miércoles, 5 de marzo de 2014

La Familia Viola

La Familia Viola




                                                 Calle Alta con el Castillo y la Imagen al fondo


La Codosera es un pueblo que, como la mayoría de los pueblos extremeños, a partir de los años sesenta sufrió una fuerte emigración, pasando de tener una población censada cercana a los 4.000 habitantes hasta quedarse en los 2.337 a finales del pasado 2013. Este fenómeno migratorio nos ha llevado a encontrarnos codoseranos  dispersos  en pueblos cercanos unos y por diferentes partes del territorio nacional los otros, aparte de los que traspasaron las fronteras y continúan viviendo en el extranjero.


                                   Vista aérea de La Codosera año 1974

Esta sangría humana comenzó a notarse, primero en el casco urbano, donde hubo calles en las cuales sus casas quedaron casi desiertas por la marcha de todos los miembros de cada familia, y después en  caseríos y casas de labor ubicadas junto a la tierra  de la que extraían los productos necesarios para el sustento de su familia, dándose el caso que, desde siempre, ha sido de los pocos pueblos extremeños que los residentes en la población se aproximan a los que viven dispersos por la campiña. Esta forma de vivir en la actualidad es ya otra, pues la mayoría viven en el casco urbano. 


                           Autobús de La Estellesa cargados de maletas.

Detrás de cada familias  hay historias muy interesantes, desconocidas para la mayoría de los paisanos. Con ellas nos llevamos sorpresas y a veces nos maravillamos del progreso y desarrollo de bienestar que en sus lugares de destino han alcanzado.

De la familia Viola, de la que vamos a hablar, por suerte, aún quedan en el pueblo algunos de sus miembros, por lo que continúan siendo muy conocidos. El relato que os cuento se ha publicado esta semana en el diario Extremadura.com y espero que os guste.


  


Puentes sobre el Gévora en el año 1933





“Jacinto Viola Fernándes se casó con Dominga Fernández . El era un portugués de la Freguesía de San Julián del concejo de Portalegre y se dedicaba a la agricultura, era hortelano, tenía ganado y residía en la parte alta de La Codosera, en Badajoz, sobre la frontera. El matrimonio trajo al mundo a tres hijos: Manuel Jacinto , Juan y Gregorio .


Aurora, Angel y su cuñada Francisca.

 Juan fue en vida todo un personaje: contrabandista de café, hombre especial de gran fuerza física, que sabía de todo y tenía una enorme personalidad. Vivía en la campiña de La Codosera y murió soltero porque, dicen, era una persona inteligente. Gregorio se dedicó más a las huertas, a la pequeña agricultura y al ganado. Este sí se casó, vivía en la parte de arriba de La Codosera y luego se trasladó a Alburquerque porque se dedicaba al arriendo de fincas agrícolas, fincas que arrendaba a cambio del pago de una renta y se ocupaba de la propiedad de las mismas durante un periodo aproximado de seis años. Se trataba de fincas grandes, con muchas hectáreas, mucho ganado y mucha labor.



Manuel Jacinto contrajo matrimonio con Francisca Cardoso Piris , que era natural de la campiña de La Codosera, hija de Manuel Cardoso Duarte y de Rosa Piris , que eran agricultores y que además de Francisca llegaron a tener hasta 11 hijos: María , Rosa , Juana , Teresa , Francisco , Simón... y así hasta completar los 11.




Manuel Jacinto y Francisca fueron padres de siete hijos: Juan , que murió muy pequeñito, Josefa , Francisco , Manolo , Angel , Aurora y Juancho . Josefa y Francisco nacen en La Codosera. Manolo, en Alburquerque. Angel y Aurora también en La Codosera porque coincide el tiempo de la guerra civil. Juancho vino al mundo en Alburquerque, en la zona conocida como Monte Oscuro.




En los Riscos se encuentra la embotelladora de aguas que lleva su nombre



Josefa, la mayor de la prole, era espléndida mujer, casada con Andrés Piris , agricultor, y residentes en Los Riscos, cerca de la frontera portuguesa, al sur de Alburquerque. Francisco se casó con Filomena , también se dedicaron a la agricultura y vivieron a caballo entre Alburquerque y La Codosera. Manolo contrajo matrimonio con Josefa , cuentan que era el más avispado de la familia, se asentaron en La Roca de la Sierra donde se dedicaron al comercio porque tenían tiendas relacionadas con el sector de la alimentación. Angel se casó con Francisca y se dedicaba al negocio de la agricultura y la ganadería. También vivían en La Codosera. Aurora se casó en Alburquerque con Carlos Trat , igualmente agricultor y ganadero.



Paisaje de la Raya

Juancho, el hijo que completa el círculo familiar, ya con 5 años hacía los trabajos propios de una explotación agrícola: segaba a mano de sol a sol y araba con yunta. Pasó todas las penalidades propias del campo, pero con la suerte de que en casa siempre había abundante comida y agasajo, chimenea donde se colgaba la matanza y un cuarto donde dormir. Fue, pues, la de Juancho una infancia en cortijos grandes en Monte Oscuro o La Galga de Alburquerque, con habitaciones para las niñas, habitaciones para los varones, habitación para los padres... un ambiente agradable, entrañable y feliz, serio y corporativo, bajo la autoridad de Manuel Jacinto, el patriarca, una persona con absoluta jerarquía que merecía ser respetado porque el respeto de todos se había ganado.

