lunes, 14 de noviembre de 2016

UNA MIRADA DESDE EL CASTILLO

LA CODOSERA. Una mirada a traves de la fotografía.

A veces deambulamos por las calles del pueblo,  absortos en nuestros pensamientos, sin darnos cuenta de la belleza que tenemos a nuestro alrededor.




La Codosera. El pueblo de las tres torres, la del Campanario, la del Santo y la del Reloj.


Sin embargo, cuando en alguna ocasión, hasta nuestras manos llega una fotografía, como esta que os inserto, le solemos prestar atención y perder un momento de nuestro tiempo para analizar cada detalle del lugar que contemplamos. 


La Codosera, año 1950

                                La panorçamica esta tomada en la década de los años cincuenta, la fecha en la cual el fotógrafo captó la instantánea de este bonito pueblo,  La Codosera, la cual vamos a comentar, no el resto de fotografìas que ilustran el preente comentario, y, ¿que es lo que vemos en ella?, nos preguntamos. Si la fotografía fuese en color, diríamos que el verde destacaría sobre los demás. En esta ocasión, al ser en blanco y negro y sus matices, sobre el gris destaca el color blanco de sus fachadas encaladas


La Codosera en la actualidad.


                                A pesar de que en  esta fecha,  el censo superaba los 4.000 habitantes, el casco urbano era muy reducido y por lo tanto un pueblo con una importante densidad de población.

                                     Si la fotografía la estudiamos de arriba a abajo, a la izquierda, en solitario junto al cauce del río Gevora, contemplamos el Cortijo de la familia del Solar y, a la derecha, podemos ver la via que, partiendo desde el pueblo, conocida desde siempre con el nombre de  La Carretera,  pasaba justo, en el Cruce con la carretera de Alburquerue,  junto  al Quiosco de Ramón Macias, cuya imagen tambien se vislumbra.


La Carretera, hoy Avda. Agustin Gómez del Solar. 

Antigua Carretera, hoy calle Ramón y Cajal


               A la izquierda del Quiosco, en pleno campo, observamos la formación de cepas  perfectamente alineadas, correspondientes a la viña de los Brigidines, hoy convertida en una gran urbanización. La carretera llegaba hasta el Paraje del Puente, la zona industrial, donde se encontraban asentadas, desde los primeros años del siglo XIX,  la central eléctrica, la fábrica de harinas, la panaderia, una de la aserradoras de maderas y una moderna almazara. 


Paraje de El Puente

                               Otro  punto que llama nuestra atención es el acceso al  alto donde se ubica el Cementerio, cuyo interior se divisa desde cualquier rincón de la población y, bajando hasta el núcleo urbano, se distinguen casi todas las calles, de las catorce que formaban el conglomerado. Son nombres populares y fáciles de pronunciar. Partiendo desde las laderas del castillo y, siempre buscando la llanura, así se llamaban, la calle Rica, la calle Alta, la calle Ventosa, la calle Nueva, la calle Santa Maria, la calle Cantarrana, la calle Arrabal, la calle de la Luz, (conocida tambien como Las Casitas de Tierra),  con su travesia de igual nombre, la calle Otero, ( nombrada popularmente como El Lutero), la calle de la Fuente y la Carretera. Cuatro plazas o llanos tenía, la plaza Alta, la de la Iglesia, la de la Fuente y la de la Estación del Calvario. Pero además tenía dos barrios, el de San Miguel y el de la Luz, ambos con sus capillas y sus santos correspondientes y junto a ellos, dos ejidos, el del Potril y el de la Luz.


Calle Cantarrana, conocida tambien como del Regato, hoy Primo de Rivera 


                            Entre los edificios que sobresalen, tenemos la fachada del Ayuntamiento en un primer plano y la Torre del Reloj, muy semejante a las que existen en el mundo árabe y, a la derecha la gran fachada de la zapatería de Manuel Gómez, escuela de aprendizaje desde donde salieron los mejores zapateros de la época. Mas a la derecha y ya en  la otra plaza, la fachada de la Iglesia con la espadaña o campanario, sustitución de la Torre original desaparecida en la Guerra de la Independencia, que los portugueses llaman de Restauración, y  que mantuvimos con ello y, a la izquierda del templo, observamos una gran fachada blanca donde estuvo ubicada la delegación del Gobierno o sede de la Policia, cuando el pueblo era puerto seco y aquí se tramitaban los asuntos fronterizos. Y por ultimo, resaltando sobre los demás, la fachada blanca, al final de la calle Cantarrana, el casoplón  propiedad de la familia Rubio-Barroso, deshabitado y en un estado decadente casi de abandono desde hace décadas y en espera de que alguién lo compre (podía ser el Ayuntamiento, (puesto que la propiedad la tiene en venta),  y le devuelva el esplendor que antaño tuvo. 

                           ¿Que más observamos que llame nuestra atención?. La distribución del tejido urbano. Calles largas en paralelo con sus travesias correspondientes y casi en el centro, como obstaculizando el camino, una huerta, la de los Meros y, a la derecha, cruzando la calleja, una gran masa de arboleda sobre una tierra fértil, la Huerta de los Nogales,  de la que dijo el cronista portugués, Aires Varelha, alla por el año 1641,  "Tem aquelha vila uma abundantisima fonte que fertiliza a muitas e agraçadas hortas, que acomodam con regalos aos moradores"