martes, 27 de octubre de 2015

LOS CASTAÑALES

“LOS CASTAÑALES”






Castillo "La Beltraneja"

No es casualidad que la fiesta de la castaña se celebre el dìa de Todos los Santos, antesala del Día de los Difuntos. Esta jornada festiva tiene mucho que ver con el mundo de los muertos y fueron precisamente los conquistadores extremeños quienes la exportaron a América, donde la celebran actualmente, sobre todo los Estados Unidos que nos devuelven el evento  con el nombre famoso de Halloween. Pero así como en los pueblos de la Raya, como en la Codosera, la tradición de antaño era cenar castañas por la noche y dejar las sobrantes sobre la mesa para si los del mas allá regresaban, eso que llamamos las Ánimas Benditas, en Méjico, es parecido pero diferente. Los mejicanos se  llevan  la cena al cementerio y pasan la noche junto a sus familiares difuntos. Mucho antes que los americanos utilizaran adornar las  calabazas, en el pueblo lo hacíamos con sandias, utilizando las mas pequeñas, las que llamaban del rebotajo




Halloween

Se le cortaba la parte superior, una especia de tapadera y le vaciaban la pulpa y en su corteza se labraban figuras artísticas, colocando en el centro, en la parte inferior, una vela, que por la noche los niños la encendíamos y nos paseábamos con el ella por las calles, utilizando para ello, como asa, una cuerda o cordel anclada a los extremos superiores, y que, exactamente iguales, calcadas, las podemos ver estos dias en las tiendas, tal como les muestro en la fotografía. Son traidas desde China y exportadas al mundo anglosajón, únicamente cambia que son de plástico y que, en lugar de sandias, han optado por la célebre calabaza, sin olvidar la vela, aunque, acorde con el progreso, se encienden con pilas. 



Vistas desde la Sierra

En el siglo XVII, en la documentación existente sobre el pueblo, ya se mencionaba lo importante que eran los bosques de castaños para la economía local,  por el fruto y por lo apreciada y  necesaria que era su madera.


Castaños

En esta ocasión, y en relación con las castañas,  nos vamos a referir a una finca muy conocida por todos los vecinos, la de “Los Castañales” y a la fiesta que por cada año se celebraba y aún se sigue haciendo, la tarde del dìa de Todos los Santos. 




El pueblo con sus calles empedradas, hace 50 años

Dicha finca se encuentra situada en un paraje de gran belleza representativa del bosque mediterráneo, con monte bajo donde abunda el brezo, el tomillo y los helechos, junto a las jaras. Ubicada cerca de la Quinta del Café, en las estribaciones de la Sierra del Lugar y a muy poca distancia del casco urbano. Desde siglos atrás, la propiedad está explotada en régimen comunal, lo que ha dado motivo a que, en las últimas décadas y por falta de mantenimiento, el terreno se encuentre en malas condiciones, en un estado de abandono casi total, donde la maleza entre la arboleda impera a sus anchas.



Castaños centenarios

Aún así, los àrboles centenarios, que aún permanecen en pie, son testigos fehacientes de la importancia que dicha explotación tuvo en el pasado.


Puesta de sol


La castaña comienza a madurar en el mes de octubre, al final del verano, cuando las cáscaras correosas que las cubren, conocidas como erizos, se abren y éstas caen por su peso al suelo. Aunque a veces, y por la premura de tiempo, son los propios dueños, provistos de varas largas, los que vareándolas, logran caerlas. Ir a recoger castañas o apañarlas, como se suele decir por aquí, era una de las tareas más comunes de la época cuando llegaba el momento de la recolección del fruto.



Erizos



La Codosera

Además de las castañas, pocos son los frutos que permanecen en el campo por recoger cuando llega el otoño. Son pues los últimos del año que termina. Nueces,  higos transformados en pasas, caquis exquisitos, almendras, las últimas camuesas y los preciosos membrillos amarilleando sobre los campos casi desolados, todos ellos muy apreciados, siendo castañas,  camuesas y nueces los preferidos por los niños.

Cosecha de castañas.  