                                                                       Callejas de La Codosera

En las fincas siempre había un aperador, encargado de la labor, que era la voz cantante si el dueño se ausentaba. A medida que los hijos de Manuel Jacinto se hacían mayores iban teniendo también voz en aquella especie de consejo del que igualmente formaba parte Francisca, la matriarca, mujer de genio, salero y ojos azules que para no darse importancia siempre decía que sus ojos eran del color de las coles. Una mujer que, como todas las madres, quería mucho a su gente. Esa fue, en definitiva, la infancia de Juancho Viola: su patria, porque como decía Rilke , la patria de uno está en esos años de la infancia y lo demás es todo accesorio.


Caserío de la Raya. Casa Simona


Antes de cumplir los 18, Juancho se trasladó con sus padres a Alburquerque, donde estudió en el Instituto de Segunda Enseñanza, en un libre adoptado, con bendición de los curas. Por la ventana de aquel instituto divisaba Juancho el cielo de la Sierra de San Pedro, ese azul intenso como los cuadros de Pietro de la Francesca . Así que a veces a Juancho le daban ganas de saltar esa ventana, de volver a su antigua vida, pero los exámenes apremiaban y había que acudir a otro instituto de Badajoz, donde parte del jurado lo formaban algunos profesores de Alburquerque, que eran quienes lo examinaban.


Anochecer en La Codosera. Torre del Reloj

                                                                             
Pasó el tiempo, terminó el Bachillerato y ante sí quedaban dos opciones: o estudiar Magisterio, o estudiar Comercio. De manera que Juancho optó por lo segundo porque el hermano de un amigo suyo hizo como trabajo de final de carrera un anteproyecto para desarrollar una unidad de producción y de negocios. Y aquello le encantó a Juancho, que justo en 1º de carrera le llegó la edad de irse a la mili.



Caminando bajo la lluvia junto a la frontera


 Como sus hermanos Francisco, Manolo y Angel ya habían ido a filas y él, por ley, podía elegir cuerpo y lugar, escogió Badajoz, donde había una pequeña Unidad de Caballería. Lo malo fue que aquel año la transformaron en Brigada Blindada Hernán Cortés, número 2, con 2.000 soldados en el llamado Cuartel de la Bomba, de manera que no tardó en darse cuenta de que la mili era tal y como la pintaban: algo duro. 



Calleja


La parte buena también la hubo: encontró Juancho que existían unas unidades de complemento, cuyos miembros en lugar de portar charreteras rojas o verdes las llevaban blancas. Pronto descubrió Juancho que aquellos soldados formaban parte de los Cursos Regimentales de Complemento, que se hacían en la propia mili, así que Juancho acabó licenciándose de sargento de regimiento de complemento con charreteras blancas y grises 16 meses después, lo que le sirvió para evitar el curso de alférez en Montejaque, que hubiera alargado dos meses más el servicio militar.

                                                                 
Campo con cancilla


Cuando Juancho acabó la mili y la carrera empezó a trabajar en una fábrica de piensos compuestos en Trujillo. Con su primer sueldo y un crédito de la Caja de Ahorros de Plasencia se compró su primer coche, un 2 caballos que costaba 185.000 pesetas.


Noche de verano en La Codosera



Juancho se casó en Guadalupe con María Antonia Sofía Nevado de la Calle , una cordobesa de Cardeña, hija de Enrique y de Teresa (agricultores y ganaderos que tenían olivares), a la que conoció en Alburquerque porque un cuñado de ella trabajaba en la Junta de Energía Nuclear y había acudido a visitarlo.


Pareja de cigüeñas en La Codosera



En ese tiempo, Juancho comenzó a trabajar en Sopren SA, una empresa de tratamiento químico de la madera. La pareja se fue a vivir a Sierra de Fuentes. Allí Juanjo era feliz porque en parte regresó a su infancia, a un lugar donde podía tener gatos y perros.


Pradera de flores junto a las encinas.

Como Juancho tenía amigos en Portugal y conocía bien ese país, una noche durante una cena en casa de su amigo Alberto Ramoncinho , gobernador civil de Castelo Branco, a la que asistió Ramallo , presidente de la República, le propusieron seriamente que fuera cónsul de Portugal en Cáceres, algo que alegró profudamente a su padre porque alejaba a Juancho definitivamente de cualquier aspiración política.




Caminantes de La Raya

Y así lleva 32 años, como cónsul honorario. Hoy, es abuelo de una nieta: Inés , y padre de cuatro hijos: Guadalupe , abogada en Madrid; Manuel , arquitecto; Enrique , profesor de instituto en Ecija, y Luis María , ejecutivo de Galerías Lafayatte en París. Junto a su esposa reside en el número 3 de la plaza de las Veletas, donde también viven las monjitas de San Pablo o el gobernador militar. Y es feliz Juancho Viola con su familia, también con su perro, que se llama Bonifacio Calatrava y tiene 18 años. A Bonifacio lo llaman teckel en Madrid, porque aquí en Cáceres lo llamamos 'perrino' y algunos con mala sombra, 'salchicha', que eso ya no tiene gracia.


Folklore en La Codosera

Lo cierto es que Juancho está exento de vanidades, él es de piñón fijo y sus amigos continúan siendo exactamente los mismos, y sus recuerdos, exactamente los mismos, y su patria, exactamente la misma, porque su patria, como diría Rilke, es su infancia y todo lo demás es accesorio.



domingo, 26 de enero de 2014

La Jubilación







El empresario junto a su hermana.


