domingo, 19 de noviembre de 2017

Revista de Estudios Extremeños. La Codosera un pueblo de la Raya.

El río Gévora a su paso por La Codosera

Pinchar en el enlace para descargar la revista completa. A partir de la pagina 473 se puede ver el trabajo sobre La Codosera.

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domingo, 12 de noviembre de 2017

La Codosera y la nueva ley regional de urbanismo.








LA CODOSERA Y EL TURISMO.

En los últimos cincuenta años, en La Codosera el auge urbanísticos ha sido espectacular, pasando de tener 16 calle hasta llegar a las 60, que son las que posee en la actualidad. Pero La Codosera no solo es casco urbano, podemos decir que el número de construcciones existentes en los extrarradios,  dentro de su término municipal,  es igualmente notorio el aumento surgido en el mismo periodo.

Se ha construído bastante, pero no todo lo que el mercado demanda, y ello debido a las trabas que la Ley del Suelo exige a la hora de autorizar nuevas construcciones. 

Las noticias que nos llegan sobre "La nueva Ley regional de Urbanismo" que prepara la Junta de Extremadura, son excelentes para el desarrollo y expansión de La Codosera, por encontrarse dentro de los municipios con menos de 5.000 habitantes , beneficiarios de la misma. 

Desde hace bastante tiempo, La Codosera apuesta por el turismo como un recurso importante para la economía de sus habitantes. A partir de ahora, la construcción de instalaciones deportivas, casas rurales, complejos hoteleros, restaurantes y cualquier otro tipo que redunde en el bienestar del pueblo, contarán con los permisos oficiales para que se construyan en cualquier terreno dentro de su término municipal. 

Son muchos los recursos turísticos que dispone La Codosera, por su entorno natural rico en vegetación derivada de los ríos que surcan la población, su rica gastronomía, su proximidad con los pueblos vecinos portugueses y, sin olvidar la fe de los devotos de la Virgen de Chandavila que seguro que les gustaría encontrar un hotelito, frente al Santuario, para descansar unos días, allá en la Sierra, junto a su Virgen, un hecho que hasta ahora la Ley actual no lo permitía.



http://www.hoy.es/extremadura/nueva-regional-urbanismo-20171110224912-nt.html


miércoles, 7 de junio de 2017

El Castillo, don Jenaro y su Herencia.




En busca de la sede de la Fundación Gumiel.



Castillo de La Codosera

             Hace 5 años, el 15 de Junio del año 2012, el periódico España Exterior, publicaba un trabajo muy interesante sobre la Fundación Gumiel, que por su interés para los habitantes de La Codosera, merece la pena comentar y difundirlo. Concretamente se refiere a la construcción y  funcionamiento de la Residencia "El Retorno", en Alalpardo (MADRID), una población pequeña, de 2.389 habitantes, que comparte municipio con Valdeolmos-Alalpardo, distante de la capital a unos 30 kms. aproximadamente, la cual,  días pasado, tuve a bien visitar y grande fue mi sorpresa al comprobar el lamentado estado en el que se encuentra, tal como se puede comprobar por las fotografías que al final de este escrito les inserto. 


 "La residencia ‘El Retorno’ cierra sus puertas por falta de recursos económicos

Las 19 personas que allí vivían serán realojadas en sus comunidades autónomas de origen  Última Actualización Viernes, 15 de Junio de 2012. 14:50h.

                    La entidad, gestionada por la Fundación Gumiel, necesita casi 439.000 euros y la ayuda ofrecida por la Dirección General de Migraciones para 2012 sería, como mucho de 285.000 euros. El pasado 5 de junio se iniciaron los trámites para el traslado de los 19 residentes a centros en sus respectivas comunidades autónomas de origen.

                         La residencia ‘El Retorno’, situada en el ayuntamiento madrileño de Alalpardo, cerrará sus puertas en los próximos días debido a la falta de recursos económicos para afrontar sus gastos de funcionamiento.

                      La residencia, puesta en marcha en 1988 por la Fundación Gumiel, necesita casi 439.000 euros para poder atender a los 19 emigrantes retornados que actualmente acoge y solamente lograría, como mucho, la ayuda de 285.000 euros que le han ofrecido desde la Dirección General de las Migraciones (DGM). Por este motivo se ve abocada al cierre.

                       El proceso de realojo de los 19 emigrantes retornados que viven en esta residencia se inició formalmente el pasado 5 de junio cuando desde la Fundación Gumiel solicitaron a la Dirección General de las Migraciones que se iniciase sin más demora el traslado de los residentes. Unos días antes, el 31 de mayo, habían informado desde la Fundación que no consideran viable el funcionamiento de la entidad con la ayuda de 285.000 euros propuesta por la Dirección General de las Migraciones en una reunión anterior, celebrada el 31 de mayo.