                Pues bien, ese dia, el de Todos los Santos, los pequeños solian agruparse unos cuantos e ir recorriendo casa por casa pidiendo los santos. Esto no era ni mas ni menos que solicitar a la dueña de la casa que fuese generosa con ellos y que le regalase algo,  bien algunos de estos frutos, si los tuviere, o unas monedas, que no le vendrían nada mal.  Para ello era necesario que cada uno llevase su talega  o una cesta pequeña y el que no, procurar que los bolsillos del pantalón o del vestido de las niñas, no estuviesen rotos para guardar las monedas


Otoño en la plaza de la Fuente

Cuando se cansaban de andar y  habían visitado a cuantas familias creían oportuno, se sentaban en el suelo haciendo un círculo y hacer con los regalos tantos montones como niños y niñas hubiese en el grupo, y de la misma forma  con el dinero. Felices y contentos, con los bolsillos llenos, regresaban a sus casas.


Camino de Los Castañales


Esto ocurria por la mañana, los niños pedían los santos y, por la tarde, los mayores acompañados por los pequeños, iban al campo para asar las castañas, o lo que es lo mismo, hacer un magusto, una palabra de origen portugués incorporada a nuestra forma de hablar.  


El camino de la Sierra. 


La costumbre y la tradición era ir a la finca “Los Castañales”, sobre la qué el ayuntamiento debía de tener alguna potestad a la vista del texto del bando que unos días antes publicaba por escrito y también a través del Pregonero oficial realizando paradas en cada una de las intersecciones de la población , ordenando a los dueños de los árboles se abstuviesen de recoger las castañas bastantes dias antes de la fiesta señalada, con objeto que en el suelo hubiese cantidad  suficiente para que los asistentes a la fiesta pudiesen degustarlas.


En Los Castañales

Tenia que llover mucho para que los vecinos no asistieran. A veces, hasta con la leña mojada, las candelas se encendia y las castañas se asaban. Con suerte, si por la tarde  lucía el sol,  era pues el momento idóneo para  disfrutar del campo en compañía de amigos, familiares y conocidos. Aquí todos colaboraban. Recoger leña y acarrearla, apañar las castañas, pisar los erizos, encender el fuego y preparar los vasos para echar un trago.  

Si la tarde se presentaba lluviosa, como suelen ser frecuentes en este mes, antesala del invierno, cuando el temporal irrumpe con frecuencia mojando los campos  con el suelo húmedo y la leña mojada, encender fuego era todo una aventura. Una  historia entretenida, llena de anécdotas, chistes y chirigotas, ante la actitud que toma el humo, al envolver al grupo con olor y toxicidad. Era igual, el público aguantaba y la lumbre había que hacerla a pesar de todo. Después del humo salían las llamas y con ellas las palmas, los cantares  y los bailes. 



La hoguera

Al atardecer, cuando el sol desaparecia tras las crestas de la Sierra, el  campo se llenaba de hogueras y las gente en corro las rodeaban, sacándose de los bolsillos las castañas apañadas, arrojàndolas sobre las brasas para asarlas.  Entre cantar y cantares algunas explotaban, una onda expansiva que a los niños asusta. Todo causaba risas y la fiesta continua. Provistos de un palo largo o de una vara se apartaban las que se creían asadas,  mientras que alguien ofrecía echar un trago. 


Castañas asadas. 


Al anochecer terminaba la fiesta en el campo y los vecinos dando un paseo volvían a sus casas. 


La calle Alta

Una excepción eran los mozos que de la misma manera también se incorporaban a la fiesta, sobre todo aquellos que ya querian ser hombres y precisamente por ello querían fumar y también beber, sobre todo alcohol y hasta tiznarse la cara con los troncos de leña semicalcinados.  


fotografía tomada en el año 1961

 Mientras que los demás  llevaban una botella de anís, un licor típico de tomar con las castañas, ellos, reunidos previamente, ya habían acordado comprar una arroba de vino y algunas botellas de aguardiente, un buen aliciente para ponerse a tono. El coctel era explosivo y más para los más jóvenes que todavía no estaban acostumbrados a la bebida. El resultado ya se sabe,  al rato de comenzar a empinar el codo tenían una melopea que no podían con ella. Cantaban y cantaban y tambien bebían y bebían y lo que sobraba  en la garrafa se lo llevaban al pueblo y con ella iban cargando al baile de aquella noche, hasta que, sentados en algún portal, dormían la mona.


la campana, ermita de la Luz

Aquella noche los mayores se acostaban rendidos y los niños también y, por la mañana, la campana de la ermita de La Luz, junto a las de la parroquia, doblaban para recordar a los fieles que en cada casa había que encender una vela y rezar por el alma de los familiares difuntos. 


(Fragmento del libro "La Codosera, un pueblo con Raíces y Costumbres Rayanas")

martes, 2 de junio de 2015

LA PLAZA ALTA.



La plaza Alta.



La plaza y yo.


