domingo, 5 de junio de 2016

Parajes de La Codosera.






LA CODOSERA, año 1974




Paraje del Puente, año 1952




Rio Gévora en primavera

     No hace mucho tiempo, la Junta de Extremadura, a nivel turístico, vendía la imagen de nuestra Comunidad con el slogan, “Extremadura Verde”.  Y es cierto, la mayor parte de los meses del año, a vista de pájaro,  la vegetación impera sobre los campos extremeños.  


Calleja de la Sierra

     Y en este apartado, La Codosera tiene mucho que vender de cara al turismo, no solamente interior, si no también  fuera de nuestras fronteras, toda vez que ya habitan entre nosotros ciudadanos venido de otras partes del mundo. Alemanes, belgas, rusos, chilenos, colombianos y portugueses, ya viven entre nosotros gran parte del año, disfrutando de nuestro paisaje natural, nuestra gastronomía,  nuestras fiestas y tradiciones y, sobre todo, nuestra hospitalidad.




Procedente de La Codosera, el Gévora, a la izquierda de la fotografía desembocando en el Guadiana a su su paso por Badajoz. 


 Sin duda alguna, el patrimonio más importante del municipio sean el agua y sus ríos. Si al Guadiana los romanos le llamaron “el Rio de los Ánades”, el Gévora debería de ser “el río del canto de las aves”.



Rio Gevorete

     De pequeño aprendí cuan importante era vivir junto a la ribera, como entonces se le llamaba, hoy rio Gévora, tan cercano al casco urbano. El río, que irrumpe en las tierras de La Codosera, entra por La Rabaza procedente de Portugal, donde tienes sus fuentes, cercanas al pico de San Mamede en el paraje de Sete. Hasta la misma frontera, llega bravo y encallejonado, conformando un relieve fluvial dinámico y sorprendente, recibiendo el aporte de pequeños riachuelos, algunos de los cuales formando bellas y sorprendentes cascadas. 



Paraje del Molino el Duque

  Con la llegada del buen tiempo, la mayoría de los niños de mi edad pasábamos gran parte de nuestro tiempo libre con los pies dentro del agua, lanzando guijarros para cortar la superficie de una corriente de aguas transparente y cristalina que bajaba desde la sierra cercana. A nuestro alrededor había peces, de vez en cuando veías alguna culebrilla  escurridiza y te gustaba escuchar  el croar de las ranas  escondidas entre los juncos. Bañarse en sus aguas  tan frías en verano, era una delicia refrescante y una forma de compartir amistad y juego con compañeros y amigos.




El Gévora a su paso por La Codosera

      Además, el rio ha sido su columna vertebral para el municipio. Esto se ha traducido en un esfuerzo constante de sus habitantes para aprovechar sus aguas vivificantes. La progresiva conquista de su cauce a base, primero de molinos harineros y almazaras  y posteriormente pequeños y rudimentarios embalses y canales


Escudo de La Codosera

    No abundan tantos pueblos españoles con un número tan importante de ríos, regatos y riachuelos, como aquí, para disfrute de sus habitantes y forasteros.  Aguas para beber, para regar o para albergar fauna y flora bellísima, sobre todo en los meses de primavera y verano.



Casa rural de Lavarse

 Esta constante del agua regando sus tierras, hizo que, desde siempre, el hombre se afincará laborando sus tierras, allí donde la carencia del líquido elemento no era problema.  De esta forma surgieron tierras cultivadas, transformadas por el esfuerzo humano y, junto a ellas, en pequeñas parcelas, la vivienda para habitar. Casas blancas, encaladas, gracias al yacimiento cercano de La Calera,  donde cada año los obreros y el horno no paraban de sacar las piedras necesarias para blanquear las paredes, tanto exterior e interiores de los hogares de este lugar y de otros muchos municipios de la región .


En la ermita de la Virgen de Lavarse. 

    Y así nació la campiña en este rincón fronterizo, conocido como La Raya, primero portuguesa y luego castellana y española,  donde se mezclan el terreno secano con el regadío, la arboleda abundante entre las  tierras fértiles, en un campo salpicado de casas blancas con altas chimeneas, que alegraban, y aun lo siguen haciendo,  el verde paisaje  de este lugar. 