                  Ante esta situación, la Comunidad de Madrid y los servicios sociales de la Mancomunidad y del Ayuntamiento de Valdeolmos-Alalpardo iniciaron los trámites para la declaración de situación de emergencia social que posibilite la reubicación de los residentes en ‘El Retorno’ lo antes posible. De hecho, según informaron desde la DGM, los días 6 y 7 de junio trabajadores sociales de los citados servicios sociales municipales se personaron en la residencia para comprobar, cumplimentar y, en su caso, requerir la documentación necesaria para este trámite.

                     La directora de la residencia, Consuelo Gala, ha declarado que ”estamos pagando con un colchón que teníamos de la Fundación, pero llega un momento en que ya no podemos aguantar más. Ni podemos seguir manteniendo las deudas, ni al personal que trabaja aquí. Cualquier día no cortan la luz y el agua”.

                    En principio en los presupuestos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social para 2012 está prevista una subvención nominativa de 150.000 euros a la Fundación Gumiel, cuando en 2011 fue de 250.000 euros. Según explicó la DGM, la Fundación fue informada el 9 de mayo del recorte de la subvención y el día 18 de mayo remitió un burofax al director general de las Migraciones comunicándole la falta de viabilidad de la residencia ante la reducción de la ayuda y la decisión de convocar el concurso de acreedores. Asimismo, ya en esa fecha, desde la Fundación solicitaron que se reubicasen antes del 26 de mayo a los 19 residentes en ‘El Retorno’ ya que en esa fecha cesaría el servicio de catering.

                  Tras varias reuniones con el director general de las Migraciones, Aurelio Miras Portugal, éste ofreció un aumento de la ayuda hasta los 285.000 euros, una cantidad insuficiente, según manifestaron desde la entidad. Y así se llegó a la fecha del 5 de junio cuando la Fundación solicita que se realice sin más demora el traslado de los residentes.

                 Las ayudas que desde la Dirección General de las Migraciones ha recibido la Fundación han sido en los últimos años de 365.000 euros en 2009, 315.000 en 2010, 250.000 en 2011 y 150.000 en 2012 (antes de la negociación con el director general de las Migraciones).

Historia:

                 La residencia ‘El Retorno’ fue puesta en marcha por la Fundación Gumiel que fue fundada en 1979 por el sacerdote salesiano Víctor Mirón, que durante sus estancias en México vio la necesidad de crear una residencia para aquellos españoles que deseaban retornar a España tras largos años de emigración, pero no podían hacerlo por falta de recursos. “Fue creada para la acogida y atención de españoles emigrantes retornados en situación de precariedad y niños en abandono físico y moral, pero en la actualidad su función principal es la primera”, puntualiza la directora de ‘El Retorno’, Consuelo Gala.

                    La residencia fue abierta en 1988 y desde 1991 viene acogiendo a los emigrantes retornados. “Primeramente se acogió a los niños de la guerra, de la ex Unión Soviética y de Morelia, México. Luego se amplió el convenio para acoger también a los emigrantes retornados de cualquier país”, explica Gala.

                     La residencia es un lugar de paso. Todos los residentes están acogidos temporalmente, hasta que dispongan de una plaza en otra residencia de su comunidad autónoma de origen.

Acoge a los españoles retornados que habiendo alcanzado la edad de 65 años, no puedan satisfacer sus necesidades de vivienda por otros medios. También puede acoger a los cónyuges o acompañantes a cargo del beneficiario.

                  El  beneficiario debe ser pensionista del Sistema de Seguridad Social,  del Régimen  Público de Pensiones o de una Prestación Económica por Ancianidad. Si el pensionista es beneficiario de pensión de Seguridad Social de otro país puede optar a la plaza siempre que el Importe de su pensión y del total de sus ingresos sea inferior a la pensión mínima de Seguridad Social española.

                 Con carácter excepcional podrán acogerse en el centro  ciudadanos españoles retornados que no sean beneficiarios de ninguna pensión y no superen los ingresos mencionados."



   


 Hasta aquí, la noticia que publica el citado medio. 
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                     El epílogo de esta historia continúa con el cierre de la Residencia y la sede, las deudas no se pagaron y por ello la Fundación Gumiel se ha extinguido.

                 La versión que se narra en el texto periodístico, no es correcta, toda vez que la Fundación Gumiel,  tal como consta en el siguiente documento que les inserto, fue instituida por Jenaro Lázaro Gumiel, en La Codosera en el año 1977 y no por el mencionado don Victor. Este dato cambiaria el destino de los futuros flecos de los bienes que en dicha Fundación pudiesen quedar, como puede ser la titularidad del Castillo de La Codosera, una vez resuelto el contencioso abierto desde hace mas de treinta años con el Colegio de Arquitectos de Extremadura.  Tal como manda la Ley en estos casos, sobre los restos resultantes del patrimonio de la institución, una vez extinguida, que han de ir destinados a quienes el fundador nomina expresamente en el documento de constitución notarial, en este caso es al pueblo de La Codosera. 