                          Una tarde de otoño, de esto hace ya algunos años, paseaba por esta plaza recordando los tiempos cuando yo era pequeño. En mis oídos creía escuchar la algarabía que niños y niñas formaban cada vez que salían al recreo a media mañana, procedentes de las dos escuelas públicas, de las cuatro,  que por entonces existían en este pueblo. Aqui al lado, justo detrás de donde yo estoy situado en la fotografía, estaba la de niñas, adosada a una casa de dos plantas, donde se encontraba la de los niños. En ésta última, en los bajos, también estaba la vivienda de la familia del maestro.



Festejos en la plaza

                        Se comentaba que los profesores no ganaban mucho dinero y su economía era poco boyante, por eso, la señora del maestro en su casa tenía la peluquería y no veáis la cantidad de chicas jóvenes y señoras casadas que se hacían la permanente, uno de los peinados de moda de la época, teniendose que secar sus cabellos al sol, sentadas en las poyatas de la plaza, porque otra forma de solucionarlo  no había. 



Las escaleras de la plaza

                   La vieja torre del reloj, que se ve en lo alto del edificio del ayuntamiento,  marcaba los tiempos necesarios para cualquier actividad desarrollada en el pueblo, ya que el reloj de pulsera o de bolsillos eran considerados elementos de lujo y eran pocos los vecinos que podían costearse uno. Para la terminación del recreo de los escolares la campana de la torre  también avisaba a los pequeños. 



Los funcionarios de entonces, asomados a los balcones del Ayuntamiento.

(Agustín Gallardo, Paco Rivero, Manuel Vado, Damián Morro y Javier Sama)

                       En la fotografía las agujas del reloj marcan las cinco de la tarde, la hora de salir los niños de clase, el momento en el cual la tranquilidad llegaba a este rincón del pueblo donde aquí, junto a la pared encalada, los abuelos aprovechando las horas del sol buscaban el calorcito de esta abrigada, no muy lejos de las señoras mayores que, sentadas en sus sillas de enea, le daban movimiento a la aguja de hacer ganchillo. 



La plaza de la Iglesia


                     Pero no todos los niños se marchaban a casa despues de salir de clase. Quizas fuesen a petiscar pero enseguida regresaban para jugar. 




Asi era la fachada del viejo ayuntamiento, oculta tras la reforma.

                      En este pavimento de tierra, ideal para ciertos juegos, se jugaba casi a todo, a los bolis, al mocho, con el aro, con la peonza,  al moscón, a los santos, a marro, a tintajerrera,  a la picota en invierno y al anochecer, con la leña traida del cabezo, a hacer grandes candelas hasta llegar la hora que decidían regresar a sus casas. 


Via Crucis junto al paredón de la plaza

                    Algunas niñas tambien encontraban en esta plaza un lugar para sus juegos. Aprovechando que el Ayuntamiento no habría sus puertas por la tarde, el andén era su lugar preferido donde hacer corros, saltar a la comba mientras cantaban sus canciones preferidas. Eso si, siempre alejadas de los niños. 



La casa de Manuel Gómez y el reloj. 

Viendo los troncos de los árboles de moreras, aún recuerdo la cantidad de niños que habrían subido hasta lo más alto posible, bien a coger las hojas verdes para alimentar a los gusanos de seda o para recolgarse de las ramas y realizar sus volteretas. 



La parte de arriba de la plaza 

                    Esta plaza era uno de los lugares de paso más importantes del pueblo. Por la mañana era frecuente ver a las mozas con sus cántaros a la cabeza camino de la fuente y, por la tarde, los mozos arreaban a sus caballerías para abrevar en los pilones de la fuente. 



Los novios con los padrinos, junto con el acompañamiento, por la calle arriba camino de la plaza

                         La plaza perdía vida al anochecer. Era el momento en el cual todo el mundo se recogía en sus hogares. Pocos puntos de luz de alumbrado público había en sus esquinas. Puede que alguna palomilla con sus correspondientes bombillas de pocos watios alumbraban la plaza. Llegaba entonces la hora del descanso, de reponer fuerzas y esperar a los primeros rayos del sol con los cuales en la plaza comenzaba otra vez la rutina. 




Anochecer en La Codosera



domingo, 3 de mayo de 2015

Pasaron " los mayos"





PASARON LOS MAYOS




Los componentes de "Andariegos Coseranos" se quisieron retratar con los premiados. 