Paisaje de Chandavila



Santuario de la Virgen de Chandavila



Jardines de Chandavila 



Amanecer en Chandavila


  Esto ocurrió asi durante muchos años, quizás siglos. Atendiendo al topónimo de cada lugar, observamos que sus raíces son puramente portuguesas,  igual que lo fueron estas tierras hasta el Tratado de Alcañices. Como ejemplo solo hay que fijarse en algunos, como  Chandavila,  (Chao da Vila, suelo de la villa) Bacoco (Vao Covo, baden de la cueva), La Varse (A Varzea, la vega) , La Rolera,( la tórtola),  Los Bastos, Gevorete (Sourete),  Valdepontes,  Cardeira,  etc., etc.,


Al fondo, el pico de La Lamparona.

    A La Codosera, la historia le guardó en mas de una ocasión, una mala pasada por su posición geográfica, situada en los confines de dos reinos opuestos, de la que, casi siempre, salió mal parada. Pero sin embargo, si que jugó un papel importante como moneda de cambio en las negociaciones entre el reino de Castilla y Portugal para negociar un acuerdo y conformar la frontera que hoy todos conocemos. No hay duda que, de no haber sido por sus ríos, el pueblo hubiese desaparecido, como lo hicieron otros núcleos cercanos, o existiría de otra forma diferente.

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Panorámica del pueblo, visto desde la Peña La Niña


    Consultado el mapa topográfico de La Codosera y su entorno, es sorprendente la cantidad de nombres de parajes que figuran reflejados y que a continuación os indico:


Quizas los mas conocidos son los siguientes:

Chandavila, El Marco, La Tojera, La Rabaza, Bacoco, Lavarse, La Centena, La Sierra del Lugar y La Peña la Niña.

            Estos y el resto que les indico,  forman el conjunto del paisaje natural codoserano. Cada uno de ellos, con sus singularidades particulares, ayudan a enriquecer al resto  y entre todos conforman el mapa de este rincón entrañable de una comarca que comienza a tener peso en el panorama turístico, conocida como La Raya y que son:





Paraje de Los Castañales



                -Pan de Trigo, Buenavista, Los Barcias, La Galera, La Calera,  Nave Redonda, Valle Seco, Valdevino, La Herrumbrosa, La Breña, Los Baldios, Valdemoros, La Mina, Los Bastos, Monte Viejo, Los Barrancones, La Rolera, Las Caserita, Valle Seco, Los Castros, La Changarrilla, El Puente, Valdelorenzo, Los Zahurdones, La Fábrica, Los Millares, El Batán, Valongo, La Borranchona, Cardeira, La Quinta el Café, El Molino del Duque, Los Castañales, Majada Alta, Valdepontes, Los Toriles y El Boquerón de Jola. 


Rio Abrilongo a su paso por El Marco



Paraje de Pan de Trigo



lunes, 9 de mayo de 2016

La Ermita de La Lapa


LA ERMITA DE LA LAPA



                


  

    En Portugal existen Lugares Sagrados que en un principio fueron paganos. Sus orígenes se remontan a miles de años, y los lugareños para celebrar sus ceremonias  utilizaron  grutas o cuevas, cuyas tradiciones aun siguen recordadas por el pueblo,  ocurrió por asi decir 'ocupados' por otros cultos posteriores, principalmente por el Cristianismo. 







                     A pesar de la cercanía  con  el pueblo de La Codosera, la historia de la ermita de La Lapa  es casi una desconocida para la mayoría de los codoseranos. Quizas no haya ni  un solo vecino  que no recuerde el lugar exacto donde se ubica, una construcción pequeña de paredes blancas adosada a una gran roca en mitad de la estribaciones  de la Lamparona y  de difícil acceso por el lado español. Enclavada en un paraje boscoso, el encalado de su paredes resalta con brillo entre el verdor de la arboleda,  cuya fachada principal es bien visible desde la proximidad de los caserios fronterizos españoles, como Bacoco, Pan de Trigo o Lavarse, pero de su historia y sus misterios  conocemos muy poco. Es curioso, tal como lo demuestran las fotografías que les inserto, la cantidad de grupos y personas españoles que, a lo largo del año, visitan la ermita, pero son muy pocos los que conozcan el interior de la cueva y menos aún el pasado. 