La Jubilación.-

No se si alguno de vosotros sentiréis malestar o alegría al ver que alguno de vuestros amigos, familiares o conocidos se jubilan. Para mi es un motivo de satisfacción el ver que despues de toda una vida de trabajo, por fín, se alcanza ese momento de descanso y tranquilidad que toda persona necesita. 


Junto a Francisco Santos, uno de sus antiguos colaboradores.

La Codosera es un pueblo fronterizo donde, durante años los negocios en la raya, aunque prohibidos, se realizaban, a pesar de cuantas trabas los gobiernos de turno impusieron. Por este motivo, los negocios que se realizaban fueron uno de los ingresos que durante años impulsaron la economía local. Los industriales de La Codosera, aunque no se dedicaran al contrabando expresamente, si eran conocedores que para ganar dinero había que estar preparados, estudiar los mercados y arriesgar con precaución. Uno de los negocios que florecieron durante años en La Codosera fue el de los huevos y las aves de corral, precisamente por la proximidad de la frontera y por la facilidad con que los vecinos de la otra parte de la Raya encontraban para trasladarlos y venderlos en tierra española, donde los mercados centrales de la capital de España, a través de lineas regulares de transportes, los recepcionaban.  


Dirigiendo unas palabras a los asistentes

Ayer se ha jubilado un buen amigo mio, José Gómez González, propietario de la empresa Granja el Cruce, que comenzó su andadura con el negocio de los huevos, cuya semblanza más adelante les detallo. 

Con su mujer y sus hijos

Con motivo del fenómemo migratorio, de La Codosera han salido muchos hombres y mujeres, emprendedores, que han triunfado en sus lugares de destino poniendo lo mejor de ellos mismos al servicio de empresas y negocios, con los cuales, se han ganado unos o contiúan en activo otros, su manera de vivir. Fueron tiempos muy duros en los cuales el futuro de la región extremeña era incierto. José Gómez fue uno de los que se quedaron, maniendo el tipo y buscando conexión fuera del pueblo con los cuales poder hacer negocios. 
Marcandose un baile

Por este motivo, esta jubilación era diferente a otras, por ser uno de los pocos codoseranos que, desde siempre, ha vivido muy cerca los problemas del pueblo y la dificultades que se le presentaban cada día para poder continuar con sus proyectos. 


Dirigiéndose a una de sus nietas y al público

Como amigo suyo, en este homenaje de ayer, quise elogiar su trayectoria humana y empresarial por lo que, en algo más de un folio, cuyo texto les transcribo,  le exprese mi admiración y el sentimiento positivo que que me honra al ser amigo suyo.  



Las palmas y los aplausos sonaban


"Amigo José.- Desde siempre te he admirado como persona, como amigo y empresario, un compendio de valores que no suele ser frecuente.


Con los amigos en 1961

Nos conocemos desde siempre. Juntos fuimos a la escuela de Arriba, a la  de don Andres, y allí aprendimos las primeras letras sobre aquellas  viejas pizarras enmarcadas en las que había que borrar las tareas una y mil veces con un trapo medio sucio cuando no con la manga de la camisa.  Nos tocó vivir en una España en la que no había casi de nada y donde protestar por algo justo estaba mal visto. A la escuela iba el que quería, llegabas un día, te apuntabas en la libreta del maestro y a los que no asistían a las clases no les ponían falta. Las calles y plazas del pueblo estaban nutridas de chavales como nosotros que se aburrían en la escuela y preferían jugar con otros de su edad a marro, tintajerrera, al mocho o a la raya.



Con su pandilla de amigos


Ese no fue tu caso. Con pantalón corto, dentro de la empresa familiar, aprendistes todo lo que en la escuela no te enseñaron. Sin duda tuvistes los mejores maestros. Estudios de mercado. Competencia. Rentabilidad. Seriedad y disciplina.



El dia que en su pueblo le entregaron el título de codoserano del año.

Con este bagaje, quizás no cumplidos los doce años, como fue tu caso, tuvistes el primer contacto con el mundo comercial. Comprar y vender. Negociar. Cobrar. Pagar. Contar. Todo el dia contando y embalando pasaban los días, semanas y meses. Contabas por reales, por docenas, por cuartillas, por arrobas, por fanegas, por cajas, kilos, cuartos y cuarterones. Sin darte cuenta ya estabas conectado a la rueda de la productividad, un mundo fascinante en el que te movias como pez en el agua. Uno de los días mas felices de tu vida, sin duda,  fue cuando tu padre te entregó, con el compromiso de pagarla, las llaves de tu primera furgoneta, fue consciente que había nacido un empresario.


Sus nietos le entregan la placa que lo acredita

Los acontecimientos se sucedían mientras el mundo avanzaba en un pueblo que, por aquellos años no había crisis, eramos un país subdesarrollado. ¡Que te van a decir a ti de bienestar ni de carreteras,! cuando tus primeros kilómetros, durante años, circulabas por caminos vecinales, piedras sin alquitranar donde los pinchazos en los neumáticos eran frecuentes. Seguro que han sido tantos los kilómetros que has recorrido que enumerar la cantidad te seria difícil.


Con su hijo Raul, sucesor en una de sus empresas.