               Llegó el mes de mayo después de una semana de lluvias, que el campo agradece. Los trigales reverdecen y las labores en el campo, preparando los canteros de hortalizas, se precipitan. Es la hora de sembrar si queremos recoger una buena cosecha.


Por esta calle los quintos bajaban cantando.  

         Quizás sea mayo uno de los meses mas bonitos del año. Es el mes de las romerias, de las que en cada pueblo hay unas cuantas, y también el mes de “los mayos”, esos muñecos de trapos que hemos visto colocados en los rincones de nuestras calles, ya no con carácter profano, como lo hicieron aquellos primeros romanos que, en honor a sus dioses, los ofrecían en señal de agradecimiento por la germinación de los campos.


Antiguo Ayuntamiento. Hoy reformado

          Los “mayos” de ahora, los peleles de trapo con la cara pintada, son de carácter lúdico festivo, reivindicativos de aquello que falta por hacer o divertidos, recordando profesiones u oficios, hoy ya casi olvidados.  


La caldereta preparada para comer

           Como cada año, los vecinos colocan a sus muñecos en diferentes  rincones de calles y plazas, normalmente situados cerca del lugar donde viven.  Este año, tal como les muestro en esta fotografía, el primer premio, el Ayuntamiento se lo ha concedido al grupo instalado en las escaleras que unen la dos plazas, la de la Iglesia, con la que fue  hace años sede del antiguo Ayuntamiento.  Un bonito lugar, dentro del casco urbano, muy apropiado para la representación del mensaje que han querido transmitir con la ambientación recreada del tema, “los Quintos”. Efectivamente, hablar de los quintos hoy día es recordar el pasado y situarnos casi treinta años atrás, que fue cuando dejó de ser obligatorio hacer el servicio militar. Por este motivo, existe  toda una generación de jóvenes actualmente que, si no se lo cuentan, no saben ni quienes fueron los quintos, un grupo de jóvenes, nacidos todos el mismo año, que durante generaciones fueron llamados obligatóriamente  para ingresar en el ejército con el objeto de servir a la Patria en acuartelamientos, dentro de la Península o en plazas africanas, incluidas la Islas Canarias. Hace algunas décadas, la mayoría de ellos, era la primera vez que salían del pueblo, por eso, ese día, las madres y las novias lloraban. Además, ser "quinto" de otro igual que él, imprimía carácter y, entre ellos existía una amistad casi familiar que duraría durante el resto de su vida. 


La lonja, donde vendían un poco de todo.

             También es muy significativo el lugar porque aquí, junto a estas escaleras, que anteriormente fueron escalerones, por donde más de dos chiquillos y personas mayores salieron rodando por la falta de soportes o agarraderas, toda vez que era el lugar que elegían los familiares, amigos y conocidos, para ver desfilar a los mozos, una vez que salían del ayuntamiento tallados y enfilaban la calle abajo buscando un lugar perdido y solitario donde divertirse.



La banda de música del pueblo


                  La representación de este año está muy bien conseguida porque, además de los muñecos, han colocado los elementos necesarios para la fiesta que en cada quinta no podían faltar. El solfista o acordeonista, que comenzaba a tocar y a entonar las coplas y cánticos que los mozos protagonizaban nada mas dejar de besar a todas las madres y novias que los esperaban una vez tallados por el médico oficial del pueblo:

-“Madre ya se van los quintos
   ya se llevan a mi hermano,
   ya no tengo quien me compre
   los pañuelos de la mano

Mientras que unos a otros se contestaban:

"Que te j..., te jod....,
  que te tienes que ir,
  que tu madre no tiene
  para librarte a ti. "

                Lo de librarte se refiere a la cantidad de dinero que las familias con recursos económicos suficientes pagaban a las arcas del Estado para que sus hijos no fuesen a la mili y por tanto, tampoco a la guerra. 



Estos dos paisanos venían de celebrara un bautizo en la iglesia y tambien se retrataron con los premiados. 

          Otro accesorios que aparece en el suelo, es el garrafón del vino, pero vino peleón, del que se bebía como el agua, sin vaso, si acaso utilizando la escupidera o bacinilla, que también aparece en el suelo, a la derecha.


Los quintos del 61, En este año cumplen 75. Era un dia de calor por que las chaquetas se las quitaron. Poco lujo se observa, solo uno tiene gafas de sol, hoy todos las lucirian. 


           El caldero también está incorporado. Aquel día era su fiesta y no había tregua para volver a casa y comer. La comida la organizaban en el campo, y para ello contrataban los servicios de una señora mayor, una cocinera de prestigio reconocido,  que les preparase la caldereta del chivo, que previamente habían comprado a uno de los carniceros del pueblo.