                         Hoy vamos a  indagar en ello realizando  una visita a la ermita, porque son nuestros vecinos y hermanos y por tanto  por sus conexiones con los habitantes del pueblo y además  por ser  uno de los lugares  mágicos que existen en Portugal.



                      De pequeños, cuando caian del cielo las primera gotas de aguas, los escolares cantábamos aquello de ”que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva”. Pues bien en este lugar nos encontramos ante la Virgen de la Lapa, que es lo mismo que decir en nuestro idioma, de la Cueva, toda vez que el interior de la ermita es una gran cueva, como veremos mas tarde.




               Enclavada en tierras portuguesas, la ermita de nuestra Señora de la Lapa, pertenece al caserío de  Besteiros, situada a una distancia de 5 kms del casco urbano, es ésta una pedanía  dependiente de la población de Alegrete (Portalegre).


                   Por su ubicación, alejada de nùcleos urbanos, la gruta de La Lapa, desde tiempos remotos ha sido utilizada por sus inquilinos como un centro de recogimiento espiritual entregados a la oración y a la meditación, un lugar maravilloso desde donde se divisa un horizonte de infinita belleza como son las tierras fértiles de los valles españoles, por donde discurren los cauces de los ríos Codosero, Gévora y Gevorete.  


Desembocadura del Codosero en el Gévora.

                        Asentada en las estribaciones de la sierra de San Mamede, para los portugueses  la Sierra de “os Bastos” y para nosotros, La Lamparona.



                   Geográficamente, São Mamede está formada  por escarpas graníticas y calizas y a su abrigo existen, además de esta, otras grutas naturales, algunas de las cuales también poseen pinturas rupestres realizadas por  el hombre primitivo. Las mas conocidas se encuentran muy cerca de la freguesia de  La Esperanza, y actualmente se encuentran en fases de estudio científico por la Universidad de Évora.



                        Una vez las tierras del Alentejo, a las que pertenece la jurisdicción de este lugar,  reconquistadas a los árabes por el rey Afonso Henrique, continuaron siendo portuguesas incluido  el valle del Gévora, próximo a la ermita, un hecho que se mantuvo durante  un  largo periodo de tiempo, concretamente hasta el año 1297, y fue precisamente en esta fecha cuando cambió el rumbo para los habitantes de las  tierras que conforman este rincón fronterizo.


                       Sucedió que,  en la ciudad castellana de Alcañices,  Dom Dinís rey de Portugal y doña Maria de Molina, reina regente de Castilla,  acordaron, de una vez por todas, trazar la linea divisoria entre ambos reinos, reajustándose la frontera mas antigua de la vieja Europa y produciéndose algunos cambios territoriales a lo largo de la misma.  En unos lugares la línea fronteriza se deslizó hacía nuestro país y en otros ocurrió lo contrario, las tierras portuguesas pasaron a ser españolas. Así ocurrió como, lo que antaño fueron  "a Codiçeira" y el entorno del valle del Gévora, río abajo hasta Carrión, dejaron de ser portuguesas. En mitad del litigio estaba la ermita de La Lapa, al estar situada precisamente en el lugar estratégico por donde habrían de colocarse los marcos fronterizos, las crestas de la Sierra de Bastos, La Lamparona. La ermita fue salvada del trasvase, dada la devoción que los lugareños le profesaban a su Virgen, y la Raya se deslizó hasta la mitad de las estribaciones de la Sierra para pasar casi frente a la fachada de la ermita. 




                   La existencia de las cuevas en estos parajes existen desde tiempos inmemoriales, entre 5 a 6.000 años antes de nuestra era se estima la antiguedad de la que hablamos, y en ellas  se abrigó el hombre primitivo,  donde encontró protección contra los elementos atmosféricos, cobijo para  pernoctar y sitio donde realizar sus prácticas religiosas.