En el Boletin Oficial del Estado de fecha 23 de enero del año 1980, se publicaba la ORDEN num. 3643 de fecha 22 de enero que entre otras cosas dice:
.
                 "Visto el expediente por el que se solicita la. clasificación de la
fundación Gumiel -Obra Social,  instituida en La Codosera,  Ba.
daJoz) y domicílada en Madrid. de carácter benefico-particular;

Resultando que, por don Victorio Mirón Ovejero ,se ha deducido
ante esta Dirección General, con fecha 12 de febrero de 1979.
escrito solicitando que sea clasificada como de benefIcencia
particular la fundación -Gumiel Obra Social., instituida en La
'Codosera (Badajoz) por don Jenaro Lázaro Gumiel, según docu·
mento público otorgado ante el Notario de  Madrid don Alejandro Bérgamo Liabrés el 3 de febrero de 1977, que tiene el numero 512 de su protocolo 1 que se acompaña en Primera copia, en el que se nombra heredero universal de todos sus bienes a don Victor Mirón Ovejero, con la obligacion de atender y dirigir, con arreglo a su conciencia, las obras benéfico-sociales proyectadas en el pueblo de La Codosera (Badajoz). "

              Queda claro que las obras que el escultor deseaba  construir se refieren a una escuela taller en La Codosera y para ello aportaba todo su patrimonio, un lugar apropiado donde los chavales aprendieran un oficio adecuado y no la Residencia de ancianos que Victor Mirón construyó en Alalpardo. 

                

Imágenes expuestas de la vida de don Jenaro. 

                Sabedor que la vida de una persona tiene un principio y un fín incierto, al ser una persona soltera, sin familiares cercanos, nombró al citado don Victor heredero universal de sus bienes, creyendo que era una persona fiable, (había sido su confesor en su época de sacerdote,  creyente y con conciencia, con la obligación de atender y dirigir las obras a realizar en La Codosera.  De Atalpando ni se nombra. Vamos que se lo dejó bien claro y por escrito, "te nombró heredero pero para que las obras proyectadas en La Codosera se lleven a buen puerto". Este dato creo que todos los vecinos del pueblo lo conocían y en  más de una ocasión, personas de a pié, le recriminaron a don Victor que lo que estaba haciendo no era legal, y el buen hombre, utilizando todas sus artes, contestaba que como le hartasen mucho se llevaría del pueblo hasta la imagen de la Virgen de Chandavila. Buena imagen no quedó de su honradez el tal Victor Mirón.  



La Codosera.


La Codosera sitiada por el ejercito portugués año 1642



Castillo de La Codosera. 


                 Todo esto acontecía en el despacho del notario en un mes de febrero, y cinco meses mas tarde nuestro querido don Jenaro fallecía como consecuencia de una insuficiencia cardiaca, dicen que de la emoción tan fuerte que sufrió al comprobar que las máquinas de obras públicas llegaban a las proximidades del Castillo, desbrozando  las laderas de la Sierra e iniciando la construcción de una nueva carretera, tantas veces solicitada, que uniría el Santuario de Chandavila con el municipio. 


Lápida del sepulcro del Escultor. 


                    Una vez fallecido don Jenaro, don Victor montó su estrategia a seguir. Se dirigió al Gobierno Civil de Badajoz y presentó dos proyectos, para no llevarle la contraria al fundador, un Centro Iberoamericano de Artes Populares en La Codosera y otro, una Residencia para retornados españoles, exiliados consecuencia de la Guerra Civil española, en Alalpardo. El centro de La Codosera nunca se construyó, el proyecto oficial si se confeccionó y los arquitectos trabajaron duro hasta terminarlo, pero no cobraron ni una peseta de las de entonces, más de 15 millones de las antiguas pesetas quedan pendientes de pagarle a los técnicos.  Nunca se los pagó. Ni al Colegio de Arquitectos de Extremadura ni los cimientos del centro proyectado se levantaron. Pero si, la Residencia de Madrid, con el dinero invertido,  abrió sus puertas en contra de la voluntad de don Jenaro, el cual supongo  no quedaría  muy contento, allá donde el alma Dios la tenga en su gloria. Pero bueno, su cuerpo si conocemos donde está enterrado, en el Santuario de Chandavila, tal como fué  otro de sus deseos expresados en vida  y que los vecinos de La Codosera, para su gloria terrenal,  lo cumplieron a raja tabla. "El Escultor de la Virgen", reza en la cripta. 
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Imágenes tomadas en el paraje de "El Retorno",  sede de la Fundación Gumiel: 

Aquí dejamos la carretera hasta llegar a un solitario paraje 


Aparqué el coche frente a lo que queda del edificio de la Residencia



En el exterior aún quedán restos de muebles y colchones.