En el pueblo siempre ha habido buenos carniceros

           Y como el día iba a ser como el de este año, de excesivo calor, el sombrero o gorra no podía faltar, por eso iban a la lonja, una de las del pueblo, y compraban el correspondiente sombrero de paja, eso en los últimos años, pero en la época de nuestros abuelos no era necesario, ya que todo hombre, cuando llegaba a la mayoría de edad, como era el caso de los quintos, que se tallaban cumplidos los veintiuno, los padres le compraban el correspondiente sombrero de fieltro, que ya le acompañaría para siempre, incluso, hasta el día que fallecían, se lo entraban en la caja. 




El pueblo. 

lunes, 27 de abril de 2015

LA FIESTA DE "LOS MAYOS"

LA FIESTA DE " LOS MAYOS".



¿Que es eso de "Los Mayos"


                              La Festividad de los Mayos, también conocida como Los Mayos, es una fiesta popular de orígenes ancestrales que se celebra cada primavera en La Codosera el día primero del mes de Mayo.


                           Los “mayos”, son peleles confeccionado por los vecinos, a tamaño natural, utilizando ropa usada y rellenos con paja o cualquier otro material que los mantengan erguidos, los cuales protagonizan escenas satíricas y burlonas de muy diversa índole. Ese día, algunas calles del pueblo quedan invadidas por dichos muñecos de trapo caricaturizando temas o acontecimientos dispares en torno a profesiones, políticos o personajes famosos. 


                    En la actualidad y como atractivo turístico el Ayuntamiento de la localidad organiza un concurso dotado con diferentes premios.




Pero habrá viajeros que se preguntarán que de donde viene la celebración de esta fiesta. 



                  Efectivamente, la festividad ha ido derivando y en la actualidad se parece muy poco a como era la celebración hace algunas décadas.




                     Es una fiesta pagana y por tanto, como otras muchas, no contaba con las bendiciones de la iglesia. No olvidemos que en España existía una censura para todo lo público. Sus orígenes son remotos y existen diversas versiones. La creencia popular la atribuye a la época de los romanos en honor de la llegada de la primavera y del nacimiento de las primeras flores del año.



                     Durante la época posterior a la Guerra Civil española, la fiesta nunca dejo de celebrarse, aunque no contaron con el beneplácito de autoridades civiles o religiosas.



                  Aquella mañana, los más atrevidos y siempre algunos vecinos, más bien pocos, de los que vivían en las barriadas, abrían las puertas de su casa y sacaban a la calle los peleles que habían confeccionado con tanto interés y misterio la noche anterior. Un par de butacas o en sillas, una mesa y a esperar que pasaba.  


Barrio de San Miguel donde siempre hubo Mayos en las puertas.

                Los muñecos siempre eran la representación de un hombre y una mujer en plan jocoso, si no, no existía la gracia. El hombre con traje de pana, de los que en cada casa no faltaba uno en mal estado, la cara pintada y sin que le faltara el sombrero o la gorra, de los que había por la vivienda.


La Codosera celebrando sus tradiciones.


                 El hombre sentado en la butaca, espaturrao con la bragueta abierta y una mazorca seca de maíz entre las piernas, con algún que otro aditivo. La mujer habría de ser rellenita, hermosa, con buena delantera, en estado sano, la falda arremangada, enseñando las piernas y junto a su hombre esperaban la reacción risueña de los espectadores que pasaran delante de ellos. 


La Codosera.

                     Aquel día, casi en silencio para no alborotar mucho al pueblo, la expectación de los vecinos era general. Sabían por años anteriores que los muñecos no faltarían para continuar con la tradición de sacarlos a la calle y,  casi con miedo por lo que pudiera ocurrir, algunos pocos iban hasta los barrios para  verlos, sobre todo por la chiquillería, comenzando acto seguido extenderse el run run boca a boca explicando donde estaban, como eran y quienes los habían hecho. 


La Codosera es un pueblo divertido, como se ve en sus carteles

                   Suponemos que el alcalde también sería informado por los municipales y esperaría la opinión del cura para ver que es que lo procedía. No olvidemos que en los años sesenta un municipal de Cáceres mando retirar al propietario del escaparate de una librería una lámina en color del famoso cuadro de Goya “La maja desnuda”. 


 Aquí lo que solía ocurrir,  es que el alcalde no se daba por enterado y esperaba que el día terminara cuanto antes para no crear alborotos.