Incansable cuanto mayor era el riesgo, cumpliendo  objetivos, aumentaba tu autoestima. Asi te hemos visto los que hemos estado cercanos. Un luchador nato, tenaz ante las adversidades.

Pero todo llega y, hoy, tu familia y tus amigos, nos reunimos aquí para celebrar el fin de una etapa que has sabido cumplir con éxito. Han sido mas de cinco décadas de trabajo casi sin parar, sin apenas vacaciones, tratando de solucionar cuantos problemas surgían cada dia.


Con algunos de los asistentes a la comida de despedida.

Dicen que la distancia mas corta entre dos puntos es una recta, pero en tu caso han sido muchas curvas por ti enderazadas.  Ese ha sido tu saber, lograr en el mundo empresarial lo que otros no fueron capaces de imaginar. Crear empresas, reflotar otras y lograr beneficios. Y todo esto sin renunciar a vivir en tu pueblo, paseando el nombre por doquier. La Codosera es un lugar entrañable, para sus hijos y para cuantas personas la conocen. Un enclave hasta hace poco tiempo perdido en un rincón de los mas bellos de Extremadura, un paraíso natural desconocido para el gran publico,  en el que tu, con tus empresas desde siempre has promocionado.


Hubo un fin de fiesta

Hoy comienza para ti un nuevo periodo  que espero y deseo que lo disfrutes, que a partir de ahora, le dediques lo mejor de ti a tu familia, a tu mujer, Blanca, a tus hijos y a tus nietos. Ellos te lo van a agradecer y te puedo asegurar que, por experiencia, ver crecer a los mas pequeños, es uno de los acontecimientos mas gratificantes que la vida nos brinda.

Los asistentes se animaron. 



Te deseo toda clase de venturas en tu nueva etapa, que si hay personas  merecedoras de ello, sin duda, tu eres uno de los que por meritos propios te lo mereces. Muchas felicidades y mucha suerte!!"









La Codosera.

Su semblanza:

Desde muy pequeño José ya sabía lo que era hacer negocios, ya que en la casa de sus padres comprar y vender era una rutina diaria. Su madre tenía un comercio, especie de ultramarinos, donde se vendía un poco de todo,  y  su padre, con  una mula de su propiedad, con la que recorría los caseríos de la Rocita, el Convento de Mayorga y cuantos cortijos encontraba en ruta, haciendo el negocio de la recova.

Al igual que otros empresarios del sector, su padre,  comenzô a remitir a los mercados madrileños,  los artìculos que en la zona compraba. Pero a partir del año 1956 decidió dar un giro a su empresa y buscar alternativas. Badajoz, la capital de la provincia, estaba más cerca que Madrid, un lugar con grandes posibilidades para vender y comprar. Para poner en marcha su nuevo proyecto, adquiriò un furgón y contrató  un empleado, a Quico Manoto, Francisco Santos Rivero, como ayudante ayudante. En un primer momento el suministro de huevos fue su primer objetivo, ya que en la capital había almacenes distribuidores, así como grandes consumidores que los compraban al mejor postor, además de descubrir lo que era el mercado de la Plaza Alta.


Badajoz

A la capital el furgón iba y regresaba cada día. De chofer Agustín Gómez su padre; de ayudante cargador, Quico y de aprendiz, José, que comenzó a viajar con doce años, nada más dejar la escuela. Madrugaban muchos, debido a que los compradores tenían que estar en sus tiendas antes de las nueve de la mañana, que era la hora de abrir al público. El furgón a la ida, además de los nuevos, llevaba cantidad de sacos con otros productos para vender y cultivados en las fincas del pueblo, frijones, garbanzos, judías verdes, fradiños, pimientos, tomates, calabacines,  ajos, cebollas,  etc., etc., todo lo que fuesen artículos para comer eran bien recibidos por los clientes pacenses. En el mercado de la Plaza Alta, a las nueve de la mañana ya habían terminado, después le quedaba el resto, la venta de los huevos, que había que servirlos a domicilio. José junto a su padre comenzó a conocer el callejero de la ciudad. El furgón y venía por una calle, por la otra, aquí si, aquí no quieren, ofreciendo una y otra vez y el cliente reacio a comprar. Una lucha y un arte que había que ejecutar diariamente. En almacenes, comerciantes, restaurantes, hoteles, pasteleros y dulceras había que estar cada día, y si no, el que llegaba los vendía.


La Codosera

Cuando José tuvo la edad, se sacó el carné de conducir y suplió a su padre en los viajes a Badajoz, mientras que en el pueblo familias enteras emigraban a Alemania, a Suiza  a Francia, a Madrid, a Barcelona, al País Vasco, a Castellón y a otros lugares. Para el traslado de sus enseres, los emigrantes, familias enteras, contrataban los servicios de un camión y otros, con menos muebles, una furgoneta. José no paraba de dar viajes con el furgón. A Móstoles cobraba 4.000 pesetas y a Alcalá de Henares 4.500. Como tenía que ir diariamente a Badajoz, los traslados los hacía en  sábados, aprovechando que aquel día no había mercado. Salían  después de comer y llegaban al destino a media noche. En el furgón podía viajar el conductor y dos personas más, el resto de familiares, si los había, utilizaban otros medios. Cuando llegaban al destino y entraban en la casa,  echaban al suelo unos colchones de los que llevaban, y allí mismo dormían. A la mañana siguiente, le descargaban el resto de muebles y regresaba al pueblo. Tardaba ocho horas en hacer el trayecto de ida y otras tantas de vuelta.