Los interiores en estado ruinoso.  


         Así han transcurrido cinco años. La Fundación Gumiel se extinguió en el año 2012, mientras que,  en La Codosera, una obra tan importante y querida para el pueblo, propiedad de la Fundación Gumiel, tal como consta en el Registro de la Propiedad de Badajoz, como son los restos semiderruidos de un Castillo medieval, buscan dueño. Vamos a ponerle una vela a la Virgen de Chandavila a ver que pasa. 

miércoles, 26 de abril de 2017

La Codosera. Reseña



La Codosera año 1950


Publicado por la  Revista de Estudios Extremeños.

2224 REVISTA DE ESTUDIOS EXTREMEÑOS Revista de Estudios Extremeños, 2013, Tomo LXIX - N.º III I.S.N.N.: 0210-2854

Reseña de Moises Cayetano Rosado.

La Codosera. Un pueblo con Raíces y Costumbres Rayanas

Autor: José Luis Olmo Berrocal. Prólogo de Manuel Vilés Piris. Edita: Edición propia (colaboración del Ayuntamiento de la Codosera, Los Riscos y Granja el Cruce). 2012. 245 páginas más 17 ilustraciones.

                  Llevo leídos un buen número de monografías locales que abordan la historia, costumbres, fiestas, profesiones, tradiciones… del lugar, tamizadas por las vivencias de los autores, que han vivido -por su edad- a caballo entre la tradición y la modernidad. Y el estudio sistematizado que emprendieron, junto a la pasión y el cariño -al que unen la añoranza-, hacen de éstas unas obras generalmente sentidas, llenas de vida e impagable información para todos en general y para los antropólogos sociólogos e historiadores en particular. En este sentido, La Codosera. Un Pueblo con Raíces y Costumbres Rayanas, de José Luis Olmo Berrocal, cumple ampliamente las expectativas con que abordo semejantes lecturas. A la información variada y meticulosamente explicada se suma un manejo literario notable, que “obliga” a leer todo el texto de un tirón, ya que éste -ilustrado con muy variadas e interesantes fotografías actuales e históricas: un total de 192 ilustraciones- se hace sumamente ameno, aparte de instructivo. La obra está dividida en cinco capítulos. En el primero hace un repaso del contexto geográfico, urbano y patrimonial del pueblo, empezando por aquello que define su particularidad bicultural: la Raya, esa frontera artificial que en los momentos de confrontación supuso el filo de un cuchillo afilado por el odio ajeno, y en los de paz un recurso para la supervivencia, a base de intercambios de subsistencia, dando lugar al contrabando. Tras ello, da un repaso no sólo por el río Gévora que mínimamente nos divide, sino que se interna en la población, sus calles plaza, fuentes, fondas, escuela, gente, subiendo hasta “el doblado”, esa parte alta, tan útil de las casas como almacén, secadero de productos de la matanza y lugar de juego para los niños. En el segundo capítulo -Tradiciones-, nos coloca apasionadamente ante hitos fundamentales del latir rural que se ha ido perdiendo en los últimos decenios, pero que fueron preservados a lo largo de los siglos, hasta bien entrada la segunda mitad del pasado siglo XX: matanza, bodas, festividades, coplas, entierros, regulados por un saber ancestral y por  necesidades rigurosamente abordadas, con sus reglamentos no escritos. En el tercero -Fiestas y entretenimientos-, hace un repaso por todo aquello que a los que hemos pasado nuestra infancia y primera juventud en un pueblo nos suena a universal coincidencia: el cine, el baile, las ferias y fiestas, la talla de los quintos… y la aventura apasionante de la “búsqueda” y observación de los nidos por los niños, que era un descubrimiento y seguimiento de la vida para ellos. En “Profesiones y oficios” -capítulo cuarto-, nos presenta esas actividades laborales que se han ido perdiendo de una forma a veces radical, o subsistiendo otras tremendamente transformadas. Y así, entre las primeras no podía faltar, en un pueblo rayano, el mochilero, así como en unos tiempos de posguerra, el estraperlo. Pero también están aquellos oficios entrañables como el de pregonero, o zapatero. Otros penosos, pero que daban trabajo a tantos que con la mecanización se vieron desplazados, como el de segador. No falta el barbero, tan diferente ahora en su labor y trato, entonces dado a la compañía, la tertulia sin prisa. El panadero… Los primeros coches, los primeros negocios… de donde ha salido ese tan peculiar, expansivo y puntero, dentro de lo familiar, como es “La Granja el Cruce”, capaz hoy día de sobrevivir sin traumas a la crisis, expandido por toda Extremadura. El último capítulo -Semblanzas- nos presenta a doce personajes del pueblo o que han ejercido su profesión en él, identificándose como uno más del mismo, cual es el caso de la maestra Josefa Martín Cotano. Médicos, profesores, militares, alcalde (Luis Ochoa del Solar, el que más tiempo estuvo en el cargo; en la Guerra y posguerra), telefonista (de las que atendían “la centralita” en forma casi artesanal), personajes entra- ñables y peculiares, para terminar homenajeando a su castillo “en la actualidad -dice finalizando- lo que queda de él, se encuentra en manos privadas en un periodo de letargo del que desearíamos saliese pronto”. Y hace votos por poder acceder a sus instalaciones libremente, como tantos visitantes del pueblo desean. Un libro, en fin, de vivencias, de testimonios, que da cuenta de un mundo que se nos escapa de las manos, con sus dificultades, sus problemas, sus prejuicios sociales a veces muy encorsetados, pero también con riqueza humana y la ejemplaridad de unas generaciones que supieron llenar de contenido apasionado su vida, su trabajo, sus relaciones cotidianas y especiales. Cálida, amorosa y acertadamente, nos lo rememora José Luis Olmo Berrocal en estas páginas, glosadas en el prólogo por  Manuel Vilés Piris.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

