabeza, que alegraban esta explanada con sus risas y alegrías. Era éste, el lugar de encuentros para la gente joven. El momento de hablar y comunicarse las parejas con un guiño o una sonrisa. Manuel, como joven que era, no era ajeno a este movimiento juvenil.

                         Ya después de casado, una de sus mayores alegrías fue poderle comprar a su mujer la máquina de coser. Conocía profesionalmente a su madre, una gran costurera, y sabía que Anita también aprendería el oficio. A letras mensuales o como iba pudiendo, se acercó al comercio del señor Leocadio Barroso, que era el delegado de la marca Alfa, y la máquina quedó encargada.

                       El tiempo pasaba, la última guerra ya estaba casi olvidada pero el país no tiraba lo suficiente y, por tanto, se ganaba muy poco dinero y pagar la máquina le costó sangre, sudor y lágrimas.  Así, un día le hablaron de engancharse en una cuadrilla de hombres y pasar la frontera con Portugal. Por entonces era muy joven, con veintitantos años y con una hija nacida y otra en camino. El dinero cada vez era más necesario en casa y lo que le ofrecían otros amigos era poder vivir desahogadamente y llegar hasta fin de mes sin tener que endeudarse.

Arroyo Abrilongo, frontera con Portugal. 

                      Después de meditarlo se lanzó a la aventura y comenzó su trabajo en una de las empresas del pueblo donde no era necesario que te contrataran. Todo aquel que tenía valor, era joven, fuerte y audaz, era admitido en el negocio del contrabando.


El abrilongo hace frontera en el Marco 


                      Manuel, o Manolo, como cariñosamente le llamaba todo el mundo, se integró en el grupo de contrabandistas estupendamente y comenzó a destacar por el conocimiento que tenía del posicionamiento de las estrellas en el firmamento, un dato muy valioso que los compañeros apreciaron y que, al estar junto a ellos, en la oscuridad de la noche, sin brújulas que los orientase, encontrar el camino correcto era primordial.  Manolo, echando una mirada al cielo, conocía cada lugar por donde transitaban, localizando sin confundirse, el camino a seguir para llegar al destino marcado.


La Osa Mayor

                    Al igual que lo hicieron los antiguos pueblos por la disposición de las estrellas, Manuel heredó los conocimientos sobre la disposición de las estrellas, que ya su padre adquirió, muchos años antes de su andadura de contrabandista por los parajes fronterizos y que tan útil les fue a otros tantos mercaderes que realizaron travesías durante la noche.





Ruta de los contrabandistas. Parada en el Marco portugués. 

                    Una vez que hemos entrado en la Unión Europea y las fronteras han desaparecido, ha sido ahora cuando los vecinos han valorado el esfuerzo tan sobrehumano que realizaron estos hombres mochileros durante la época de posguerra para llevar un sueldo digno a casa. Manuel durante los últimos años de su vida no ha parado de contar a la prensa, incluida la televisión, lo arriesgado de este oficio, donde ellos llevaban calzadas en los pies unas alpargatas para correr mientras que,  los guardias, que los perseguían, iban bien pertrechados y además con armas para dispararles.

Paquete de café de 1 kg. con envoltura de papel. 


                   Y todo esto ocurría por las tensiones habidas entre los dos países, España y Portugal. Franco y Salazar, durante los cuarenta años que gobernaron ambos países, no firmaron ni un solo convenio comercial. Ni se compraban unos a otros, ni se vendían sus mercaderías. La frontera fue durante estos años, un muro infranqueable de pobreza para que a nadie se le ocurriese pasar ilegalmente. Ni el café se podía vender legalmente en España ni el pan de trigo, que fabricaban los panaderos del pueblo, podía ir para allá. Pero, ni el café dejo de faltar en los desayunos de los vecinos de aquí, ni el pan blanco de harina (ya que ellos solamente tenían harina de centeno de color negro), faltó en los hogares portugueses próximos a la frontera. Yo recuerdo como cada día salían de la panadería de mis padres las bestias con sus angarillas, cargando los panes, con destino a las cantinas, bares y lonjas, que se habían ubicado estratégicamente en el lado español, muy cerquita de la Raya, donde se los vendían a los portugueses.

                    El negocio del contrabando duró varias décadas y quizás los que transportaron las mochilas a cuestas, como Manolo Estrella, fueron los que menos dinero ganaron. Sufrieron lo indecible y vivieron siempre con el miedo en el cuerpo, ante la presencia de tantos civiles como en el pueblo había, para tratar de cortarles el paso, cosa que no siempre ocurrió.


Atardecer en La Codosera. 



                 En este último periodo de su vida, Manolo recordaba con mucho cariño sus andanzas y correrías y así se lo expresa a los medios de la prensa que requerían su presencia. No hay duda que, lo mismo que él, el resto de hombres que también entraron en este negocio, se merecen un respeto y hasta un homenaje, como han hecho en algunos pueblos fronterizos, donde le han dedicado un grupo escultórico situado en un lugar céntrico de la población. El mochilero ya es historia y nosotros hemos tenido la suerte de haber tenido a un vecino de excepción que nos la ha contado de viva voz, Manuel Margullón, conocido como Manolo Estrella.

viernes, 11 de septiembre de 2020

LA CODOSERA y su forma de hablar.




Puerta principal del Castillo de La Codosera. 


EL HABLA DE LA CODOSERA (LA RAYA)                      

Continuación…

                          Con su forma peculiar de hablar, en La Codosera, como dice el refrán, "se habla de otra manera".