La Codosera


                En estas fechas, los negocios familiares estaban estructurados en base a que los ingresos en efectivo iban a una caja central, de esta forma, los dineros que ganaban los hijos que no se habían independizado entraban a formar parte del patrimonio familiar. Durante ese periodo, los padres pagaban y administraban los gastos de los hijos, incluidos los de la boda cuando se casaban, que, con casa y familia propia, se independizaban. José se casó con Blanca, y su padre lo pagó todo. Cuando vino del viaje de novios, le habían sobrado quinientas pesetas y se la fue a devolver, y éste le dijo que aquellas se las podía quedar, y a partir del día siguiente se haría  cargo del negocio que generaba el furgón, pero que no era un regalo, tendría que pagarle el valor del mismo según facturas de compra. José acepto el compromiso. Se levantaba de lunes a viernes a las tres de la mañana para estar en el mercado de la Plaza Alta  antes de las cinco, hora tope para poder  acceder al interior como vendedor, ya que el número de puestos autorizados era limitado.


La Codosera, desde La Lamparona

                Paralelamente a su enlace matrimonial, en el pueblo se estaba gestionado la que iba a ser su mayor empresa, la Granja el Cruce, en principio con capital aportado por doce socios. Uno de ellos su padre.

                La Granja, en forma de sociedad, se creó  gracias a la iniciativa de Manolo Gómez del Solar, veterinario de profesión y afincado en Pozuelo de Alarcón, donde  era asesor de unas granjas  y propietario de otras, conociendo por tanto un mercado emergente que estaba en alza. De los doce socios, casi todos eran familiares y amigos del veterinario, menos Agustín Gallardo Morro, Pablo Brígido, Casildo Pulido y Agustín Gómez, el padre de José. Este último adquiría el compromiso de quedarse sin condiciones, con la producción de la Granja. Un compromiso en el que tuvo mucho que ver José, asumiendo la obligación de venderlos.
La Codosera. Río Gévora

               
                En el año  1975 muere Agustín Gómez, el  padre de José, y tres años más tarde, de los doce socios fundadores,  nueve se retiran y ponen en venta sus acciones. Solo quedan tres, Manolo Gómez, su amigo Reyes y José que se había quedado con las acciones de su padre. Los tiempos no eran buenos para el mercado y los tres amigos tuvieron que afrontar la compra de participaciones. José, gracias a que un banco conocido creyó en él y  le dio el dinero,  pudo pagar la parte que le correspondía. Dos años después, en 1980, compró la totalidad de las acciones y se quedó como socio único y unas cuantas de letras por pagar en el Banco."


Paisaje colorista de la Raya

                   Estos fueron sus inicios. Despues llegarían nuevos proyectos  y la expansión de su negocio estrella, "La Granja", creando una red de sucursales distribuidas por la región extremeña. Su suerte, contar con dos hijos varones incorporados al negocio, Raul y Marcos que, junto a su padre,  aprendieron el oficio. Hoy ya están incorporados plenamente en la trayectoria comercial familiar, manteniendo los puestos de trabajo y creando vias nuevas de expansión. Una firma codoserana, extremeña,  abierta a nuevas ideas y retos asumibles. 

                


viernes, 15 de noviembre de 2013

Las Infantas Portuguesas




Juana la Beltraneja


                      En La Codosera el nombre de Juana la Beltraneja es muy conocido. El castillo del pueblo lleva su nombre, porque dicen que aquí estuvo encarcelada, por mandato de su tía Isabel la Católica, una vez derrotado su ejército por las tropas isabelinas. Tambien existe una asociación de mujeres con el nombre de la reina castellana. 
Dibujo del Castillo de la Beltraneja.

                     Juana la Beltraneja es un personaje histórico muy importante de nuestra historia, que jugó sus cartas en su tiempo, perdió y derrotada marchó al exilio, a Portugal, no antes de intentar casarse con el heredero al trono de aquel país cuando apenas contaba un año de edad. Así era la vida de entonces de reinas, infantas y princesas. Juana la Beltraneja fue coronada reina de Castilla, oficialmente hija de Enrique IV  y de doña Juana, infanta portuguesa, hija de Don Duarte de Portugal. La Beltraneja fue considerada por muchos hija de los amores adúlteros de su madre con don Beltrán de la Cueva, primer ministro de su marido y Señor de La Codosera, entre otros títulos nobiliarios. 



Mapa de Extremadura

                             Al igual que lo hicieron las infantas portuguesas, en La Codosera, por la proximidad con Portugal, los matrimonios mixtos entre parejas, desde siempre, han sido frecuentes, la única salvedad es que, las infantas lo hicieron por intereses de estado y las codoseranas se casaron por amor. A algunas el cortejo iba a esperarlas antes de la boda, en Badajoz, junto al río Caya. En La Codosera, los invitados llegaban hasta El Marco, pasaban el regato del Abrilongo recogían a la novia y contentos, todos juntos, regresan al pueblo, donde el cura los casaba.  


Iglesia primitiva de La Codosera

                   Recientemente se ha publicado un libro por una periodista española,  destacada en Lisboa como corresponsal, llamada Belén Rodrigo donde cuenta la vida de once infantas portuguesas que, por matrimonio, fueron reinas españolas. 