                     La cueva primitiva debe su ocupación al hallazgo de un gran manantial,  situada a unos 300 metros,  un hecho que permitió que los hombres primitivos que se instalaron quedaran  testimonios de su presencia en las pinturas rupestres encontradas, en consonancia con sus practicas religiosas, ofrendas y sacrificios realizados en honor a sus dioses.


La virgen de La Lapa.


                       El cristianismo, ante la tradición pagana fuertemente mantenida por el pueblo llano, comenzó por erigir en este lugar un pequeño altar en el frente de la cueva y más tarde alejó el mismo hacía el interior, precisamente en el mismo lugar donde hoy se encuentra, una construcción que sirvió de base a la actual ermita.


                      La actual ermita por encontrarse también  en la ruta del contrabando entre Portugal y España sobre ella se cuentan algunas aventuras. Se dice que los propios contrabandistas guardaban sus cargas de café en el interior de la cueva, e imploraban a la Señora de la Lapa la protección para sus actividades de subsistencia. Una especie de juego parecido  al del gato y el ratón, el que practicaban los mochileros con las fuerzas de la ley,  (Aun se conserva, muy cerca de la ermita el antiguo puesto de la Guardia Fiscal portuguesa que, junto al de los agentes españoles, destacados en el cuartel de los carabinero en Bacoco, intentaban prohibirles el paso por la frontera, que no siempre lo consiguieron).  


En La Codosera cada año se celebra la "Ruta de los contrabandistas"

                    Los mas viejos del lugar, aún recuerdan la existencia de otra cueva adyacente habitada por un monje eremita cristiano,  siendo  más tarde ampliada con una sala donde pasó a vivir una matrimonio de ermitaños, ya fallecidos, que guardaban y cuidaban de la ermita. En esa otra concavidad natural, probablemente también con vestigios pre-históricos, pero que en la actualidad aparece totalmente encalada, se encuentra la casa de la última familia que aquí vivió encargada del cuidado de la ermita y su entorno.  En el interior de la vivienda, aún  se encuentran expuestos algunos de los utensilios domésticos  frecuentes, como si el tiempo no hubiera pasado por ellos. La vieja cama con sus vestimentas y las sillas junto a la mesa parecen esperar el regreso a la vivienda de sus antiguos moradores.



Dormitorio interior de la cueva

                En la actual ermita, debajo del altar y camuflada con la tela del mantel, existe una puerta pequeña de madera que da acceso a la cueva original donde aún se pueden observar algunas pinturas rupestres. Dicho acceso  se hace, como suele decir a gatas, por un pasadizo estrecho,  antes de ponernos en pie de nuevo ya en el interior de la cueva.




La puerta de la cueva

                            Todas las Vírgenes tienen su festividad y Ésta no es una excepción, cuya fecha se repite cada año desde tiempos remotos. El programa comienza desde por la mañana con  actos muy singulares como, por ejemplo, cuando las personas que lo deseen se suman a una procesión con velas encendidas para dirigirse al interior de la cueva. Totalmente a oscuras, a la luz de las velas, una vez recorrido el pasadizo y llegar a la cueva natural, comienza un ritual heredado de padres a hijos. El momento es mágico teniendo como compañeros de la ceremonia a las pinturas rupestres borrosas de rostros humanos diseñados en las paredes de la roca, especialmente a destacar la faz de un caballero de tez morena.


La puerta por dentro de la cueva

                   Todos en circulo con los brazos en alto y las velas encendidas, las madres eligen al mas pequeño de los  jóvenes y lo levantan para observar la cara de asombro que manifiesta al descubrir lo que sus ojos ven más allá del altar, el Santo Santurum del lugar. 

               Al preguntarles a los vecinos el motivo de realizar dicha procesión silenciosa, no supieron dar una respuesta cierta, alegaron que siempre lo ha sido así,  al igual que sus antepasados lo hicieron también.

                              El ritual de la tradición actual tiene el mismo significado del antiguo culto pagano. 

