domingo, 7 de diciembre de 2014

LA CALLE DEL REGATO.









LA CODOSERA.- CALLES CON HISTORIA.  LA CALLE DEL REGATO.





Paraje del "Molino"




La Codosera en fiestas.

 El agua es un bien natural que los codoseranos desde tiempos remotos han sabido valorar y sacarle provecho para obtener notables  beneficios al poner en valor sus tierras de labor más productivas. En La Codosera el agua es algo normal verla correr por sus campos y, hasta hace algunas décadas, también por sus calles. En la actualidad el agua en este pueblo contribuye al bienestar de naturales y forasteros gracias a las instalaciones deportivas y recreativas creadas en los aledaños del río principal,  como atractivos turísticos. 



La Codosera. Piscinas naturales en el Gévora.

A partir de los años sesenta muchas familias de aquí emigraron. Fueron tantas que algunas calles se quedaron casi sin vecinos.  Por este motivo y durante un tiempo era frecuente ver algunas puertas y ventanas cerradas, sin vida en su interior, hasta que los que marcharon  decidieron venderlas y con ello comenzaron a llegar otras familias diferentes, muchas de ellas procedentes de los caseríos y casas aisladas diseminadas por la campiña cercana a la frontera con Portugal.


La calle del Regato vista desde la plaza

Por entonces,  las calles eran conocidas por nombres diferentes a los que hoy figuran en los rótulos de cerámicas que el Ayuntamiento ha mandado colocar en cada esquina. En una de ellas, los vecinos no vivían en la calle General Primo de Rivera, por ejemplo. No. Vivían en la calle del Regato.


Calle conocida como del "Regato".


Por donde terminan los coches aparcados, cruzaba el regato.

Esta calle era la más importante de todas. La que partiendo desde la plaza de la Iglesia, junto a la del Ayuntamiento, el lugar donde se asentaban los principales bares y comercios, algunos talleres artesanos,el cuartel de los carabineros, la estafeta de correos y el casino del pueblo, entre otros,  y además, en mitad de la calle, un regato de agua que, procedente de la  sobrante de la fuente principal, mantenía un caudal  al aire libre, constante las veinticuatro horas del día, que cruzaban casi saltando niños y mayores, y no por hacerlo nadie protestaba. 


Trampilla con acceso al Regato, hoy encauzado bajo el pavimiento.

Era ésta una calle empedrada, como casi todas, sin apenas acerados. Escasas lanchas de pizarra grisácea, colocadas irregularmente a voluntad de los propietarios, y algún que otro trozo encementado, aparecían salpicados a lo largo del recorrido. 

Portón de Manuel Tojera


Antes de abandonar las calles del pueblo un ramal del regato se adentraba por la parte de atrás en los corrales de esta casa que aparece en al foto, propiedad del señor Manuel Tojera, donde regaba el jardín y desde aquí, saliendo hacia la calle Arrabal, continuaba calle abajo para dirigirse a la huerta de los Mero, ya próxima a la callejina de los Nogales.


La Fuente.


 Una de las viviendas cercanas al regato era la de Julio Barroso Palacín. Apenas tres portales más arriba estaba situada su casa, y fue precisamente gracias a este regato cuando en los años cincuenta se pudo sofocar un pequeño conato de incendio ocurrido en su casa. El mayor de sus hijos, estudiante por entonces, sin permiso de sus padres, fumaba a escondidas en su habitación. La llegada inesperada de alguien le hizo esconder el pitillo encendido en uno de los bolsillos de su chaqueta y al poco tiempo colgarla en el armario creyéndolo apagado. No fue asi y al poco rato las llamas prendían en el resto de la ropa allí colgada. Las vecinas se movilizaron y, unos con cubos y otros con cualquier recipiente, corrieron al regato a por agua con la que lograron solucionar aquel grave problema.


El la planta de arriba estuvo situado el Casino.


El agua del regato de la fuente antes de atravesar  la calleja de San Miguel.

Con una extensión de su caudal,  aproximadamente  más de un kilómetro, el regato, una vez que recorría parte del casco urbano, donde nadaban  gansos y patos y bebían el resto de animales y otras aves  de corral sueltos por las calles,  tal como narra en el siglo XVII el cronista portugués Aires Varelha, el agua de esta fuente era la joya del pueblo y gracias a ella se regaba una gran huerta cercana a la población donde se cultivaban excelentes hortalizas. “Tem aquelha vila uma abundantísima fonte que fertiliza a muytas e agraçadas hortas que acomodam con regalo aos moradores”.  La gran huerta ha de referirse a lo que en la actualidad son las tierras de regadío, situadas en lo que fue la Calleja de los Nogales, extendiéndose hasta las proximidades del Potril y cercanas a las parcelas lindantes con el rió Gévora.



Casas reformadas en la misma calle. Antiguo Bar Farrangalla