                        A los que os guste un poco la historia y conocer los motivos por los cuales se casaron todas ellas, aquí os dejo una reseña que espero sirva para entreteneros y conocer algo más a nuestros vecinos los portugueses. 

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                         Fueron hijas legítimas de los reyes portugueses que se casaron con príncipes herederos o reyes de otros reinos peninsulares, convirtiéndose en reinas de León, Castila, Aragón y España. En total fueron once infantas lusas que entre 1165 y 1816 subieron al trono español. A lo largo de setecientos años contribuyeron, gracias a su matrimonio, a estrechar los lazos ibéricos y sus nombres quedaron asociados a acontecimientos de relevancia. La historia de alguna de ellas ha tenido mayor destaque que las restantes como es el caso de las madres de Isabel la Católica y de Felipe II, ambas procedentes de la realeza lusitana. Otras han sorprendido a michos, como la de Juana de Portugal hija de Duarte y hermana de Alfonso V, que se casó con Enrique IV de Castilla protagonizando un raro episodio de la época. Fue la primera reina católica que cometió abiertamente adulterio y concibió un hijo del amante.
Sin embargo, hay que reconocer que las historias de estas infantas, salvo algunas excepciones, son bastante desconocidas. “Ello es así porque la historiografía suele interesarse más por las reinas propietarias. Y estas mujeres, siendo consortes, en el mejor de los casos, obtuvieron el poder por delegación. A pesar de que algunas surgían de un “humus” cultural muy sofisticado”, explica a ABC el historiador italiano Marsilio Cassotti, autor del libro “Infantas de Portugal. Reinas de España”. “Es el caso de la esposa de Fernando IV de Castilla, la infanta Constanza de Portugal, cuya madre, santa Isabel de Portugal, nacida infanta de Aragón, se había llevado a tierras portuguesas a su dama de compañía, Vetaxa Lascaris, nieta de un emperador bizantino. El matrimonio de Constanza introdujo en Castilla el uso del nombre Isabel”, puntualiza.

                               La vida y el destino de las once infantas fueron muy diferentes
Cassotti se interesó por la vida de estas infantas mientras investigaba un tema relacionado con la monarquía en España. “Me di cuenta de que, desde el nacimiento del reino de Portugal hasta comienzos del siglo XIX, once infantas portuguesas (doce, si se considera a una que vivió poco tiempo) fueron reinas consortes de León, Castilla, Aragón y, finalmente, España”. Destaca además que se trata de la nacionalidad más importante, desde el punto de vista numérico, de entre todas las consortes de origen extranjero que detentaron coronas hispánicas.

                                     La vida y el destino de estas once mujeres fueron muy diferentes en algunos aspectos. Las bodas de las tres primeras (Urraca, Teresa y Mafalda) sirvieron para sellar alianzas y alcanzar la paz en un momento en el que Portugal luchaba por consolidar el reino. Todas ellas sufrieron la humillación y las dificultades que conllevaba la separación matrimonial impuesta por el Papa, porque el Código Graciano prohibía la unión entre parientes consanguíneos hasta el séptimo grado. Cassotti recuerda además que ser reinas españolas “casi nunca sería una tarea fácil para ellas”. A comenzar por la infanta Urraca de Portugal, casada en 1166 con el rey Fernando II de León, con la finalidad de que dos territorios unidos hasta hacía poco hicieran las paces. “Después del nacimiento de un heredero el matrimonio de Urraca fue anulado y ella tuvo que retirarse a un convento de por vida”, explica el historiador italiano.

Matrimonios pactados

                                 Fueron todos matrimonios pactados y hasta el siglo XVI, el acento estaba puesto, sobre todo, en la mejora de las relaciones entre las dos partes, “desgastadas de tanto en tanto por el intento de recuperación de la antigua unidad territorial”, dice Cassotti. Algo que resulta evidente en el matrimonio de Isabel de Portugal con Juan II de Castilla. “La unión de los padres de la futura Isabel la Católica intentaba reparar los daños producidos después de que, en el reinado anterior, los castellanos invadieran Portugal”. Más tarde, tras la instauración de la casa de Braganza en Portugal, a mediados del siglo XVII, el nexo de las uniones dinásticas se encuentra también, en la búsqueda de soluciones a conflictos ambientados en los territorios coloniales americanos.
      
Adaptadas a su papel de reina

                                 El hecho de que la mayoría de las madres de esas infantas portuguesas fuera de origen español (gracias a la institución de los “dobles matrimonios”: una infanta portuguesa se casaba con un rey o un príncipe heredero español y viceversa) hacía que sus hijas, por lo general, conocieran la lengua y las costumbres del país de adopción. “Muchas veces los servidores de una reina consorte portuguesa eran hijos de la nobleza que había servido a su madre en España de soltera”, subraya Cassotti. Un caso singular caso de “inadaptación” se produjo cuando la infanta María de Portugal, esposa de Alfonso XI de Castilla, después de ser testigo de varios homicidios perpetrados por su hijo, Pedro I el Cruel, o sus acompañantes, ante el temor de convertirse en la próxima víctima, decidió regresar a Portugal.