                        Primero el pueblo ofrece diferentes tipos de alimentos a la Señora (al Dios) que, a través de su representante en la tierra, deben ser aceptados por Ella. A continuación, entre los asistentes, se sortean las ofrendas mediante una rifa y el importe obtenido se  destinará al mantenimiento del espacio sagrado. Mas tarde los alimentos sorteados son compartidos por los fieles que hayan comulgado.

                        Por la tarde, llega la hora de asistir a la tourada, degustar los aperitivos, tomar buen vino unos y la cervecita fresca  otros, en compañía de conocidos, familiares y amigos, sin olvidar asistir al atrio de la Virgen donde suena la música y las parejas bailan. 

                               Para terminar el día, al atardecer, la imagen de la Señora se recoge y es llevada por los fieles  a la  casa del señor mayordomo que la guardara durante todo el año hasta las próximas fiestas.


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                             Los fieles se despiden de la Señora hasta el ultimo domingo de septiembre del próximo año, La cual volverá de nuevo a visitar su multi milenario templo.






              Nota.- Para visitar la ermita fuera del periodo de la festividad, pueden contactar con el señor Adelino Ricardo y concertar dia y hora en el teléfono 35 967 094 547, el cual les atenderá gustosamente.  


sábado, 19 de marzo de 2016

CHANDAVILA Y SU VIRGEN.




Interior del Santuario.

                             

                         Cuando escribo este comentario estamos en el primer día de la  primavera de este mes de Marzo del 2016.  El viernes de esta semana, antes de ayer, pórtico de la Semana Santa, conocido también por los creyentes con el nombre de VIERNES DE DOLORES,  para muchos de los devotos es un día señalado en el calendario para hacerle una visita a la Virgen de los Dolores, la misma que se apareció en este Santo Lugar hace ya, de aquello, la friolera de setenta años. Muchos años son y muchas cosas, desde entonces,  han ocurrido a nuestro alrededor.  Al observar las fotografías que se han publicado sobre los actos celebrados esta semana en Chandavila,  y que algunas de ellas os inserto en este comentario,  nos quedamos un poco asombrados de como, a pesar de la tarde lluviosa que se presentaba, utilizando diferentes medios de transportes, algunos en autobuses y la mayoría en automóviles particulares, con gran afluencia de público, los actos religiosos programados, se celebraron.


Los fieles bajo la lluvia. 

                                     Este comportamiento no es normal. Aquí estamos acostumbrados que, cuando el tiempo no acompaña, como dicen algunos carteles, y si el tiempo si lo impide, cualquier evento se suspende. Eso aquí no sucedió. Ya lo veis. Bajo los paraguas y soportando un día totalmente desapacible, la gente vino.

Repartiendo la comunión a la intemperie.

Un momento de la liturgia.
                           
Otro momento de la liturgia.
                           
 Una minoria pudo cobijarse  en los soportales.

  
                                Los fieles vinieron a rezarle a la Virgen, aquí a Chandavila, junto a la frontera con Portugal, un lugar situado en la comarca llamada de La Raya, situado a unos 500 metros del Marco, un caserío atravesado por un riachuelo, el Abrilongo, donde las autoridades de la época marcaron, de esto hace ya unos 165 años,  la línea o raya imaginaria a la que nos referimos. Algunos se desplazaron para pasar la tarde y darles gracias a la Virgen por los favores recibidos y otros a contarles sus penas, de las que tantas hay en cada casa de vecino.

Aqui aparcaron algunos de los autobuses

                                         Vinieron españoles y también portugueses, porque esta Virgen es tan nuestra como suya. No de ahora, si no desde los más de setenta años que han pasado de aquel de 1945. Lo que ocurre  que, entonces, era casi verano, finales del mes de mayo, y el calor que suele hacer en Extremadura en esos días es para quitarse la chaqueta, la chaqueta o la rebeca. Entonces vino mucha gente, tal como narran los medios informativos de la época y, desde entonces, los fieles no han parado de acercarse a Chandavila. Por eso este lugar ha crecido tanto, para intentar alojar y dar descanso a cuantos visitantes lo necesiten.


