domingo, 28 de febrero de 2021

LA CODOSERA Y LOS CAMIONES DE TRANSPORTE.


LA CODOSERA Y LOS CAMIONES DE TRANSPORTE. 


Despacho de pan con cupones de racionamiento. 


 LA CODOSERA Y LOS CAMIONES.

                    Terminada la Guerra Civil, en los años cuarent los productos alimenticios procedentes de La Codosera fueron muy demandados. Las cartillas del Racionamiento estuvieron vigentes hasta el año 1952., por lo tanto, en esos años, al publico no se podían vender directamente, pues estaba prohibido; era el Estado el único recector, encargado de recoger todo y después distribuirlo a las tiendas donde posteriormente irian los clientes con sus cupones de racionamiento a comprarlo. Que el 90% de las veces no tenían existencias.

          Sobre el racionamiento, en el pueblo hubo un problema muy importante con la distribución del pan. Eran los años cuarenta y por entonces la fabrica estubo arrendada. El proble surgio porque previaente, para hacer algún negocio, venderían el trigo que le habían asignado para los habitantes del pueblo o la harina para donde fuese, esperando que las espigas pudiesen segarse en el mes de mayo. Pero no fue así. La primavera vino lluviosa y, al fabricante no se le ocurrió otra cosa que mandar segar el trigo, secarlo en el horno, molerlo y hacer los panes. Los panes se hicieron y tuvieron el valor de llevarlos al pueblo y comenzar a repartirlo a los clientes. Aquello no era pan, eran perrunas. El escandalo que se armó en la cola fue mayúsculo, no se como lo hicieron, pero una comisión, aquel mismo dia, con los panes en la mano, marcharon hasta Badajoz y presentaron la denuncia. Se supone que al joven empresario le caeria una buena. Al poco tiempo, hizo una casa nueva en el centro del casco urbano que fue conocida como "La Casa del Pueblo", por el tema que hubo con el pan. 



Colas a las puertas de los comercios esperando que lleguen las existencias. 


    A partir del año 1952 se volvió al mercado libre aunque la carencia de víveres continuaba, sobre todo en las grandes ciudades, como Badajoz o Madrid.




la gente en la calle buscando comida. 

         Uno de los industriales locales que, desde siempre, se había dedicado al transporte, fue el empresario Adolfo Fernández. Primero con carros al servicio público y posteriormente con camiones.



Colas. En el pueblo el único despacho de pan que estuvo en la casa que, hace poco, han tirado en el Lutero. 


             Como el negocio iban bien, las empresas de transportes que operaban en las grandes urbes, como Transportes Abajo, colocaron a La Codosera en su hoja de ruta y, dos días a la semana, cargaban en el pueblo, en las dependencias del empresario Carlos Rabazo, situadas en  unas naves que había en la Carretera, donde después estuvo el Bar Apolo. De aquí salian jaulas muy grandes con aves vivas. Gallinas, gallos, pavos, patos y cajas de huevos. Estas últimas eran de madera y en el interior, varias docenas de huevos entra paja, mucha paja,  para que no se rompiesen. Dicen que con este negocio, el contrabando del café, oculto entre la paja,  se complementaban perfectamente para no ser descubierto. 




Cartilla de racionamiento con cupones


               El negocio de la recova iba viento en popa. Por nuestra cercanía con Portugal y por lo fácil que era pasar la frontera, por la cantidad de casas y cortijos que había por los caminos, pues los huevos, al pagarse a mas precio en España, fue uno de los artículos mas demandados. Para ocultarlos, muchas señoras portuguesas se había confeccionado unos depósitos de tela aparentes, especie de vestidos interiores, donde los transportaban, un lugar donde los carabineros no tenían autorización para acceder a registrarlas interiormente, en caso de que las detuviesen por el camino. No podian cachearlas. 

Antigua pensión de Millán García. 

                          

                      Como el negocio iba bien, se correria la voz y de fuera  llegó un empresario  procedente de Cataluña. Conocido como "el Catalán" y mutilado de guerra, pues le faltaba una pierna, el cual comenzó a comercializar los huevos facturándolos por ff.cc. con destino a los mercados madrileños. Otro empresario, Millán García, procedente de San Vicente pero que los huevos los compraba aquí, por lo que  terminó por trasladarse; aquí  abrió una pensión en la plaza de la Iglesia, lo que ahora es la Casa de Beni, y además siguió con el negocio de los huevos. Con menos volumen, hubo negocios locales pero que no exportaron, fueron Telesforo Alvez, Alonso Santos y Ángel del Solar, este último vivía en la casa que  ahora es propiedad de Teresa Caballero. 


Camión igual que el que compraron. 

             El negocio de los huevos no era complicado, pero se necesitaba ser constante, pues las gallinas los ponen diariamente y el primero comprador que llegaba al caserío o,  allí donde los habia,  se los llevaba. Los empresarios comenzaron a manejar dinero, fueron gente importante y tenían sus empleados. Estos, para desplazarse por el campo,  la mayoria utilizaban mulos de carga, colocándoles enciman unas angarillas con paja y, tal como se los entragan , allí los iban depositanto. Tenían sus  rutas establecidas por  los contornos  y además tambien  los compraban en el pueblo a particulares, señoras que tenían las gallinas en sus corrales, que se los vendían Se compraban todos los que llegaban. Dos hermanos, Agustin y Modesto Gómez, dieron un paso adelante y se lanzaron a la aventura del transporte, tan ligada al negocio de la recova, del que ambos eran expertos. Sin dinero suficiente para su proyecto, buscaron socios y, a ellos, se sumaron dos mas.  Entre los cuatros, compraron un camión y lo destinaron al servicio público. Ambos hermanos, juntos con Agustin Barroso Blanco y Francisco Sanchez, conocido como Paco el de la Fábrica, comenzaron su andadura como Transportes FAMA, las iniciales de los cuatro socios.  Instalaron un despacho en Madrid y a llevar a llevar cajas de  huevos a Madrid, donde tenían una persona de confianza. 

             Puesto que ninguno de los cuatro socios tenían carné de conducir, contrataron a aun chofer, a Ramón Macias, un madrileño asentado en el pueblo pero, como era muy lento conduciendo, pues tardaba doce horas en el trayecto hasta Madrid, al poco tiempo contrataron a Benigno, que hacía la ruta en ocho horas. 

               Bueno, ademas de los huevos, el camión tambien estaba autorizado a llevar viajeros, en asientos o bancos corridos,  sentados dentro de la caja del camión. Como todavia no estaba funcionando La Estellesa, eran muchos los viajeros que lo utilizaban. En uno de los trayecto, llevando pasajeros, tuvieron un accidente en el Alto Talabán al chocar con un camión cargado de corderos. Al ir mas personas que las permitidas, ante la llegada de la patrulla de los guardias civiles, algunos se ocultaron, sin darse cuenta que una señora, la suegra de Canuto, había fallecido. Posteriormente cuando fueron a reclamar a la compañía seguradora, ésta no se hizo cargo de la indennización a los familiares de la victima, al no haber hecho constar en el atestado el fallecimiento de la misma, por lo que tuvieron que pagar los socios del camión. 

                 Al cabo de un tiempo, la sociedad se disolvió, pasando a quedarse con las acciones unicamente Agustín Barroso, que continuo con su comercio y además como transportista. Para entonces ya habia varios camiones más en el pueblo y furgones grandes tambien. Los hermanos Agustín y Modesto no dejaron sus negocios de la recova, aunque cada uno con su propia empresa. 



Corral con gallos y gallinas.


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