lunes, 6 de mayo de 2013

Los mayos




 
 
 
Como cada año,  el día primero de este mes, acabamos de celebrar en el pueblo la que tradicionalmente es conocida como  la Fiesta de los Mayos, una tradición que, por suerte,  no se ha perdido pero que en los últimos años ha sufrido algunas modificaciones en su carácter orgiástico.



Así hemos pasado de representar escenas donde el fin principal era festejar la llegada de la primavera y la germinación de los campos, utilizando a la mujer en edad de procrear junto a su pareja, a exponer otro tipo de muñecos representando acontecimientos  de nuestra sociedad actual.  

 

 

La festividad de los Mayos, también conocida por Festa dos Maios en los pueblos situados de la Raya para allá, es una fiesta popular. Sus orígenes son tan arcaicos como paganos, y se remontan a antiguas civilizaciones, dándonos una idea de la cantidad de años  que tiene nuestro pueblo. Los fenicios y los griegos fueron los primeros que manifestaron su adoración a los dioses y lo que esto significaba de exaltación para acontecimientos que para ellos tenían importancia. La fiesta mayumea fenicia exaltaba la primavera. Esta tradición fue asimilada por los romanos  en su adoración y culto a multitud de dioses. Todo poblado romano tenía además de sus dioses oficiales los propios autóctonos.


Seguramente esta tradición sufrió variación con la llegada de los árabes a nuestra región y posteriormente el Cristianismo ha asimilado multitud de fiestas paganas que se profesaban con anterioridad a su implantación en fiestas religiosas. En años anteriores, al ser una fiesta pagana, recibió las críticas por parte de la Iglesia católica  en no pocas ocasiones.

 

En los años posteriores a nuestra Guerra Civil, el poder civil fue incapaz de impedir que en los barrios más humildes del pueblo se colocaran junto a los portales de sus viviendas parejas de muñecos de trapos con sus viejas ropas rellenas de paja, representando a parejas de jóvenes enamorados en edad de procrear.

 

Lo cierto es que, con anterioridad, el carácter trascendental de tales rituales, que siempre acusaban algo de orgiástico, por lo que implicaban de celebración la llegada de la primavera, el rejuvenecimiento de los campos, el renacimiento de la vegetación y en la incitación tácita o ambiental a la fertilidad de la mujer, ha propiciado su implantación universal al par que la supervivencia a los largo de los tiempos.

 
 


La pareja de muñecos, a las que se les llama “Mayos”, en cada ocasión, eran elaborados manualmente y, desde primeras horas de la mañana,  expuestos sentados  en los soportales de las viviendas que se sumaban a la fiesta.  Mujeres y hombres representados, ellas y ellos con caras pintadas sobre un trapo blanco. Labios provocativos y miradas atrevidas en las féminas, madurez y sonrisas en los varones incitaban a los visitantes a muchos y variados comentarios. En esta época de nuestra historia,  en la que a las mujeres no les era permitido enseñar sus partes íntimas, a las “mayas” se les veía con el vestido arremangado enseñando todos sus encantos, mientras que el hombre se presentaba como un ser varonil con sus atributos al descubierto en forma de una mazorca de maíz sin descamisar.