                               Pero lo verdaderamente importante en la vida de estas mujeres es que cumplieran bien su papel y el principal cometido de una reina consorte era dar descendencia a la corona. “Y este fue cumplido por casi todas las de origen portugués. Una de las notables excepciones fue Bárbara de Braganza, culta y abnegada esposa de Fernando VI de España, protagonistas de un caso de amor conyugal; de hecho, el marido enloqueció después de la muerte de la reina”, recuerda e historiador. Bárbara no tuvo hijos porque el rey era estéril pero cumplió con otros deberes característicos de las consortes regias de su época, el patrocinio de instituciones religiosas, la fundación conventos, en su caso el de las Salesas Reales de Madrid y el mecenazgo a artistas, como Domenico Scarlatti, maestro de música particular que ella se había traído de Portugal.

La felicidad de las reinas

                               La vida privada de todas ellas está llena de sorpresas. Sus bodas, embarazos, rivalidades con la reina madre y con las amantes del rey sin olvidar la educación de los príncipes o la lucha por el poder con las nueras. También fueron mecenas de pintores, músicos y arquitectos sin olvidad sus vocaciones religiosas. Y al final ¿fueron felices estas reinas? “Si por felicidad se entiende ser bien tratada por el rey y honrada por los cortesanos, es probable que la infanta Beatriz de Portugal, segunda esposa de Juan I de Castilla, fuera feliz”, afirma Marsilio Cassotti. “Y ello a pesar de no dar descendencia a su marido, el cual se había casado con ella para fundamentar sus derechos a la corona portuguesa”, añade. Aunque ese plan terminó con la derrota de los castellanos en Aljubarrota, ello no afectó al tratamiento de la consorte. “Por lo menos la documentación muestra que Beatriz fue muy bien tratada por los hijos de un anterior enlace del rey, los cuales, tras la muerte de la madrastra, mandaron levantarle un magnífico sepulcro de alabastro en el convento de Sancti Spiritus de Toro, en el que se la connotaba como reina de Castilla y Portugal”.
Por su parte, Isabel de Portugal, esposa de Carlos I de España, consiguió la admiración de la corte y la veneración de sus súbditos. “Pero en el epistolario de la emperatriz durante sus regencias se vislumbra alguna educada queja sobre la soledad a la que la sometía el cónyuge”, aclara el historiador. Sin embargo, Isabel tuvo la última palabra, sobre el emperador, en la elección del hombre que educaría al heredero, el futuro Felipe II, “quien posteriormente convertiría a su madre en modelo a seguir por las sucesivas reinas consortes españolas”.

Juana de Portugal

                                      Entre todas las infantas portuguesas que acabaron por ser reinas en España el historiador Cassotti no duda en destacar la historia de Juana de Portugal, esposa de Enrique IV el Impotente, a la que ha dedicado recientemente una biografía, “La reina adúltera”. “Una mujer con la capacidad de seducción de una Diana de Gales y la determinación de una Margaret Thatcher, todo ello inoculado con altas dosis de disimulación”, empieza por explicar. “La visión que la historiografía española ha dado de ella está condicionada por la versión del cronista Alonso de Palencia, que la conoció personalmente y la odiaba. Y sobre todo, porque a Juana le tocó el antipático rol de antagonista de una mujer tan emblemática como la futura Isabel la Católica. Pero se olvida que incluso ésta pasó de los once a los diecisiete años de edad en la casa de la reina portuguesa, y que allí adquirió unas destrezas que le permitirían, ya durante su reinado, recibir de un leal y culto súbdito el calificativo de “maestra de disimulaciones”, en el sentido de dominio del arte de gobierno” continúa exponiendo. Mientras Juana había intentado convencer a Isabel de que casara con el rey Alfonso V de Portugal, hermano de la reina, “la infanta castellana había leído, en portugués, una obra de Cristina de Pisán, básica para la formación de las soberanas, que se hallaba en la rica biblioteca de su cuñada. Por otra parte, los once documentos de época que se presentan en su biografía apoyan la hipótesis de que Juana fue sometida a ciertas “maestrías” para solventar la impotencia, que no esterilidad, del marido. Cassoti explica igualmente que el Dr. Maganto Pavón, especialista en urología de un importante hospital de Madrid, considera a alguno de esos documentos como el primer registro histórico conocido de una forma rudimentaria de inseminación artificial o asistida, practicada por físicos judíos a la reina. “Otra cuestión es que el resultado de esas “maestrías” fuera la princesa Juana, la Beltraneja”, puntualiza.

                                        “Mucho antes de que Virginia Woolf escribiera que a una mujer le hacía falta “un cuarto propio” para ser independiente y dedicarse a la escritura, aquella “poderosa señora” portuguesa (según definición del poeta contemporáneo Gómez Manrique), comprendió que una consorte real, si quería llevar adelante sus propias estrategias políticas, debía contar con una sólida base económica”, sigue relatando el historiador. La portuguesa no sólo obtuvo, de su marido, una de las dotes más cuantiosas de la época, sino que la envió a Portugal para ser administrada y mantener a buen recaudo. “Pero su cometido de lograr la “Unión ibérica” por el lado portugués fracasó, porque Juana se topó con alguien más astuto que ella, Fernando de Aragón, el adecuado novio elegido por Isabel”, finaliza Cassotti.