                        Al ser un pueblo con raices portuguesas hay palabras de este idioma, mal traducidas, que se han incorporado, como "A Varzea" (La Vega), que se pronuncia como La Varse, otro nombre, como "Chao da Vila" (Suelo de la Villa) , que ha derivado a Chandavila o, por poner otro mas, "Vao de Covo" (Baden de la Gruta), que se conoce como Bacoco.

                         El seseo, al igual que, como se habla en buena parte de Extremadura, cambiando la ce o la zeta por la ese, es otra de sus características, igualmente es omitir la ese final de los plurales. La terminación de los participios de los verbos en ado o ada, se ha transformado por el ao en los masculinos y el á, en los femeninos. A las escritas con hache, éstas, se cambian por la jota, tambien omiten en la mayoria de las palabras, la consonante final y, aparte, se incorporan nuevos vocablos portugueses, como hortelana por hierbabuena, un gorrión es un pardal, una tórtola es una rola o petiscar por merendar, por poner algunas.
      Curso años 71-72. Escolares que hoy estan a punto de jubilarse. 



                     Así es la ralea familiar en esta la mi tierra, de la mi gente. 
                      
                     Donde las madres disen del chico de la casa que no pué jasé vide del.
 Que están jarta de oílo berrear to el día; que ni pa comé se limpian la boseras. Antié, uno dello, se dió un voleo y acudió con un bolsao de malagatones. Tresantié lo llevé a que lo miren los dientes que los tie votos. É un bujío. ¿Cá semos?. Tas fijao, lo que catca la vesina?. Menú cuaje tie!. El sofoco que tie la chica, que le han salio cabras en las piernas. Ét mu friolenta.  Labrá cogio un mal aire. Que te paje a ti?. Tiene jeito. Había un alabán de gente. No me vengas con jangás!. Me da daqúe desiselo. Yo me queé arruchi. Al dal lao le jarreó una jabatá. Aupa que te alcanso. Pi ¿porqué?. Lo cai coí!. Endipués tamos an cá el Manué. A salto mata. 
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                      Aquí naidi iba o va al colegio pero tóc sapuntan a la ecuela.  No te invitan a una fiecta, te convidan. No te afisionas, te empica. No te entretiene, te enrea. No habla, parlotea, No sales ajilas pa juera. No entra, pasa pa entro. No empuja, arrempuja. No abrasa, achucha. No te asfisia o te atraganta, te ajoga. No pocpone, lo eja para endispué.  No t acuecta, te arrecuesta o te quea tracpuesto o clisao. No te despierta, te despabila o te espabilan. No te desnuda, te encuera. Tampoco te queda en pelotas, te quea pelete o te empelota. Aquí las pareja no van agarrao del braso, van de brasete.Porque aquí, los mosos y las mosas se ajuntan y se desajuntanHacen amistad, los querindongos y las querindongas. Otro se ennovian, se arejuntan o se desapartan. Cuando los chonchos y las chonchas se encalientan, es decir, se ponen barracos, se arreglan  pa salir, se arriscan, se avían, se escamondan, se ajilan, se emperifollan, se atusan el pelo, se pinturrejean, se atiscan lo pingo que llevan puesto 

 Aquí no trabaja naide en nengún sitio, ni se apean, se abajan de la tallesa. Lo que son escapá, se suben, se encaraman a un árbol o a las pareles. Los caminos de los que trasmontan, no se acortan, se atrochan por las verele. Aquí no se suele desasé nada, se desfaratan o se defarrumban. Cuando se acoscan que están mal jechas, tampoco se desordenan, se barullean. No se lanzan ni se tiran, se jundean. No se escupe, se espurrea y no se rien, se descuajaringan o se tronchan de risa. No se critica, se alcagüetea. Ninguno se atraganta pero se añugan o agañotan, eso si, todos ajocican con las consecuencias. Si te dicen que corras, juye. Si estas alilao es por ser alto y delgado. Si contestas allá allá, es que vas tirando. Si te dicen que vayas ancá, es a la casa de. Al columpio le llaman blansaero. Endispués es todavía y si algo es cierto, dicen equilicuatri. Al mediodía le llaman meyodia. Resbalar es refalar y una sacaiña es un continuo sacarte algo. Pero a un gasto contínuo, le llaman sangraero. Velahí, es algo que se sabía y un vensejón es un tirón. Al hielo le llaman yelo y una trola e una mentira. Un malagatón es un melocotón. Endilgarte es jacerte un encargo.  Acuquinar es pagar tu parte como to quitqui, un cancho de piedra roá ec un gorrón y una canujía, algo que dura mucho.

Sierra del lugar, Peña La Niña y Castillo La Beltraneja. 


                    Badajoz  es Badahó, y nojotros semo asina
                     daquí de La Codosera.
                    Nasimo en la frontera, al finá de Extremaura,
                    y lustros en Portugá.
                    Tenemos nuestra cultura, 
                    paisajes, mucha agua,
                    buen yantar y buen cundío,
                    que más quieres?. Casí !! 


Cultura rayana. En La Codosera bailando "as saia", de procedencia portuguesa


Comentario: Este trabajo solamente es un fragmento del amplio vocabulario que en esta zona es común para sus vecinos. Fomentarlo en la actualidad ya es una obligación impuesta por Naciones Unidas y la U.E. por ello, en nuestras manos está el dejar atrás viejos tabúes y valorar  y  enorgullecernos de nuestra amplia y rica cultura, heredada de siglos, para que en el futuro perdure. 


                                           Verbena popular en La Codosera