sábado, 3 de diciembre de 2016

LA CASA DEL MIEDO.




Estado en el que se encuentra la Casa del Miedo



LA CODOSERA.- La Casa del Miedo.


 En cada pueblo y en cada lugar existen lugares únicos que son  parte importante de la historia cultural propia. Aquí, en este rincón entrañable de suelo extremeño, no iba a ser diferente,  a pesar de todo eso que se cuenta  que “en La Codosera las cosas son de otra manera”, que va. Aquí como en todas partes tenemos nuestras cosas heredadas de nuestros antepasados, algunas de ellas llevan siglos formando parte del entorno, como por ejemplo, por citar algunas muy importantes, tenemos un Castillo del que no sabemos mucho debido a que la propieda se encuentra en manos particulares y de escavar para ver que hay debajo de las piedras, hasta ahora, ni mijita. En el subsuelo del patio de armas de la fortaleza hay inicios de escaleras sin escavar y por tanto,  sin saber hasta donde llegan. Ni por curiosidad, a nadie le ha dado por sacar un poco de tierra y asi no enteraríamos todos a donde conducen. Eso en cuanto al tema del Castillo. Pero también en el pueblo hay otros monumentos. Existe una iglesia que dicen del siglo XIV, pero que en su piedras talladas hay elementos identificativos que nos dicen que fueron los templarios llegados a Portugal, cuando estas tierras eran portuguesas, quienes la edificaron, por tanto la fecha debe de ser errónea ya que los Caballeros de la Orden del Temple llegaron a Portugal en el siglo XII y se marcharon un siglo después.

Otro de los icono que teníamos y anda por ahí sumergido en las aguas del Gévora, es el puente romano o  medieval que, por su gran belleza fue conocido como un monumento único en muchos kms a la redonda. Pues ahí están las piedras sumergidas en las aguas sin que nadie se acuerde que hay que repararlos para que se conozca por todos  el buen servicio que, durante siglos, dio a los vecinos de estos parajes.

 Bueno, del siguiente caso que a continuación les indico, este ya es para nota. Resulta que el pueblo, como todos los municipios antiguos, tenía su edificio conocido como el  ayuntamiento y situado en la plaza de su mismo nombre, con una fachada documentada tal como consta en la placa de granito colocada en su fachada principal, AÑO 1712, fachada blanca, encalada con  entrada porticada de piedra labrada y balcones de forja. Pues bien, así de golpe, como quien no quiere la cosa, el viejo caserón hace no muchos años que se quedó pequeño y como en otros tantos lugares, se acordó construir uno nuevo y moderno, que diera servicio a las necesidades de la población. El edificio viejo se quedó donde estaba pero, como  no se sabía que hacer con él, ¿que es lo que se ocurrió a los responsables de velar por el patrimonio histórico?,  construir una nueva planta delante de la fachada principal capaz de albergar el Hogar del Pensionista. Así, de un plumazo, los tres siglos de historia quedaron sepultados por el ladrillo con cemento. Ahora si, ahora existe un nuevo balcón que luce la fachada  mayor que los antiguos, todo corrido, una cosa moderna, no como los otros que eran mas catetos. Magnífica idea. De pena diría yo, o para llorar, mejor.