Investigación

                                       Ha sido un extranjero quien ha traído al conocimiento de los portugueses la vida de estas mujeres olvidadas. Con sus biografías se entiende mejor la historia de Portugal y por consiguiente, la de España. El autor de “Infantas de Portugal. Reinas de España” llevó a cabo una difícil labor de investigación y recopilación de datos porque lo poco que se ha escrito es a través de cronistas e historiadores del pasado que escribieron “con mejor estilo literario que rigor histórico (y un alto grado de intencionalidad política)”. Sus crónicas acabaron por influenciar lo poco que se conoce sobre ellas que responde a clichés o chascarrillos populares. Entre ellos, el que mofaba a Isabel de Portugal, esposa de Fernando VII (“Fea, pobre y portuguesa, ¡chúpate esa!), “olvidando que los estudios de pintura de esa infanta le permitieron aconsejar a su marido la creación de una galería abierta al público donde exponer antiguos cuadros que permanecían arrumbados en un depósito de El Escorial, origen del Museo del Prado de Madrid”, recuerda el historiador.

Las once infantas portuguesas

Doña Urraca. Reina de León (1150?-1222?)
Hija de Don Alfonso Henriques y de Mafalda, se casó con Fernando II rey de León en 1165, después de enviudar de Raimundo de Borgoña. Madre del rey Alfonso IX de León. El Papa Pascual II anula su matrimonio al que se opuso la nobleza de León y Castila generando un clima de guerra civil en el reino. También hizo frente a su hijo, que fue rey de Galicia, para poder mantener el trono.

Doña Teresa.- Reina de León (1176-1250)
Hija de Don Sancho I y de Dulce, casada con Alfonso IX de León en 1191 con quien tuvo tres hijos (Sancha, Dulce y Fernando), y su matrimonio fue invalidado por ser primos. Transformó el convento benedictino, de Lorvão, en un monasterio cisterciense. Fue beatificada por el Papa Clemente XI en 1705.

Doña Mafalda.- Reina de Castilla (1195-1256)
Hija de Don Sancho I de Portugal y Doña Dulce de Barcelona. Se casó en 1215 con Enrique I de Castilla, hijo de Alfonso VIII. Como ambos eran muy jóvenes el matrimonio no se consumó y se disolvió un año después. Fue monja en Arouca y beatificada en 1793.

Doña Constanza.- Reina de Castilla (1290-1313)
Hija de Don Dinis y Doña Isabel de Aragón. Se casó con Fernando IV de Castilla en 1302 para sellar definitivamente la Paz de Alcanizes firmada cinco años antes. Madre de Alfonso XI de Castilla.

Doña María.- Reina de Castilla (1313-1357)
Hija de Don Alfonso IV de Portugal y Beatriz de Castilla. Se casó con Alfonso XI de Castilla y tardó varios años en darle un heredero, que acabaría por convertirse en Pedro I de Castilla. El rey mantuvo abiertamente una relación extraconyugal con Leonor de Gusmão y la joven reina se marchó a Évora donde estaba la corte de su padre, generando un breve conflicto entre Portugal y Castilla.

Doña Beatriz.- Reina de Castilla (1373-1421?)
Hija de Fernando I de Portugal y de Leonor Teles. Se casó con Juan I de Castilla. Al morir su padre en 1383 Leonor Teles asumió la regencia y proclamó a su hija reina de Portugal. El pueblo no lo aceptó porque consideraba que estaba en causa la independencia de Portugal. La crisis con Castilla acabó en la batalla de Aljubarrota, en 1385, donde los castellanos fueron vencidos.

Doña Isabel.- Reina de Castilla (1428-1496)
Hija del Infanta Don Juan. Casó con Juan II de Castilla y fue madre de Isabel, la católica. Su matrimonio fue acordado por el condestable don Álvaro de Luna, valido de Juan II. Al morir el monarca en 1454, Isabel de Portugal se retiró al castillo de Arévalo, donde pasó el resto de su vida. Durante sus últimos años sufrió, según las crónicas, un grave deterioro mental, que degeneró en demencia.
Doña Juana.- Reina de Castilla (1438-1475)
Hija de Don Duarte de Portugal. Se casó con Enrique IV de Castilla y fue madre de la “Excelente Señora”, Juana la Beltraneja, considerada por muchos hija de los amores adúlteros entre Doña Juana y Don Beltrán de la Cueva. .
Doña Isabel.- Reina de España y Emperatriz de Alemania. (1503-1539)
Hija de Don Manuel I y de Doña María, se casó en 1526 con Carlos V. Madre de Felipe II de España (y I de Portugal). Fue regente de España entre 1528 y 1533 y más tarde entre 1535 y 1538, cuando su marido estaba ausente por motivo de guerras. En 1529 firmó el tratado de Portugal sobre sobre las islas Molucas.
Doña Bárbara.- Reina de España (1711-1758)
Hija de Don Juan V de Portugal. Se casó con Fernando VI de España. Ocupó un importante papel en la corte española, especialmente como mediadora entre el rey de Portugal y su esposo. Amante de la música, se sabe que compuso sonatas para una gran orquestra. Promovió la construcción del Convento de las Salesas Reales de Madrid. Su muerte provocó la locura de Fernando VI, que murió un año después

Doña María Isabel .- Reina de España (1797-1816)
Hija de Don Juan VI de Portugal y Doña Carlota Joaquina. Se casó con Fernando VII de España con el objetivo de reforzar las relaciones entre los dos países. Destacó por su cultura y por su gusto por el arte. Partió de ella la iniciativa de reunir obras de arte de monarcas españoles para crear un museo real, el futuro Museo del Prado. Está sepultada en el Monasterio del Escorial.