Los fieles, bajo un mar de paraguas rezan por la Via Sacra



                               Como os comentaba al principio, observando las imágenes citadas, apreciando la cantidad de gentes que suele venir en cualquier fecha del año y, sobre todo, cada vez que se celebran actos litúrgicos importantes, habrá que ir pensando en hacer más grande la casa. Seguramente que más de uno de vosotros también lo habrá lo creerá así.

Impresionante, soportando la lluvia. 

                            Ocurre en cualquier familia numerosa, cuando ésta crece, hay que pensar en buscar una vivienda mayor.  Muchos de los files que se desplazan hasta aquí son gente que necesitan protección. Habrá que acordarse de ellos y ver que se puede hacer. Todo es comenzar, cuajar la idea y ponerse manos a la obra. A ver que pasa.


El Santuario totalmente repleto



                          No creo que el proyecto fuere difícil de conseguir. Todo es ponerse. Si nos remontamos en el tiempo, recién terminada la Guerra Civil, en  1945, lograr algo si que era tarea casi imposible, y sin embargo así se construyò la primera capilla en este lugar. Primero un simple altar de mamposteria y sobre el mismo colocaron una imagen pequeñita de la Virgen, donada por un devoto madrileño, un hecho que hizo sentirse feliz a los habitantes del pueblo, ya que se conformaban con muy poco.



La ermita.


                             Más tarde, se organizó la Cofradía correspondiente encargada de conseguir construir la capilla que la Virgen pidió a las videntes. Esto eran palabras mayores.




                                   
Interior de la ermita.


 Hacía seis años que la Guerra entre españoles había terminado y dos o tres que en este país se moría la gente de hambre. Así de simple, en muchas casas no había casi nada para comer. Así que ya me dirán como se pagaban jornales y se compraban materiales. Otro de los impedimentos era la orografía del terreno. La forma de llegar desde el pueblo a Chandavila era a través de  un camino de cabras, como se dice por aquí, tortuoso y cuesta arriba, escalando la Sierra del Lugar, y arriba, en un pedregal, entre peñas, montes y castaños, sobre una ladera, estaba marcado el comienzo de la obra. No había maquinarias. Las únicas, el pico y pala para cavar en un subsuelo de roca viva. Y todo sin un duro por ninguna parte.
La primitiva imagen pétrea que se colocó en el lugar. 

En estos casos siempre surge el líder y en esta ocasión, el alcalde de entonces, Agustín Costo,  un joven herrador, alto y fuerte, con voz de mando,  metido a político, tomó las riendas del asunto. Dinero no había, pero carros y carretas, los que quisieras. Construirse un carro no era difícil y entre los artesanos de la época existían los navegones, buenos profesionales que se encargaban de construirlos, utilizando las maderas de los bosques, abundantes en el entorno. Así que el señor alcalde, utilizando los medios a su alcance, el pregonero oficial, publicó el correspondiente bando citando a los propietarios de carros y carretas para  que asistieran a una reunión en el Ayuntamiento.


Devotos de la Virgen. 

Había que contribuir generosamente y cada uno tenía que llevar las piedras al sitio de Chandavila. Piedras de pizarra que solo había que sacarlas de las pedreras de las muchas que abundan por aquí. Y el camino de la Sierra se llenó de carretas con bueyes y carros con mulas. Para este menester contó con la colaboración de la Guardia Civil, que dinero no había pero de números de la benemérita, el pueblo estaba lleno. Hasta una compañía de civiles llegó haber en el pueblo, y fueron éstos los que vigilaron que los trabajos se hicieran con honestidad y sin problemas.

Vía Crucis en Chandavila. 

Y así comenzó la aventura de levantar las paredes. Pero como siempre sucede, surgen gente buena, benefactores altruistas,  que aquí no faltaron. En el tema de la capilla fueron muchos los donativos llegados mas allá de las fronteras del municipio, aunque aquí también todo el pueblo se volcó aportando cada vecino lo que buenamente se pudo, unos con limosnas y otros con piedras extraídas por jornaleros de las pedreras,  aunque hay que destacar la generosidad de una mujer, la señora Francisca Pérez, quien generosamente pagó a los albañiles, de su bolsillo,  los jornales que se necesitaron para construirla.