Este pueblo tiene tantas cosas que, a veces, hasta olvidamos que existen. El paisaje es espectacular, de ermitas, desde la época de los romanos, hay tantas, que  pocos pueblos en números nos ganan. Ahí  está tambien la frontera con Portugal, cargada de vivencias y de historias de contrabandistas y, precisamente, ahí en la misma Raya, sobre el riachuelo que la divide, tenemos un puente, pero no un puente cualquiera, es el Puente Internacional mas Pequeño del Mundo. Está situado en el caserio de El Marco,  en las aguas del Abrilongo. Un bello puente de madera que ha sustituido a tantos otros que hubo, primeros con una simple tabla de madera y despues metalicos, casi clandestinos, que formaron parte del comercio de contrabando que por alli deambulaba. 

Para los lectores que no conozcan el pueblo os dareis cuentas de la cantidad de cosas que tiene. Y ahí vamos.   Existe un lugar que ha dado mucho que hablar en el pasado y sobre el que se han escrito en los medios ríos de tinta. Me refiero a la Casa del Miedo.

La Casa del Miedo se corresponde con una vieja construcción, abandonada desde hace bastantes años,  situada en una encrucijada de caminos, distantes de la población a poco mas de 2 kms. Y muy próxima a la raya fronteriza con Portugal. Sobre esta vieja vivienda, los medios de comunicación, prensa, radio y TV, han escrito y emitido sus programaciones desde hace varios años y, últimamente, con bastante más frecuencia. Este lugar es pues un foco de atención interesante para los amantes de los temas de misterios por resolver.  Sea como fuere, el caso es que los antiguos habitantes de la vivienda en su dia decidieron abandonarla y, desde entonces, nadie ha osado habitarla. Por que, según las leyendas que se cuentan sobre ella, los hechos no solo han ocurrido en el interior, si no que incluso vecinos del pueblo que frecuentemente pasaban por sus inmediaciones han sido sorprendidos por los llamados espíritus que velozmente salían de la casa y los agredían. Dicen que, incluso las caballerías que cruzaban frente a la vivienda, en determinados casos, se ponían nerviosas y era imposible dominarlas.


Sea como fuere, el caso es que la historia está ahí y la casa también. Y a esto último me quiero referir. Que es una lastima el estado de casi ruina que presenta la vivienda sin que nadie se ocupe de reparar los desperfectos que ocasionalmente se van produciendo como consecuencia del paso de tiempo.  Igual cuando pasen algunos años se haya derrumbado y solo quede el recuerdo de lo que allí hubo. Quizás ya no vengan periodistas y técnicos de televisión y el pueblo haya perdido una de sus leyendas. Lo mismo algo se puede hacer y adecentar un poco la vivienda. Igual no tiene ni dueño y es cuestión de verlo y estudiar la forma de recuperarla. A La Codosera que es un pueblo turísticos y que sus habitantes apuestan por fomentarlo,  no le vendría mal incorporarla en una de sus rutas.  

lunes, 14 de noviembre de 2016

UNA MIRADA DESDE EL CASTILLO

LA CODOSERA. Una mirada a traves de la fotografía.

A veces deambulamos por las calles del pueblo,  absortos en nuestros pensamientos, sin darnos cuenta de la belleza que tenemos a nuestro alrededor.




La Codosera. El pueblo de las tres torres, la del Campanario, la del Santo y la del Reloj.


Sin embargo, cuando en alguna ocasión, hasta nuestras manos llega una fotografía, como esta que os inserto, le solemos prestar atención y perder un momento de nuestro tiempo para analizar cada detalle del lugar que contemplamos. 


La Codosera, año 1950

                                La panorçamica esta tomada en la década de los años cincuenta, la fecha en la cual el fotógrafo captó la instantánea de este bonito pueblo,  La Codosera, la cual vamos a comentar, no el resto de fotografìas que ilustran el preente comentario, y, ¿que es lo que vemos en ella?, nos preguntamos. Si la fotografía fuese en color, diríamos que el verde destacaría sobre los demás. En esta ocasión, al ser en blanco y negro y sus matices, sobre el gris destaca el color blanco de sus fachadas encaladas


La Codosera en la actualidad.


                                A pesar de que en  esta fecha,  el censo superaba los 4.000 habitantes, el casco urbano era muy reducido y por lo tanto un pueblo con una importante densidad de población.

                                     Si la fotografía la estudiamos de arriba a abajo, a la izquierda, en solitario junto al cauce del río Gevora, contemplamos el Cortijo de la familia del Solar y, a la derecha, podemos ver la via que, partiendo desde el pueblo, conocida desde siempre con el nombre de  La Carretera,  pasaba justo, en el Cruce con la carretera de Alburquerue,  junto  al Quiosco de Ramón Macias, cuya imagen tambien se vislumbra.


La Carretera, hoy Avda. Agustin Gómez del Solar. 

