miércoles, 19 de diciembre de 2012

RESEÑAS


                             



                                       RESEÑAS

Amigos.-  Aquí os dejo uno de los comentarios, esta vez publicado en el Diario Hoy,  referentes a mi libro



"La Codosera, un Pueblo con Raíces y Costumbres Rayanas"

por -MANUEL SIMÓN VIOLA MORATO

________________________________________________________________________


"José Luis Olmo Berrocal (La Codosera, 1945) ha dedicado su vida profesional al mundo comercial en el ámbito industrial ocupando puestos de responsabilidad en varias empresas multinacionales.


Tras su jubilación, Olmo Berrocal ha reunido una amplia documentación histórica, testimonial y gráfica (la obra incluye 192 fotografías actuales y antiguas) de La Codosera y su entorno que ahora entrega en este trabajo que, como afirma en el prólogo, no pretende ser un trabajo académico ni un estudio antropológico: “He querido escribir algo entretenido, no de una manera académica, sino más flexible y cercana, con historias y anécdotas agradables explicadas a mi manera”. Pero el resultado supera ampliamente estos modestos propósitos. Dividido en cinco bloques (El entorno, Tradiciones, Fiestas y entretenimientos, Profesiones y oficios y Semblanzas), la obra es un magnífico medio para acercarse al paisaje y al paisanaje de este rincón singular de Extremadura.


Como una guía de viajes pueden leerse los capítulos del primer apartado (El entorno), en el que describe no solo el propio pueblo sino también los caseríos de las proximidades: La Rabaza, La Varse, Bacoco, Pan de Trigo, La tojera, La Vega (la mayor parte de ellos con artículo siguiendo el uso portugués que lo exige ante nombre poopio). Especialmente pintoresco resulta El Marco, español y portugués, separados por el arroyo Abrilongo y unidos por el puente internacional más pequeño del mundo (durante años un pontón de madera de unos dos metros de longitud). Próximos se encuentran asimismo el santuario mariano de la Virgen de Chandavila, los castañares, La Sierra de la Lamparona (con su faro, hoy en desuso) o el río Gévora, nacido en Portugal, en la Sierra de San Mamede, que fluye por el término entre alisos que mantienen sus aguas frías hasta el punto de que es el único río truchero de la provincia de Badajoz y permite la formación de unas extraordinarias piscinas naturales a imitación de las que pueden verse en el río Sever en Pontazgo, cerca de Marvao.


Al perfil del estudio antropológico se aproximan los capítulos del segundo y tercer bloque. Es cierto que muchas de las tradiciones y fiestas que recoge son comunes a otros entornos rurales de Extremadura, pero la mayoría presentan rasgos específicos: los mayos (una celebración pagana y satírica), la dúa (la explotación comunal de ganadería porcina), las mariquillas (coplas humorísticas que se cantaban por la noche cerca de la vivienda de las parejas que vivían juntos sin pasar por el altar), las campanillas (toda la población la madrugada del domingo de Resurrección acude a la iglesia con campanillas y cencerros y salen en procesión en medio de un estruendo ensordecedor), una costumbre que ha contrariado a varios párrocos.


Los capítulos de “Profesiones y oficios” y de “Semblanzas” pueden leerse como estampas costumbristas que nos hablan de la lucha por la supervivencia de estas áreas periféricas en los años difíciles. Y es que la frontera más antigua de Europa nunca supuso un muro entre Portugal y España; al contrario, imantó a la población de ambos lados, atrajo a personas menesterosas por la posibilidad de ganancias rápidas, como es el caso de los mochileros organizados en cuadrillas al mando de un manijero, que cobraban según el peso que podían portar de café “torrado a la española” (elaborado en Arronches, La Esperanza, Campomaior, Elvas…) huyendo siempre de guardinhas (menos peligrosos pues solían estar “tocados” por los empresarios), carabineros y guardia civiles.


El estraperlo funcionó mientras hubo cartillas de racionamiento (entre 1940 y 1952) y fue la respuesta a la requisa de alimentos que las autoridades impusieron tras la guerra civil. Los campesinos trataron de ocultar y vender en el “mercado libre” sus productos: trigo, pan, aceite…, perseguidos por la temida fiscalía de tasas, un servicio de inspección fiscal que trataba de impedir que los productos fueran vendidos en el mercado negro (en donde se llegaba a pagar hasta siete veces más). Era preciso, por tanto, ocultar parte de las cosechas, esconder el ganado en el monte, moler el grano de noche en varios molinos, prensar la aceituna en casa…


El resultado es una obra diversa, amable con el lector, en que no faltan, en fin, alusiones a las peculiaridades lingüísticas de esta franja mestiza y bilingüe en que a los hombres y mujeres la vida les enseñó desde niños a callarse en dos idiomas".



LA CODOSERA "Un pueblo con raíces y costumbres rayanas"


José Luis Olmo Berrocal


Badajoz, Tajo-Guadiana A. G., 2012, 245 págs.


Prólogo de Manuel Vilés Piris, alcalde de La Codosera y Diputado Provincial.