Antigua Carretera, hoy calle Ramón y Cajal


               A la izquierda del Quiosco, en pleno campo, observamos la formación de cepas  perfectamente alineadas, correspondientes a la viña de los Brigidines, hoy convertida en una gran urbanización. La carretera llegaba hasta el Paraje del Puente, la zona industrial, donde se encontraban asentadas, desde los primeros años del siglo XIX,  la central eléctrica, la fábrica de harinas, la panaderia, una de la aserradoras de maderas y una moderna almazara. 


Paraje de El Puente

                               Otro  punto que llama nuestra atención es el acceso al  alto donde se ubica el Cementerio, cuyo interior se divisa desde cualquier rincón de la población y, bajando hasta el núcleo urbano, se distinguen casi todas las calles, de las catorce que formaban el conglomerado. Son nombres populares y fáciles de pronunciar. Partiendo desde las laderas del castillo y, siempre buscando la llanura, así se llamaban, la calle Rica, la calle Alta, la calle Ventosa, la calle Nueva, la calle Santa Maria, la calle Cantarrana, la calle Arrabal, la calle de la Luz, (conocida tambien como Las Casitas de Tierra),  con su travesia de igual nombre, la calle Otero, ( nombrada popularmente como El Lutero), la calle de la Fuente y la Carretera. Cuatro plazas o llanos tenía, la plaza Alta, la de la Iglesia, la de la Fuente y la de la Estación del Calvario. Pero además tenía dos barrios, el de San Miguel y el de la Luz, ambos con sus capillas y sus santos correspondientes y junto a ellos, dos ejidos, el del Potril y el de la Luz.


Calle Cantarrana, conocida tambien como del Regato, hoy Primo de Rivera 


                            Entre los edificios que sobresalen, tenemos la fachada del Ayuntamiento en un primer plano y la Torre del Reloj, muy semejante a las que existen en el mundo árabe y, a la derecha la gran fachada de la zapatería de Manuel Gómez, escuela de aprendizaje desde donde salieron los mejores zapateros de la época. Mas a la derecha y ya en  la otra plaza, la fachada de la Iglesia con la espadaña o campanario, sustitución de la Torre original desaparecida en la Guerra de la Independencia, que los portugueses llaman de Restauración, y  que mantuvimos con ello y, a la izquierda del templo, observamos una gran fachada blanca donde estuvo ubicada la delegación del Gobierno o sede de la Policia, cuando el pueblo era puerto seco y aquí se tramitaban los asuntos fronterizos. Y por ultimo, resaltando sobre los demás, la fachada blanca, al final de la calle Cantarrana, el casoplón  propiedad de la familia Rubio-Barroso, deshabitado y en un estado decadente casi de abandono desde hace décadas y en espera de que alguién lo compre (podía ser el Ayuntamiento, (puesto que la propiedad la tiene en venta),  y le devuelva el esplendor que antaño tuvo. 

                           ¿Que más observamos que llame nuestra atención?. La distribución del tejido urbano. Calles largas en paralelo con sus travesias correspondientes y casi en el centro, como obstaculizando el camino, una huerta, la de los Meros y, a la derecha, cruzando la calleja, una gran masa de arboleda sobre una tierra fértil, la Huerta de los Nogales,  de la que dijo el cronista portugués, Aires Varelha, alla por el año 1641,  "Tem aquelha vila uma abundantisima fonte que fertiliza a muitas e agraçadas hortas, que acomodam con regalos aos moradores"




domingo, 6 de noviembre de 2016

LA FAMILIA DE JAVIER SAMA



LA FAMILIA DE JAVIER SAMA



La Codosera, año 1950

                     Los recuerdos que guardo de esta familia son muy entrañables por cuanto formaron durante años, aquellos de los que guardo una grata memoria, parte del vecindario de mi calle.



En la fotografía el matrimonio de churreros formado por Dolores y Joaquín, que aquí les muestro con los preparos necesarios para fabricar los buñuelos, mas o menos como los del matrimonio Sama. 


               Saturnino Sama, el siñó Saturnino, el Biñoloro,  junto con su mujer, la señora Francisca la Biñolora, eran churreros de profesión, tal como diríamos ahora, aunque a los churros de entonces, en el pueblo con su forma singular de hablar,  se les llamaba biñuelos. Vivían a mitad de la  calle Arrabal, la que hoy es General Navarro, por encima de José el Barbero y más abajo del bar del señor Manuel Silva, una de las calles con más actividad comercial. En la misma acera, al final, estaba el bar del señor Malaque, más abajo la bodega de la familia Rubio, la casa de Ramón Macias, por bajo de ellos, donde tenía su coche de viajeros, mis padres, a continuación, con la panadería y vendiendo y comprando todo lo que caía por allí. Agustín Costo, el alcalde, con el único despacho de vinos a granel que por entonces había y, abajo del todo, en la esquina, la señora Paula Barroso con su ultramarinos.



La Codosera año 1960

                        Era esta una calle perfectamente empedrada donde cada año el ayuntamiento reclutaba a los obreros en paro para arreglar los desperfectos que se hubieron producido en la calzada. Si alguna señora manifestaba que su marido estaba trabajando en las décimas se sabía que era este tipo de trabajo por cuenta del ayuntamiento. Lo de décima era que el dinero recibido en el ayuntamiento no llegaba para dar jornales a todo el mundo y por ello, listado en mano, cada uno trabajaba diez días, lo que dio lugar a llamarlo así, décimas.



La Codosera año 1974

                              La casa del matrimonio Sama disponía de un zaguán en donde, cada mañana,  instalaban los utensilios necesarios para hacer los buñuelos pero, si el tiempo lo permitia, la anafre con la lumbre, la mesa, la leña y todo lo demás,  se colocaba en mitad de la calle, un lugar donde no estorbaba, ya que los coches apenas había, algún carro solía pasar de vez en cuando, o bestias y reses camino de la fuente, pero sin problemas, había espacio libre de sobra.  La buñolora era la siñá Francisca y su marido el pinche. Y así era como cada mañana, muy temprano, la calle se llenaba de clientes, plato en mano para transportarlos, a comprar los buñuelos calentitos.



Javier Sama arriba el primero por la izquierda, alumno de la escuela de música municipal.



                               El matrimonio tuvo cuatro hijos, Isabel, Javier, Juan y Quico. Isabel y Francisco emigraron y Javier y Juan se quedaron a vivir en el pueblo, Juan de jornalero y Javier con un trabajo estable dentro del Ayuntamiento, ya que fue uno de los cinco municipales que habia en plantilla, compañero de Quico el Aguacil, Tito Bolo y José el de las Datas, además de un cabo al mando de todos ellos. Fue municipal y músico ya que, según observamos en la fotografía que les inserto, era el encargado de tocar el tambor. Así pues, municipal, músico y pregonero. Si, si, pregonero pero de los antiguos, ya que se necesitaba tener una buena y potente voz y recorrerse, cada vez que la ocasión lo requería, las plazas y esquinas de las calles del pueblo para lanzar el pregón, bien comunicando al vecindario los bandos del Ayuntamiento o con las novedades que cualquier industrial necesitaba publicitar al vecindario, como por ejemplo la fecha y hora con el título de la película que se proyectaba en el cine, el teatro ambulante ofreciendo su espectáculo o las mercancías frescas, como las sardinas,  que recién llegadas a la plaza, era necesario vender cuanto antes, ya que frigoríficos no había. 



Javier Sama, el primero por la derecha. 


                             Fueron tiempos duros para las familias numerosas con pocos recursos, de las muchas que por entonces había, como la de Javier, que se casó con Antonia y tuvieron ochos hijos, ocho bocas que alimentar, como se solía decir.  Si, porque los hijos no se programaban como ahora, que una pareja puede decidir la cantidad. Por entonces nacían los que tuvieran que nacer y las parejas los aceptaban así, sin mas, entre otras cosas porque los niños de entonces incordiaban poco, por eso estábamos en la calle de pequeños y, cuando crecíamos, cuando ya teníamos fuerzas para subir a los árboles, la calle se nos quedaba pequeña y nuestro era todo el campo existente alrededor de la población y nunca ningún niño se perdió, todos sabíamos volver solos a casa cuando las primeras luces del alumbrado público se encendían.


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Javier Sama, el primero por la derecha en uno de los balcones del Ayuntamiento.



                                   En la fotografía que Ana nos ha facilitado están representados sus padres, sus hermanos y ella, es pues una foto de familia numerosa de las que por entonces era obligatorio presentar ante el Organismo Oficial para tener derecho a cobrar los puntos, una especie de subsidio por hijos nacidos. Ana, siendo un bebé, la tiene su madre en brazos y a continuación los hermanos mayores, Paula, Paca y Antonio. En algún momento de sus vidas todos los hermanos han emigrado, menos Paula que siempre ha vivido en el pueblo. En la parte de abajo están Dioni, Joaqui, Enrique y Molina, este último fallecido este verano. Es pues el prototipo de familia codoserana, cuyos hijos han tenido que emigrar a distintos lugares de España, a ciudades como Azpeitia, Málaga, Madrid, Badajoz o San Vicente de Alcantara, como ha sido su caso.  Hoy la vida no es como ayer y las separaciones, el dejar la tierra que nos ha visto nacer, menos dolorosa, todo ello gracias a que tenemos buenas comunicaciones para desplazarnos de un lugar para otros y a los medios audiovisuales que nos permiten estar en contacto directo con familiares y amigos. Bendito progreso. 



La familia SAMA.